Con su amplificador de auriculares con DAC DX-3, la muy conservadora marca japonesa fundada en 1961 dio un paso de gigante, al ofrecer una bella electrónica de compactas dimensiones que encaja fácilmente en cualquier espacio sin renunciar a su celebrado “Concepto de Diseño Equilibrado”, garante último de una musicalidad legendaria. El producto al que dedicamos el presente Blog aprovecha el mismo formato con el objetivo de proponernos una opción espléndida para disfrutar de ese High End de magnífica relación calidad/precio que constituye la esencia de Rotel. Se llama DX-5 y es un amplificador integrado estereofónico con DAC incorporado, que ha sido pensado para sonorizar espacios de dimensiones comedidas con la riqueza de matices que caracteriza a la mejor Alta Fidelidad.

Decir que estamos ante una electrónica “pequeña pero matona” resultaría muy tópico, aunque lo cierto es que en su interior encontramos una sección analógica basada en los preceptos que han hecho grande a la empresa presidida por Peter Kao. En síntesis, se trata de una idea tan “simple” como es destinar el grueso del presupuesto correspondiente al desarrollo de un determinado producto a los elementos que de verdad influyen en la calidad sonora, y dejando de lado los superfluos. Esta pasión combinada por la excelencia en los ingredientes y en la manera de “cocinarlos” se palpa (con el añadido de un aspecto visual tremendamente atractivo) en el DX-5, una máquina accesible en lo económico que destila precisión, calidez y versatilidad por los cuatro costados.
Rotel: una apuesta por ese clasicismo que es sinónimo de musicalidad
¿Qué tiene la compañía fundada por Tomoki Tachikawa para que todavía hoy consiga marcar la diferencia pese su tradicionalismo radical? Pues posiblemente esto: su obsesión por preservar una filosofía en la que prima la máxima fidelidad a la grabación original y poner tal virtud al alcance del máximo número de aficionados posible. Y puesto que fidelidad es sinónimo de realismo y éste de empuje, vitalidad y garra, en definitiva, de dinámica, parece lógico que la firma nipona considere fundamental dar al subsistema de alimentación de sus realizaciones (aunque con mención especial a amplificadores integrados y etapas de potencia) la importancia necesaria para que tal “misión” llegue a buen puerto.

De ahí que Rotel lleve décadas publicitando con orgullo que construye en sus propias instalaciones los transformadores toroidales que constituyen el corazón de sus electrónicas, permitiéndose de este modo el lujo de diseñar estas últimas a medida sin que ello influya negativamente en el coste final. Bien está saber que un buen transformador es “condición necesaria, aunque no suficiente” para lograr ese sonido natural al que nos acabamos de referir, lo que significa que hay que acompañarlo de los ingredientes adecuados y organizar el conjunto de manera óptima para que pueda dar lo mejor de sí. Hablamos de seleccionar condensadores, resistencias, bobinas, convertidores D/A o transistores y de disponerlos en circuitos que eviten, mediante la separación y minimización de los trayectos de señal, posibles interferencias entre los mismos susceptibles de “fastidiar” el sonido.
DX-5: “lifestyle” a rabiar, cierto, pero, por encima de todo, Rotel
El protagonista de este Blog es un estilizado y compacto amplificador integrado estereofónico de notables prestaciones, cuyo corazón es una elaborada sección de salida configurada en Clase AB, capaz de atacar con holgura un amplio espectro de cajas acústicas. Con una potencia continua de 33 vatios por canal sobre 4 ohmios o 25 vatios por canal sobre 8 ohmios, el DX-5 es, gracias a su belleza plástica, ideal para los estilos de vida modernos, ofreciendo dinámica, conectividad versátil y procesado de audio avanzado, con el objetivo de asegurar una calidad sonora High End y una experiencia de escucha verdaderamente inmersiva. El aparato, que está homologado Roon Tested, admite una extensa gama de fuentes digitales vía PC-USB con codificación máxima de 32 bits/384 kHz en PCM y de DSD256 (con DoP) en DSD.

Una toma a la que se suman entradas digitales coaxiales y ópticas (hasta 24 bits/192 kHz) más la siempre utilísima Bluetooth aptX HD y AAC para streaming de audio inalámbrico “Hi-Res” desde dispositivos compatibles. Una entrada analógica con conectores RCA acepta las fuentes tradicionales, caso de reproductores de disco óptico (CD/SACD, DVD, Blu-ray Disc) y giradiscos equipados con previo de fono y las pertinentes salidas de nivel de línea. Asimismo, la presencia de una entrada HDMI ARC con CEC amplía la versatilidad del Rotel en lo que a opciones de instalación se refiere, al añadir el sonido procedente de cualquier televisor compatible y creando de este modo una solución para ocio doméstico de 2.1 canales si además se aprovecha la salida de subwoofer dedicada. Alimentado, en sintonía con el “pensamiento” de Rotel, por un transformador toroidal construido en su fábrica de última generación, que excita transistores de salida de alta corriente montados en push-pull, el DX-5 está concebido para aportar una precisión extrema a los medios, unos agudos cristalinos y unos graves ricos, profundos y controlados.

Por su parte, la sección de procesado digital de audio está estructurada en torno a un DAC premium ES9039Q2M Sabre de 768 kHz de la estadounidense ESS Technology, caracterizado por su bajísimo nivel de ruido. En cuanto al exterior, de un distinguido minimalismo, señalemos que en el panel frontal brilla con luz propia (nunca mejor dicho) una pantalla de gran resolución a color para que la configuración y el funcionamiento del aparato sean un juego de niños, un botón de volumen muy preciso, un vistoso mando a distancia de aluminio y una toma de auriculares para conector de 6’35 mm.
Dimensiones ultracompactas y cuatro kilos de peso, musicalidad soberbia
Probamos el DX-5 acompañado por una pareja de cajas acústicas JBL Classic 82 MkII montadas sobre soportes de suelo dedicados, siendo la fuente el magnífico reproductor de música en red WiiM Pro Plus y estando la totalidad del sistema cableado con In-Akustik. El hecho de que la respuesta en frecuencia de la sección analógica del Rotel anunciada por el fabricante sea virtualmente plana entre 10 y 100.000 Hz y la relación señal/ruido se sitúe en la órbita de los 100 dB, sugiere lo que esta bella electrónica nos puede ofrecer.

No obstante, la verdadera magia la empieza cuando entramos en materia, plasmándose en un nervio que hace que los 25 vatios continuos por canal sobre 8 ohmios del aparato aparenten ser muchos más. En consecuencia, los “midwoofers” de las Classic 82 MkII son gobernados con autoridad y sin mermas en precisión tonal, consiguiéndose una escena sonora fantásticamente creíble que es coronada por unos medios cálidos y poderosos y unos agudos en los que exuberancia y humildad se dan la mano en perfecta armonía. En otras palabras, sonido Rotel sin paliativos para llenar de música espacios pequeños sin renunciar a lo visualmente seductor.