Pro-Ject Elemental

20 de Marzo de 2014 Sarte

Un punto de partida inesperadamente perfecto

Presentado en sociedad en 1948 y durante largas décadas rey indiscutible de los formatos destinados al sonido doméstico de alta calidad, el disco de vinilo sigue sorprendiendo a propios y a extraños. Sobre todo a los “extraños”, esas legiones de fanáticos de la revolución del audio digital que lo dieron por muerto en tantas y tantas ocasiones sin reconocer unas cualidades que han mantenido intacto su prestigio entre los amantes de la música grabada a la manera analógica, convencional. Pero la vida tiene muchas sorpresas y la última sorpresa que ha dado el disco de vinilo en los tiempos del dominio del audio digital sin soporte físico, es decir, de esa segunda revolución digital auspiciada por Internet, ha sido el “descubrimiento” de sus bondades sonoras precisamente por consumidores pertenecientes a la generación de “nativos digitales”. Y ahí radica la esencia del presente Blog: la “segunda vida” del disco de vinilo, que para consolidarse exige disponer de productos –giradiscos, brazos y cápsulas- a la altura de las promesas del más longevo de los formatos de audio, pero que a la vez estén al alcance de un tipo de usuario que por regla general no goza de unas finanzas boyantes. Es en este contexto donde encaja a la perfección nuestro elegido de esta semana: el giradiscos Pro-Ject Elemental, una maravilla que revoluciona la percepción del disco de vinilo como un formato elitista por cuanto lo pone realmente al alcance de todo el mundo. ¿Cómo lo consigue? Lo veremos enseguida.

 

El poder de las economías de escala

Antes de ponernos a fondo con el Elemental, que por cierto es un nombre que da mucho más de sí de lo que en principio cabría pensar, hay que saber que si un producto tan bien pensado, construido, terminado y tan musical puede ser adquirido por cualquier adolescente avanzado/veinteañero es porque quien lo ha fabricado dispone de los recursos y la operativa que lo hace posible. Es aquí donde entra de lleno la fuerza de Pro-Ject, una compañía con sede en Austria y centro de producción en Chequia ( antigua fabrica Tesla) que a base de originalidad, imaginación, perfeccionismo y tesón se ha convertido en el primer fabricante de giradiscos del mundo.
Unas cualidades que permiten ofrecer productos a precios muy agresivos sin que ello penalice a la calidad, filosofía que en el caso del Pro-Ject Elemental es elevada a la máxima potencia.Rebobinemos un poco y pensemos sobre la misión que distingue a un buen giradiscos, una misión que se resume en hacer girar el disco a la velocidad correcta y que durante el proceso no existan elementos externos (vibraciones, interferencias eléctricas y/o magnéticas) que afecten a la delicada señal eléctrica que es captada por la aguja de la cápsula fonocaptora y posteriormente transmitida, mediante refinados y diminutos cables situados en el interior del brazo de lectura, a nuestro preamplificador o amplificador integrado.

En teoría, nada del otro mundo, aunque en la práctica la cosa cambia porque al ser todos los elementos involucrados susceptibles de aportar su propia “firma” al sonido como consecuencia de su condición “analógica” –componentes mecánicos, eléctricos, magnéticos- los resultados pueden mostrar diferencias abismales. De ahí que en el universo de los lectores de vinilos podamos encontrar modelos demencialmente sofisticados, puesto que para el diseñador audaz cualquier opción de mejora, cualquier sofisticación, está abierta.

Pero volvamos al Elemental, que por algo es el protagonista de estas líneas. Para empezar, su estética no deja indiferente porque es distinguida, radical y distinta, pero a la vez está al servicio de una función porque, como giradiscos bien diseñado que es, tiene las “ideas” muy claras. La estilizada base que lo sustenta está fabricada siguiendo los mismos principios que rigen en los demás –cada uno a su nivel- modelos de Pro-Ject, léase conseguir la máxima inmunidad frente a posibles vibraciones de origen mecánico y/o acústico susceptibles de perturbar la integridad de la señal sonora (las ondas –sobre todo de graves- procedentes de los altavoces de las cajas acústicas, por ejemplo).

