Es la “penúltima”, porque seguro que vendrán otras, aportación a la parte “clásica” de uno de los catálogos más excitantes de las últimas cuatro décadas en el ámbito de las cajas acústicas: el de Sonus Faber, ahora mismo una marca especializada en audio de altos vuelos realmente envidiada. Su nombre es Concertino G4 y es la cuarta generación de un modelo que en su momento reflejó a la perfección la filosofía de la admirada compañía transalpina. Una firma para la que la fusión de estética y pasión por la calidad de los materiales, en sintonía con la mejor tradición artesanal italiana, por un lado, y la apuesta por la innovación conceptual y tecnológica por otro, es poco menos que su razón de ser.

Sonus Faber evolucionó, y con ello el concepto de monitor de estantería/montaje sobre soportes magistralmente encarnado en la Concertino original, una realidad que llevó a sucesivas incorporaciones cuya máxima expresión se ha plasmado, 30 años después, en el fascinante sistema de altavoces que protagoniza el presente Blog. Con esta cuarta iteración, la que sin duda es una de las realizaciones icónicas de la no menos icónica empresa de Arcugnano (una apacible localidad ubicada en el área de Vicenza, una ciudad de tamaño mediano a 60 kilómetros al oeste de Venecia) gana en sofisticación global, aportando un sonido brioso e incisivo sin perder esa relajada naturalidad que conforma la verdadera esencia, el hecho diferencial, de Sonus Faber.
Recintos acústicos: buscando el equilibrio perfecto entre belleza y prestaciones
Es bien sabido que en un producto bien concebido la forma siempre tiene que estar al servicio de la función, léase el continente a las “órdenes” del contenido. Sin embargo, cuando en esta ecuación se introduce la exigencia de una integración visual sin fisuras en un determinado espacio, el diseñador de turno se encuentra ante la tesitura de satisfacer nuevos y a menudo complejos retos. Una realidad que en el ámbito de la reproducción sonora doméstica de alta calidad tiene una expresión particularmente visible en los recintos de las cajas acústicas. Situando antes que nada el texto en su contexto, ¿qué se busca? En esencia, una plataforma totalmente estable en lo mecánico y absolutamente neutra desde el punto de vista acústico.

Un objetivo “no fácil” sobre el papel que se puede complicar exponencialmente si la exigencia a la que antes hacíamos referencia llega hasta el punto de impedir la vía, por decirlo de alguna manera, “lógica”. ¿Cuál es la solución? El camino a seguir nos lo muestran nombres con la reputación de Sonus Faber o Wilson Audio: combinar de una manera minuciosa, y, por supuesto, previamente estudiada y evaluada, compuestos con cualidades acústicas diferentes con el propósito de que éstas se compensen/contrarresten entre sí y consigamos esa plataforma 100% neutra con la que los transductores puedan expresarse libremente, sin cortapisas, a la que nos acabamos de referir. Una estrategia que, entre otras ventajas, permite utilizar elementos lujosos en la parte del recinto que está a la vista y por lo tanto potenciar la componente estética sin que haga mella en el sonido final.
30 años de innovación continuada para engendrar un futuro gran clásico
Llegados a este punto, no se puede negar que la Concertino G4, protagonista de este Blog, es una bellísima caja acústica que refleja magníficamente el legado acumulado de búsqueda de la excelencia en ejecución, estética, innovación tecnológica y musicalidad de la prestigiosa firma. Recurre a una configuración bass-reflex (con puerto trasero de madera de nogal) de 2 vías/2 altavoces y parte del éxito obtenido por las generaciones que la preceden, aprovechando las enseñanzas en investigación acústica pura y aplicada de las tres décadas transcurridas desde que el modelo original vio la luz.

Un monitor simple y, en paralelo, extraordinariamente profundo del que bien podría decirse que mezcla ingeniería de altos vuelos y los principios intemporales del sonido natural y la calidad artesanal que caracterizan a Sonus Faber. A ello se suma el rompedor uso de una alternativa a la piel basada en plantas desarrollada por la “startup” Ohoskin y una fuerte reducción de la cantidad de materiales no sostenibles. En paralelo, celebrando esos 30 años de evolución continuada, se ha puesto a punto una edición especial limitada a un total de 300 parejas con el nombre Concertino G4 Maestro, que incluye una placa conmemorativa de latón con una numeración progresiva montada en uno de los paneles laterales de nogal macizo.

Creada a la manera de los talleres artesanales de la Italia de la Edad Media y el Renacimiento, esta edición exclusiva celebra la tradición de excelsitud en audio del país transalpino hasta el punto de encarnar el significado del término “maestro” en el contexto actual. En el campo de la ingeniería, la aportación más importante de la Concertino G4 radica en su chasis central de corcho adoptado del “supersistema” Suprema y la “colección” Sonetto G2. Utilizado conjuntamente con el “midwoofer” sin renunciar a la forma trapezoidal del recinto, esta estructura limita las resonancias internas disminuyendo asimismo la necesidad de absorbentes en el interior de aquél.

En cuanto a la concepción electroacústica, tenemos en primer lugar un tweeter de cúpula de seda de 25 mm con tecnología D.A.D. de Sonus Faber que es acompañado por un robusto “midwoofer” con cono de pulpa de papel de 152 mm. La armonización de estos dos altavoces es confiada a un filtro divisor de frecuencias de topología simplificada en línea con la filosofía Phase-Coherent de la firma, que asegura una respuesta en fase excepcionalmente precisa y una imagen sonora tridimensional fabulosamente definida que complementa a una precisión tonal deslumbrante.
Un sonido líquido, cálido y relajante con un calculado punto de impetuosidad
Probamos las Concertino G4, montadas sobre sus soportes de suelo a medida, con un amplificador integrado estereofónico PrimaLuna EVO 300 Integrated Amplifier, un previo de fono EVO 100 Tube Phono Preamplifier de la misma marca, un reproductor de música en red HiFi ROSE RS250A y un giradiscos Pro-Ject X8 con cápsula de bobina móvil Ortofon MC Quintet Blue. De las diferentes uniones se responsabilizan Pro-Ject en fono y Transparent Plus de 6ª Generación en el resto. En línea con el “ethos” de las reencarnaciones de modelos de la Sonus Faber que podríamos llamar “tradicionalista” que han ido viendo la luz, estamos ante un sistema de altavoces cuya sensibilidad media/baja (por regla general, sinónimo de baja distorsión) exige asociarlo a una electrónica marcadamente “briosa” con un buen punto de calidez.

Satisfecho este precepto, logramos un sonido pletórico de naturalidad cuya capacidad de análisis eminentemente quirúrgica no supera en ningún momento a una visión de conjunto donde la componente “humana”, cálida, “orgánica” si lo prefieren, siempre lleva la batuta. Y es que la “G4” suena tan rematadamente bien que da la sensación de ser un modelo de tres vías y no de dos, honrando el esfuerzo realizado por sus creadores por llevar hasta las últimas consecuencias la muy querida, por Sonus Faber, configuración de dos vías. La guinda la pone el soporte dedicado, por cuanto multiplica la belleza visual de una caja acústica ya de por sí preciosa y refina ostensiblemente la amplitud de la imagen sonora y la focalización de los armónicos superiores, por citar dos parámetros harto significativos en la reproducción sonora doméstica.