Sonus faber Olympica
Fecha 31 Octubre 2013 Autor Juan Tags Sonus Faber

 

Un homenaje apasionado al arte con mayúsculas
 

Sí, Sonus faber pertenece –apoyada por indiscutibles méritos propios- al que podríamos llamar “núcleo duro” de la Alta Fidelidad y el High End. Quizá porque ya en su origen la pasión por la música y por su reproducción natural, pura, con la máxima expresividad estaba inscrita en su ADN. También porque desde el primer momento supo dotar de una estética única y endiabladamente seductora a unos productos creados a partir de una mezcla única –que luego ha sido imitada hasta la saciedad- de obsesión por los mejores materiales, tecnología bien entendida y afinado final a oído. Y así año tras año, modelo tras modelo, durante más de tres décadas para satisfacer a varias generaciones de amantes del alma musical del sonido, ya fuera éste estereofónico o multicanal/para Cine en Casa.

Llegados a este punto, parece lógico pensar que la firma de Arcugnano, en pleno nordeste italiano, muy cerca de la laboriosa Vicenza (situada a su vez a unas pocas decenas de kilómetros de la sin par Venecia) se acomodara plácidamente a una operativa que la ha hecho ser deseada y respetada en todo el mundo.Pero no, no ha sido así: un cambio en la propiedad de la empresa hizo posible una vuelta de tuerca más en un contexto de búsqueda de la excelencia sin paliativos que se materializó en la introducción, en la particular ecuación de Sonus faber, de un espíritu rompedor en material de concepto y de tecnología, todo ello manteniendo intacto la esencia de la marca.

Con esta premisa nació la formidable The Sonus faber, una de las cajas acústicas más rabiosamente innovadoras de los últimos años y, con un espíritu en algunos aspectos incluso más transgresor todavía, la  igualmente bellísima y musicalmente imponente Aida. Un esfuerzo con pocos precedentes en el mundo del audio que pedía a gritos ser trasladado a una galaxia menos exclusiva para que lo pudiese disfrutar un número mucho más amplio de amantes de la música. Una galaxia llegó hace unos meses en la forma de la gama de cajas acústicas Olympica, cuyo modelo intermedio, la columna Olympica II fue objeto de una evaluación–más bien disfrute- en profundidad en nuestras instalacionesque queremos compartimos con ustedes en el presente blog.

 

Teatro Olimpico de Vicenza: El texto en su contexto
 

De la serie Olympica II habría que saber antes que nada que ha sido creada en homenaje al bellísimo mítico Teatro Olimpico de Vicenza, obra del genial arquitecto Andrea Palladio y descrito por el no menos genial hombre de letras alemán Goethe en su mítico “Viaje a Italia” (1786) como “…un teatro de la vieja escuela, pero pequeño en sus proporciones e indescriptiblemente bello…”. Un teatro que, en palabras de los entendidos en la materia, representa la quintaesencia del diseño armonioso, las proporciones y la sensibilidad; una búsqueda de la belleza, la capacidad de asombrar, los materiales exquisitos y las mociones; un templo de perfección geométrica en la voz de la música, un navío en el que el sonido se expande sin costuras como un ejemplar patrón de referencia de la expresión acústica. Con estas premisas, parecen más que convincentes las palabras de Sonus faber cuando afirma que su nueva familia de cajas acústicas es una propuesta que tiene como misión comunicar el amor y la pasión por la música que caracterizan a la marca, una propuesta en la que se busca el equilibrio entre diseño atemporal e innovación tecnológica, combinando modernidad con los clásicos cánones estéticos de la firma italiana. En síntesis, un nuevo reto a la altura de los más grandes que tiene por objetivo “democratizar” las brillantes soluciones técnicas y estéticas que hicieron posible los antes citados modelos The Sonus faber y Aida.

 