La rotación en sí implica un motor ubicado en uno de los extremos de la base y un plato de aglomerado de densidad media (MDF) de alta calidad y 3 cm de grosor que gira sobre un eje de acero inoxidable montado en un recinto de bronce con base de Teflón. Además, justo debajo del eje de rotación se sitúa un pequeño bloque de piedra artificial que refuerza el centro de gravedad del sistema… una solución muy ingeniosa a la vez que todo un lujo en un giradiscos tan asequible. Como ven, la tecnología sí importa y Pro-Ject se puede permitir el lujo de incorporarla incluso en su lector de vinilos más popular. En lo que concierne al sistema de arrastre, utiliza la clásica correa, mientras que el motor es de corriente continua (DC, con la pertinente señal suministrada por un alimentador externo) y de baja vibración, cualidad esta última fundamental para que el giro del plato sea lo más estable posible. Por otro lado, el plato en sí ha sido tratado para que coloree lo menos posible el sonido, combinando un diseño de baja resonancia con una esterilla en su parte superior.

El otro elemento clave del Elemental es el brazo de lectura, un diseño de baja masa, construcción enteramente metálica y 8’6 pulgadas de longitud que permite montar un considerable abanico de cápsulas fonocaptoras de excelente relación calidad/precio que pueden encontrarse en el mercado. Pero es que incluso en este aspecto, el Pro-Ject Elemental mantiene su condición de producto sencillo pero pensado en términos de calidad práctica puesto que monta de serie una cápsula OM5 de la firma danesa Ortofon (una leyenda en su especialidad) con los parámetros fundamentales perfectamente ajustados en fábrica. En concreto, tanto la fuerza de apoyo como el “anti-skating” o antideslizamiento (un contrapeso que compensa la fuerza centrífuga que se genera durante la rotación del disco) están ya ajustados, por lo que lo único que tiene que hacer el usuario es “plug & play”, léase conectar y poner en marcha.
La señal que entrega la cápsula OM5 encaja perfectamente con lo que admite la sección de fono de cualquier amplificador integrado que incorpora tal opción, aunque en caso de que tengamos una electrónica con sólo entradas de línea bastará con añadir uno de los sorprendentes e igualmente asequibles módulos/previos de fono de la propia Pro-Ject (el Phono Box MM o el Phono Box, sin ir más lejos) para resolver la papeleta más que satisfactoriamente. Y lo mejor de todo, sobre todo para marcar diferencias con competidores de dudosa vocación musical, es que, como afirma con ironía el fabricante, en el Elemental el único elemento de plástico es el protector de la aguja de la cápsula.

 

Un sonido líquido y desinhibido que enamora

Sí, el Elemental enamora. Cierto que tiene un montón de competidores, empezando por el resto de la generosa gama de Pro-Ject, más caros, pero por su precio es absolutamente imbatible. Para probarlo, elegimos el amplificador integrado PM5004 de Marantz, equipado con una sección de fono más que decente amplificadores, y una pareja de cajas acústicas V4i de Tannoy, versátiles y asequibles donde las haya. Para las conexiones optamos por modelos de In-Akustik, una marca imbatible también en términos de relación calidad/precio. De hecho, el Elemental incorpora conectores RCA dorados tanto para la unión al plato como a la cápsula, lo que, de nuevo, constituye un auténtico lujo.
Ya en marcha, lo único que hay que saber es que el botón de arranque está situado debajo del plato justo a la altura de la polea de arrastre (zona izquierda), opción que se justifica por motivos estéticos obvios. Por lo demás, una palanca de elevación/descenso permite colocar la aguja en el punto del surco que nos interese. Y ya está, fin del misterio. ¿El sonido? De entrada, líquido, fluido, como corresponde a todo sistema de lectura analógica mínimamente decente que se precie. A continuación, un detalle que los recién llegados al vinilo apreciarán después de verse agradablemente sorprendidos: la profundidad de los graves, que proporcionan una base rítmica inesperadamente vital a todo tipo de piezas musicales, aunque con especial hincapié en las de jazz, rock y música electrónica. Luego tenemos la reconocida calidez de los agudos, otro “must” del disco de vinilo que el Pro-Ject Elemental logra transmitir con una maestría indudable y que hace que las voces con mayor contenido armónico en esa zona del espectro suenen con una articulación encomiable. Todavía hay más: la escena sonora, es decir, la capacidad para recrear el espacio físico en el que se realizó la grabación, es más que convincente, con una buena estructuración en anchura, altura e incluso profundidad si conseguimos instalar nuestro sistema en un espacio acorde a su potencial (no muy grande, pero tampoco muy pequeño). También tenemos un ruido de fondo muy bajo gracias al diseño del motor y el brazo, aunque aquí la calidad de la electrónica asociada influye mucho.
En fin, que el Elemental demuestra ser, musicalmente hablando, mucho más que eso. En su salsa, no sólo impacta, sino que enamora. ¡Y todo por 199 euros!

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