Una potente fusión de arte y tecnología
No es nada fácil no dejarse impresionar por un giradiscos de altos vuelos cuando de verdad lo tenemos delante en compañía de un equipo a su altura. Y menos aún si el producto en cuestión es fruto del talento de alguien tan brillante y respetado como Jochen Räke, alma mater de la firma alemana Transrotor. Herr Räke es una fuente inagotable de soluciones ingeniosas que aplicadas bien sea en su máxima y más deslumbrantemente sofisticada expresión, bien en un ejercicio de síntesis minimalista ejemplar, saben marcar la diferencia en un segmento del mercado en el que nunca se puede decir que todo ha sido ya inventado.
Decíamos “en su máxima y más deslumbrantemente sofisticada expresión”, unas palabras en este caso nada vacías de contenido por cuanto tienen una materialización inapelable en su capacidad de fascinación y asombro: el modelo Artus, buque insignia de la ilustre familia de giradiscos de Transrotor y una de las actuales fuentes absolutas en materia de lectura de vinilos, amén de uno de los productos de su clase más bellos, complejos y musicales jamás creados. El principal mérito del equipo dirigido por Jochen Räke es haber conseguido que el dominio absoluto de la mecánica de precisión, la hidráulica –versión magnética incluida- y la técnica de los materiales se haya trasladado gradualmente a un elenco de modelos que, lejos de repetirse a sí mismos en lo conceptual e incluso en lo visual, saben aportar su particular granito de arena a la perfecta reproducción de la música. Una reproducción a través de un soporte que no para de sorprendernos por su potencial sonoro, a su vez fruto de una fragilidad y una imperfección intrínsecas que, lejos de limitarlo, lo convierten en un auténtico desafío. En consecuencia, esta semana dedicamos esta sección a un modelo que, aún siendo sencillo y asequible para los parámetros de la marca alemana, refleja espléndidamente su esencia en lo conceptual, en lo formal y en lo sonoro: el Rossini 25/60.
El punto de partida en lectura
de vinilos… según la visión de Transrotor
Nada de complejos puzles de elementos cromados minuciosamente combinados para conseguir un perfecto equilibrado dinámico y una rotación ultraestable a la velocidad precisa, ni de exhibiciones de tecnología de vanguardia en lo mecánico ni en lo electrónico. En el Transrotor Rossini 25/60 la percepción inicial, y la que se mantiene, es la de un precioso minimalismo que le proporciona un toque atemporal con el que muchos aficionados, incluso aquellos que “viven” fuera del ámbito del High End, se sentirán muy a gusto. Estamos ante un giradiscos de una belleza singular, muy limpia y en cierto modo intencionadamente discreta, que refleja magníficamente los parámetros filosóficos que desde siempre han regido en Transrotor: gusto por los materiales y componentes de alta calidad, generosidad en las medidas y toque lujoso en el diseño final.
Insistimos: pocos misterios pero, a la vez, un Transrotor de pura cepa. De entrada, un chasis de metacrilato transparente de 25 mm de grosor impecablemente mecanizado, lo que por otro lado no constituye ninguna novedad en la firma germana. A continuación un bloque motor “incrustado” en dicho chasis haciendo las funciones de cuarto “pie” y en cuya zona superior encontramos la polea a la que deberemos acceder para pasar de 33 a 45 rpm y un sencillo botón de arranque. El citado bloque es completamente metálico, con la inconfundible terminación cromada que constituye uno de los sellos de identidad de Transrotor, a juego con los tres pies de sustentación. El motor propiamente dicho, de tipo síncrono, es un robusto diseño de bajo par (a los puristas del sonido un arranque rápido no les interesa en demasía… esto lo dejamos más bien para las discotecas). También metálico es el fijador –“clamper”- del disco, cuyo peso ha sido calculado para que no afecte a la velocidad de rotación. Y metálico es, de 10 kilos para ser exacto, el plato propiamente dicho, que por otro lado es arrastrado por una correa cuya composición es fruto de años y años de experiencia con el fin de evitar las distensiones que acaban afectando a la precisión de la velocidad de giro. Puestos a comparar con otros productos que también nos resultan muy familiares, bien podría asimilarse el Rossini 25/60 a uno de los populares giradiscos de Pro-Ject pero en plan superlujo. Y es que en el Transrotor la idea de minimalismo sofisticado, por llamarlo de algún modo, se lleva hasta el extremo.
Incluso el brazo de lectura, fabricado a medida para el Rossini 25/60, lleva la impronta de la misma filosofía, utilizándose en este caso un diseño ligeramente en “S” (modelo 800-S para ser exactos) que, como es bien sabido, permite conseguir un equilibrio dinámico muy bueno por un precio razonable. Lógicamente, también la cápsula fonocaptora que el Transrotor monta de serie, de nombre MM 2200, ha sido hecha a medida para que la sinergia con el citado brazo sea perfecta, aunque aquí ya adelantamos que caben otras opciones, empezando por la sustitución de la misma por su superior versión con bobina móvil (MC) o incluso modelos de otras marcas (van den Hul, Sumiko). En total, poco más de 20 preciosos kilos de mecánica de precisión bellamente presentada al servicio de la inconfundible magia sonora del vinilo. Un producto que, por otro lado, posee un toque de exclusividad que va más allá de su parte objetiva.
Un sonido nada minimalista
Para evaluar el Transrotor Rossini 25/60 lo combinamos con dos componentes de espíritu marcadamente “melómano/purista”, en concreto, el amplificador integrado a válvulas Audio Research VSi75 y las muy clasicistas y aristocráticas Tannoy Turnberry. Como previo de fono elegimos el impresionante y versátil –a la vez que de espectacular relación calidad/precio- Phono Box RS de Pro-Ject/Box Design, mientras que para las conexiones optamos por la habitual solvencia de van den Hul, con mención especial para el fabuloso The Inspiration Hybrid en el caso de las cajas acústicas.
Tanto con piezas orquestales complejas (Mahler), como sencillas (cuartetos de cuerda), temas de jazz (nuestro siempre actual “Jazz at the Pawnshop”) o voces individuales o colectivas, el Rossini 25/60 es un giradiscos que sorprende por su agilidad, con una zona media del espectro perfectamente integrada en el contexto de unos agudos impolutos y unos graves generosos que, gracias a una construcción robusta y masiva, expresan magistralmente la esencia de la música. Por su parte, la zona alta del espectro desprende elegancia por los cuatro costados, en particular una rapidez en la respuesta que fascina por cuanto incluso a niveles de volumen muy elevados mantiene incorrupta una calidez y un nivel de neutralidad tonal/analiticidad que creíamos exclusivos en la escucha a niveles medios/bajos. ¿Y la dinámica? El Transrotor es en este aspecto una fuente muy neutral y por tanto que se adapta perfectamente a la electrónica y las cajas que lo acompañan. En nuestro caso, la presentación sonora es más intimista que espectacular y por lo tanto el equilibrio espacial y tonal impone su ley. Pero en otro tipo de combinaciones y en otras circunstancias el Rossini 25/60 podría exhibir un sonido más nervioso y “cañero”… cuestión de gustos. De ahí que estemos ante una fuente muy completa por cuanto combina fuerza, resolución y apertura a partes iguales… todo ello sin olvidar su indiscutible aplomo, su punto elitista y su excepcional belleza plástica.



