En febrero de 2021 publicamos en este mismo espacio un Blog dedicado a un producto lujoso y rabiosamente innovador que definimos con expresiones tan elocuentes como “La mejor caja acústica jamás creada por Wharfedale”, “Fruto de una herencia legendaria de casi 90 años”, “Tecnología, construcción y acabados sin precedentes a su nivel de precio” o “Redefiniendo el término relación calidad/precio en cajas acústicas High End”. Hacíamos referencia a la columna Elysian 4, buque insignia de una serie rompedora que a su vez se situaba en la élite de la compañía fundada por Gilbert Briggs en 1932 y que, desde que salió al mercado, ha gozado de un éxito comercial sin precedentes entre las realizaciones de su categoría.

Más de un lustro ha tenido que transcurrir para que el equipo de ingenieros liderado por el prestigioso Peter Comeau se haya decidido a, repitiendo el tópico, “superar lo aparentemente insuperable” para que el nombre Elysian continúe siendo la máxima expresión del saber hacer de Wharfedale. Dicho y hecho en la flamante Serie Elysian R, cuyo modelo “top”, el sistema de altavoces de suelo Elysian 4R, protagoniza las líneas que siguen, demostrando con brillantez una de las máximas del audio High End: el efecto que el conocimiento profundo de la ingeniería que hay detrás de un determinado concepto puede tener en la mejora real, perceptible, de sus prestaciones sonoras.
Pequeñas mejoras en elementos críticos: una filosofía irrenunciable en Wharfedale
Cuando una marca controla cada uno de los aspectos que definen sus creaciones, está en condiciones no sólo de optimizar el resultado final sino también, a modo de “beneficio colateral”, de establecer las bases para futuros cambios susceptibles de ser incorporados al calor del progreso tecnológico, léase en componentes, materiales y calidad y/o técnicas de fabricación. En el caso concreto de Wharfedale, esta filosofía de trabajo se aplica al diseño y la ejecución de los elementos que configuran una caja acústica, léase transductores (altavoces), filtro divisor de frecuencias y recinto. Se trata de únicamente tres elementos, cierto, aunque nadie debe llevarse a engaño, ya que el margen disponible para introducir refinamientos es brutal, en particular si se dispone de recursos humanos y materiales en abundancia complementados por una experiencia única.

Lógicamente, cuando se revisa a fondo un modelo de élite, las empresas son reacias a dar detalles excesivamente explícitos. No obstante, cuando ese control al que nos referíamos en líneas anteriores existe de verdad es posible que nos den algunas pistas. De ahí que de las renovadas Elysian sepamos que se han añadido cambios en partes tan sensibles como el diafragma de los altavoces de agudos y medios o la topología y ejecución de la circuitería de filtrado. Y, por supuesto, sin descuidar la estructura interna del recinto, que, recordémoslo, tiene por misión hacer que los transductores se dediquen al 100% a reproducir la señal musical tal y como es enviada por la fuente de audio y, en consecuencia, impedir que se vea afectada, aunque sea mínimamente, por perturbaciones debidas a una gestión imperfecta de vibraciones o resonancias, particularmente nocivas a niveles de volumen elevados.
Elysian 4R: reimaginando el buque insignia de Wharfedale
Visualmente idéntica a su predecesora, la reputada Elysian 4, la protagonista del presente Blog nace, al igual que la totalidad de la gama a la que pertenece, con el objetivo de redefinir las expectativas de lo que una caja acústica High End debería ser capaz de ofrecer, combinando para ello ingeniería sin compromiso, artesanía exquisita y un sonido expresivo e inmersivo. De ahí que la Elysian 4R deba ser considerada una disciplinada evolución de una realización ya de por sí excepcional, habiéndose revisado a fondo cada uno de los elementos que la constituyen, desde los parámetros de los altavoces y la configuración de la circuitería de filtrado hasta el comportamiento del recinto y la integridad de los materiales, para obtener el no va más en precisión, transparencia y realismo musical en el contexto de un sistema de altavoces verdaderamente aristocrático.