Distinguida, polivalente y sofisticada
 

Decir que la Olympica II es una preciosidad no aporta nada a la descripción de un producto firmado por una marca que, como no nos cansamos de decir, ha hecho de la belleza plástica uno de sus signos de identidad. Observada de cerca, la Olympica II pude asimilarse fácilmente a la elitista Amati futura, primera beneficiaria de algunas de las ideas que hicieron posible la The Sonus faber. Lo que tenemos es una columna de dimensiones intermedias cuyo recinto está basado en el uso de nogal natural, con placas sólidas de dicho material en los paneles superior (a su vez está forrado, al igual que los paneles frontal y posterior, con piel de alta calidad) e inferior.
Más importante es la geometría empleada, que combina elementos importados del modelo Aida con la tradicional forma de lira utilizada de manera intensiva por Sonus faber, siendo la característica más destacada la asimetría del recinto, introducida por vez primera por la marca italiana y que tiene por objeto reducir las resonancias internas mediante la eliminación de todas las superficies paralelas a la vez que acomodar un nuevo y revolucionario sistema bass-reflex. Diseñado para garantizar una velocidad de respuesta excepcional en la articulación y extensión de las frecuencias más bajas del espectro, dicho sistema parte de conceptos relacionados con la gestión aerodinámica del flujo laminar que datan de la Edad de Oro de la Alta Fidelidad y los combina con elementos altamente innovadores puestos a punto por Sonus faber, caso del esquema “Stealth Reflex”.
Así, la Olympica II combina un puerto trasero de forma hiperbólica con puertos laterales –y por lo tanto un flujo de aire vertical y uno laminar- lo que nos permite afinar la respuesta engraves con una precisión extrema en función de nuestros gustos personales y las características de la sala de escucha.
Del recinto pasamos a los transductores, tres en total para un diseño de 3 vías y que, como es norma en Sonus faber, han sido diseñados específicamente para la serie Olympica, con chasis de fundición ultramodernos que combinan alta rigidez con transparencia acústica. El tweeter es un diseño de 29 mm con tecnología DAD (“Damped Apex Dome”/Cúpula de Apex Amortiguada, una síntesis de cúpula clásica y transductor anular) derivado del modelo Aida mientras que el altavoz de medios (de 150 mm de diámetro) utiliza un cono fabricado en un compuesto exclusivo de celulosa, kapok y kenaf y el woofer (180 mm de diámetro) incorpora un cono de estructura sándwich que combina un núcleo de espuma sintética de alta rigidez y dos láminas de pulpa de celulosa. Es importante destacar la obsesión de los creadores de la Olympica II –un equipo liderado por Paolo Tezzon y Livio Cucuzza- en su búsqueda de un comportamiento lo más lineal posible para los tres altavoces mencionados, como lo demuestra el uso de soluciones tan astutas y “high tech” como el triple sistema de anillos de Kellog/Goeller en el motor magnético del transductor de medios o las generosas bobinas móviles de 1’5” (38 mm) de diámetro con corrientes turbulentas controladas del woofer. La gestión de estos tres altavoces es realizada por un filtro divisor de frecuencias modelado por ordenador (con respuesta en amplitud y fase optimizada, todo un clásico en Sonus faber) con selección rigurosa de los componentes y afinado final mediante exhaustivas pruebas de escucha. El resultado es una respuesta en frecuencia de 40-30.000, un registro muy notable para un diseño de esta clase.

 

 

Un sonido con alma

La escucha de las Olympica II se realizó en compañía de una selección de productos a la altura del potencial de las nuevas Sonus faber: reproductor de CD/SACD Esoteric K-07    amplificador integrado a válvulas Audio Research VSi75 y cableado Transparent Audio Ultra tanto en interconexión como en conexión a cajas. Es interesante destacar la precisión permitida por las estilizadísimas puntas –en realidad conos- de desacoplo que figuran en los extremos de la fina base metálica que sustenta el conjunto, hasta el punto de dar la sensación de que la Olympica II está literalmente pegada al suelo.
Como es -felizmente- habitual en Sonus faber, el primer rasgo definitorio del sonido de las Olympica II es la transparencia, calidez, apertura y naturalidad de la zona alta del espectro gracias al cuidado diseño del transductor empleado. Los medios, por su parte, exhiben a partes iguales fuerza y ponderación, con unas voces impecablemente definidas y unos instrumentos –con mención especial para los de viento, siempre muy difíciles- reproducidos sin complejos tanto en textura como en intensidad. Por su parte, la opulencia del woofer y el rigor purista del filtro divisor de frecuencias se unen para conseguir unos graves resplandecientes de vitalidad, generosidad y control que en lo que a reproducción musical estereofónica se refiere permiten prescindir perfectamente de un subwoofer (cuya presencia, no obstante, debería recomendarse para el caso de utilizar las Olympica II en un sistema de Cine en Casa).
Considerado en términos globales, el sonido destaca por su carácter amable, vital y cercano sea cual sea el nivel de volumen al que se reproduzca, a lo que hay que añadir la facilidad con que las Sonus faber son excitadas por cualquier electrónica seria de potencia moderada (incluso con 50-60 vatios si la sala no es muy grande). No cabe la menor duda de que sus creadores han sabido transmitir el renovado espíritu innovador de la marca italiana a un producto que hace honor a la obra de arte que lo ha inspirado.  Más info>>