Lujo alemán al servicio de la musicalidad sin limitaciones

Es el presente blog un tanto especial por cuanto su protagonista es por vez primera una fuente analógica de referencia . Para ser exactos, un giradiscos pensado para que el siempre fascinante y siempre pendiente de redescubrir disco de vinilo pueda expresarse con esos niveles de emoción y riqueza que le han permitido superar con nota el permanente empuje del audio digital en todas sus versiones.
Lo firma Transrotor, a su vez una empresa alemana que refleja como pocas la enorme pasión por la tecnología dedicada a la reproducción de la música existente en el que sin duda es el más “musical” de los grandes países europeos. Una pasión reforzada en este caso por un plus que los aficionados más exigentes y perfeccionistas valoran especialmente: una componente eminentemente personal y artesanal –cortesía del legendario Dr. Räke, fundador de Transrotor, y de su comprometido equipo, dirigido en la actualidad por Dirk Räke, su hijo- que hace que cada producto de la compañía, desde el modelo más sencillo hasta el más elaborado, sea poco menos que una obra de arte.
El más genuino espíritu alemán
Siempre nos gusta hablar del equilibrio, a veces inexistente, entre y forma y función cuando hablamos de cualquiera de los productos que representamos. Como amantes de de la música con mayúsculas y del sonido absoluto que somos, insistimos en que la forma siempre debe estar al servicio de la función, lo que no impide que valoremos la belleza en sí como un valor añadido para un tipo de producto que, no hay que olvidarlo, suele estar a la vista –cuando no ocupar un lugar predominante- en lugares clave de muchos espacios vitales. Con el ZET 3 –y, de hecho, con cualquier giradiscos de Transrotor- la forma es sencillamente deslumbrante, casi sexual, por el irresistible atractivo que despierta en cualquier persona medianamente sensible… incluso si desconoce la existencia de giradiscos en nuestra actual era de Internet. Estamos, justo es reconocerlo, y sin querer abusar de la frase hecha, ante un auténtico objeto de deseo: terminaciones cromadas, curvas sensuales, diseño agresivo, contundencia física… en suma, la imaginación al poder aplicada a un producto cuyo “único” cometido debería ser la lectura de un disco de vinilo con la velocidad adecuada y sin interferencias.

Y así llegamos a la función, auténtica esencia del ZET 3. Para empezar, tenemos una estructura organizada en varios bloques que tiene por objeto añadir masa, y por tanto inercia en la rotación por un lado y capacidad de absorción de vibraciones (de todo tipo, incluso las que puedan proceden de los altavoces de nuestras cajas acústicas) por otro. El plato, por su parte, es una versión mejorada de un diseño anteriormente utilizado por Transrotor. Tiene 7 centímetros de grosor y está fabricado en una estructura sándwich aluminio (3 mm de grosor) revestido en ambas caras por material acrílico, lo que en combinación con un chasis de material sintético (también acrílico por más señas) permite disponer de una solución infalible para el control de coloraciones y resonancias: la mezcla de materiales con propiedades muy diferentes que, debidamente mezclados, logra una eficaz evacuación de posibles vibraciones sobrantes… un poco –a nivel conceptual se trata de lo mismo- a la manera de lo que hace un cable de masa con la “porquería eléctrica” susceptible de colarse en la señal de audio. Evidentemente, tanta masa necesita ser movida de una manera enérgica, motivo por el que el ZET 3 utiliza nada menos que dos motores para hacer girar ese plato de 12 kilos a la velocidad adecuada. Dos motores dispuestos simétricamente con respecto al chasis y montados en sendos bloques bellamente mecanizados de los que únicamente sobresalen, y además limpiamente, dos poleas que montan las respectivas correas de arrastre. Transrotor ofrece la opción de utilizar una fuente de alimentación opcional para dar más “brío” a estos dos motores, una opción lógicamente recomendable para quienes buscan la perfección: la Konstant M2 Reference es en este sentido una opción excelente. Y si alguien tiene dudas sobre la oportunidad de utilizar los motores, la manera más fácil de salirse de dudas es evaluar el sonido trabajando con un único motor. El ZET 3 también ofrece la opción de montar dos brazos –algo que gusta mucho en países como Japón- con sus respectivas cápsulas, una manera práctica de tener a nuestro alcance dos estéticas sonoras que pueden llegar a ser muy distintas a partir de una misma fuente.
Un sonido fluido que conecta con la esencia de cada composición
Equipado con una cápsula Sumiko Black Bird –una maravilla de la ingeniería mecánica japonesa al servicio de la música que obra maravillas con cualquier fuente analógica de prestigio- con sus buenas horas de rodaje, el ZET 3 fascina ya sólo con ponerlo en marcha. Alimentándolo con algunas de nuestras grabaciones favoritas –firmadas por sellos como Esoteric, interpretadas por leyendas como Harry Belafonte- el Transrotor revela las intimidades de los surcos de los discs de vinilo con una autoridad y una precisión incomparables, hasta el punto de que parámetros como la dinámica alcanzan una energía comparable a la de los mejores registros digitales con calidad de estudio… con el aporte único de la calidez que caracteriza a las tomas de sonido analógicas debidamente realizadas.

Los graves son perfectos, inapelables, tanto por su profundidad como por su firmeza, con una pegada que combina el empuje digital con la humanidad analógica. Los agudos, líquidos en su textura infinitamente rica, y las voces, libres en todo momento del carácter sesgado que les a menudo les imprime la tecnología digital, configuran una presentación de la música en la que la emoción aparece en todo momento cogida de la mano con la capacidad de discriminación quirúrgica y la presentación espacial tridimensional –tanto en estructura como en dimensiones- que esperamos de una fuente de referencia absoluta. Es el ZET 3 una máquina maravillosa cuyo temperamento sonoro –que, lo repetimos de nuevo, admite un sinnúmero de matices en función de la cápsula, el brazo, la fuente de alimentación y el previo de fono utilizados- resulta tan carismático que incluso hace sombra a su belleza intemporal.