Entrando en los detalles de ingeniería de la Elysian 4R, hay que apuntar en primer lugar un tweeter con tecnología AMT (“Air Motion Transformer”) actualizado, gracias a la incorporación de un diafragma ultraligero de PET y una cámara posterior amortiguada acústicamente, resultando de ello unos agudos todavía más abiertos, definidos, ágiles y naturales. Por su parte, el altavoz de medios es fruto de una estudiada revisión del modelo con cono de fibras de vidrio entrelazadas, de baja masa y alta rigidez de Wharfedale, utilizado en la Elysian 4. Así, se ha añadido un anillo de aluminio que optimiza la gestión de la distorsión, a la vez que una tapeta hecha a medida contribuye a uniformizar la dispersión y linealizar la respuesta.

En lo que concierne a las octavas inferiores del espectro, su reproducción es confiada a dos woofers equipados con conos de composición idéntica al del transductor de medios y 220 mm de diámetro, cuyas posibilidades operativas son expandidas por motores magnéticos de última generación que aumentan la linealidad. Junto a uno de los efectivos y versátiles puertos bass-reflex ranurados SLPP (“Slot-Loaded Profiled Port”) de la firma británica, ahora modificados para maximizar la eficiencia, la Elysian 4R exhibe unos graves magníficamente articulados en frecuencias del orden de 30 Hz. Otro subsistema crítico, el filtro divisor de frecuencias, brilla por una ejecución con dispositivos seleccionados minuciosamente por su transparencia.

En concreto, bobinas con núcleo de hierro y silicio en la sección de graves (que aportan baja resistencia en continua y hacen que el amplificador asociado pueda ejercer un mayor control sobre los conos de altavoces) y bobinas con núcleo de aire en las secciones de medios y agudos, todo ello complementado con el uso de resistencias de baja inductancia y condensadores de polipropileno de grado audiófilo en la totalidad del trayecto recorrido por la señal de audio. Además, todos estos elementos están montados en placas con rutas minimizadas, al tiempo que las uniones a los transductores son confiadas a cables con conductores de cobre de alta pureza (LC-OFC) y dieléctrico de PET. La Elysian 4R se beneficia asimismo de avances en los procesos de fabricación que influyen directamente en su funcionamiento, desde tolerancias de fabricación más ajustadas a técnicas de construcción de los recintos (concepto PROS, siglas de “Panel Resonance Optimisation System”), que permiten reducir las resonancias y las fugas de energía.
El sonido: una tímbrica globalmente más depurada
Puesto que las especificaciones técnicas de las Elysian 4R son exactamente las mismas que las de su predecesora, podemos deducir, que, al menos sobre el papel, estamos ante una caja acústica relativamente fácil de atacar, siempre teniendo en cuenta que a menudo “la sala manda” y que siempre va bien ir sobrados de potencia. Con estas premisas, probamos las Wharfedale con la magnífica electrónica “todo en uno” (amplificador integrado estereofónico+streamer) de RS520 de HiFi ROSE y cableado a cargo de In-Akustik.

Calidez, organicidad si quieren, es el primer término que cabe asociar al sonido de estas bellas columnas, gracias a una zona alta expresiva y detallada que rehúye la analiticidad exagerada de no pocos sistemas de altavoces, High End incluidos. En paralelo, la sensación de continuidad tonal de los agudos con el resto de gamas de frecuencias del espectro convierte a las Elysian en un genuino todoterreno, léase en igual de aptas para reproducir música clásica, jazz, rock clásico y tecno. Y además preservando al cien por cien el equilibrio tímbrico y las características dinámicas de cada pieza, sea cual sea el nivel de volumen al que la escuchemos. En definitiva, es fácil afirmar que la Elysian 4R recoge con autoridad el testigo de la Elysian 4 para convertirse en un paradigma de relación calidad/precio para cajas acústicas High End.