No resulta exagerado ni pretencioso afirmar que, en el particularísimo universo del audio de excepción, la categoría de las cápsulas fonocaptoras podría asimilarse en buena medida a la industria relojera. ¿Por qué esta comparación? Por las exigencias de conocimientos, precisión extrema de los componentes empleados (eléctricos, mecánicos), singularidad de los ingredientes elegidos, especialización de los equipos de montaje y habilidad artesanal en su fabricación. Es por ello que no se puede negar que la más que centenaria Ortofon (su fundación data de 1918) es uno, si no el mejor, de los auténticos y genuinos “relojeros” del sonido con mayúsculas.

A esto hay que sumar una característica primordial que explica esta condición de “superioridad” a la que nos acabamos de referir: una pasión continuada por la innovación técnica a todos los niveles, que hace que incluso una realización virtualmente inmejorable sea superada más pronto o más tarde por otra no sólo en refinamiento físico sino, por supuesto, en musicalidad. Pero la protagonista del presente Blog se mueve en unas coordenadas distintas, al ser el buque insignia de una gama de transductores de bobina móvil cuya esencia es “sencillamente” lograr que la ingeniería de la élite de Ortofon esté al alcance de un número de usuarios mucho más grande. Su nombre es MC X y el del dispositivo en cuestión MC X40, una realización que comparte configuración de base con sus tres “compañeras”, aunque batiéndolas en prestaciones, gracias al mayor grado de elaboración de algunos de sus partes críticas, concretamente el corte de la punta lectora y el cantilever.
El cantilever: un ingrediente fundamental para seguir el surco de un vinilo
Leemos en Internet que, “en ingeniería y arquitectura, un cantilever es una estructura que está soportada por un solo extremo, permitiendo que la otra parte se extienda en el aire sin apoyos intermedios.” En el contexto específico que nos ocupa, hablamos de un subsistema cuyo propósito es actuar de intermediario entre la punta lectora y el generador de señal, una misión que deja muy clara su relevancia a la hora de explorar el complejo surco de un disco de vinilo.

Para entender lo dicho hay que saber que, en comparación con su tamaño, la aguja de una cápsula se mueve a una velocidad brutal cuando sigue dicho surco mientras el disco está girando. Pues bien: ¿qué transmite los movimientos de la aguja al “motor”? El cantilever. Para que esto sea posible, debe ser ligero para que responda rápidamente a dichos movimientos, y rígido, a fin de evitar cualquier flexión susceptible de añadir distorsión y coloración al sonido. Obviamente, obtener esta combinación requiere mucho ingenio en diseño y materiales. En el caso de los segundos, el aluminio se usa muy a menudo porque proporciona una excelente transferencia de pulsos mecánicos desde la aguja al bloque de bobinas, optándose por el rubí, el zafiro, el boro o el diamante en realizaciones más elitistas al ser todavía más efectivos al respecto.
MC X40: cantilever de boro y punta Nude Shibata para brillar en definición
Llegamos ya nuestra invitada, situada en la cúspide de la flamante Serie MC X de Ortofon, y plasmación perfecta de la idea que subyace en la misma: ofrecer un salto cuántico en términos de relación calidad/precio, al democratizar tecnologías hasta ahora exclusivas de las realizaciones de referencia de la marca escandinava. Muchos son los aspectos dignos de mención de la MC X40, empezando por cuatro bobinas móviles con devanados de plata de gran pureza, a fin de garantizar una calidad sonora excepcional preservando a la vez los detalles de cada grabación sin la más mínima interferencia.

Particularmente innovadora es asimismo la estructura de nido de abeja de la zona superior del cuerpo, construida en acero inoxidable mediante una técnica denominada “Tecnología de Inyección de Metales” (“Metal Injection Technology” o MIM). Gracias a esta refinada solución, se asegura la estabilidad mecánica requerida para obtener una transcripción musical extremadamente fiel. Una vez efectuados el moldeado y la sinterización (proceso de convertir polvo en sólido mediante calor y presión), se aplica un tratamiento de “Deposición Física de Vapor” (“Physical Vapor Deposition” o PVD) a su superficie, a fin de realzar la apariencia física de esta última y mantenerla con el paso del tiempo. Otra característica determinante de la MC X40 es su esquema de imanes de reciente desarrollo, formado por un polo cilindro de una sola pieza integrado en un yunque magnético trasero, una configuración que aporta un trayecto de señal limpio y potente a partes iguales que incrementa las prestaciones globales.

Destacan asimismo los absorbentes de goma concebidos y hechos a medida por Ortofon, que constituyen el centro neurálgico del amortiguamiento mecánico y que son imprescindibles para controlar al milímetro el movimiento físico de las bobinas, preservar la regularidad operacional y minimizar vibraciones no deseadas. El resultado es, con “plus” inherente a la combinación de un cantilever de boro y una punta de diamante Nude Shibata (que, recordémoslo, fue creada originariamente para leer discos de vinilo cuadrafónicos), una habilidad de rastreo del surco del disco aumentada, una distorsión inferior y una mayor musicalidad. La MC X40 es rematada por una estética que encarna elegancia moderna y estilo propio, reflejando el carácter distintivo de un tipo de producto que fusiona magistralmente forma y función.
El sonido: sencillamente, una nueva liga en relación calidad/precio
Probamos la MC X40 con un giradiscos Pro-Ject RPM 9 Carbon, un previo de fono EAT E-Glo 2, un amplificador integrado estereofónico PrimaLuna EVO 200 Integrated Amplifier y una pareja de cajas acústicas Wharfedale Elysian 2 montadas sobre sus soportes de suelo dedicado. El cableado, In-Akustik en su totalidad. Llaman la atención de inmediato la extensión y linealidad de la curva de respuesta en frecuencia subjetiva que se obtienen pese a que la Ortofon apenas llevaba unas pocas horas de rodaje (aun así, el registro de 20-20.000 Hz, +/-1 dB suministrado por el fabricante ya nos daba una pista al respecto).

Gracias a ello, la transcripción de grabaciones complejas se lleva a cabo de manera relajada, léase sin el menor atisbo de agresividad, con una extraordinaria capacidad de discriminación (el corte Nude Shibata se hace notar), que contribuye a construir escenas sonoras espaciosas, bien proporcionadas y consistentes. En paralelo, la robustez del generador de señal de la MC X40 hace que la gama dinámica sea casi “digital”, sin que ello comporte distorsión ni afecte a la tímbrica del mensaje reproducido. En definitiva, con la MC X40 Ortofon simple y llanamente redefine el término relación calidad/precio aplicado a las cápsulas verdaderamente High End asequibles.