Nueva Tannoy Mercury V1i

9 de Noviembre de 2013 Sarte

La increíble quinta generación de un gran superventas

 

Está ahora mismo nuestro mercado rebosante de cajas acústicas de precio muy asequible y prestaciones más que decentes, una combinación de virtudes que viene como anillo al dedo tanto por los complicados tiempos que estamos viviendo como por la necesidad de demostrar que existe un sonido de calidad superior cuyo acceso no está reservado en exclusiva a los más afortunados (cuando no a los directamente potentados). Pero incluso en este hipercompetitivo segmento de mercado hay categorías, marcas que no sólo se conforman con hacer las cosas bien sino que quieren marcar categorías. Dicho de otro modo: que buscan la excelencia como lo haría cualquier diseñador de productos –del tipo que sea- sin compromiso. Es el caso de Tannoy, que con la nueva –quinta para ser exactos- generación de su premiadísima serie Mercury, la Mercury V1i, nos demuestra que es posible disfrutar de un sonido con indudable clase por un precio verdaderamente democrático. Pero aún hay más, porque dentro de los modelos que configuran esta longeva y permanentemente deseada gama de cajas acústicas brilla con luz propia uno que nos ha robado el alma: el monitor compacto Mercury V1i, toda una revelación.

 

 

Una receta clásica ejecutada con criterio, buen gusto y rigor

 

Pocos misterios hay en la V1i como no sea una genuina lección de sapiencia en la gestión de recursos impuesta por el respeto a un presupuesto. Una sapiencia que, lógicamente, sólo está al alcance de quienes la puedan aplicar al plano de lo material aprovechando la combinación de experiencia acumulada y recursos físicos que tal pequeño milagro requiere. Es, por supuesto, el caso de Tannoy, que lleva largas décadas sirviendo las necesidades y las ilusiones de usuarios residenciales y profesionales de todo el mundo. Y así llegamos a un monitor de aspecto inocente pero cuya inspección permite descubrir rápidamente una construcción y una terminación irreprochables en todos sus aspectos, a la vez que el uso de un selecto repertorio de soluciones tecnológicas poco habituales en un producto tan asequible. Además, el hecho de que estemos ante un diseño de quinta generación presupone que se han ido corrigiendo los puntos débiles de las hornadas anteriores a la vez que optimizando la relación calidad/precio como consecuencia de la lógica aplicación de economías de escala en todos y cada uno de los aspectos de la V1i, empezando por los alavoces y continuando con el filtro y el recinto.

Desde el punto de vista técnico, lo que tenemos es un monitor de estantería (existe una versión del mismo, de nombre VRi, con un recinto menos profundo que ha sido diseñado para facilitar el montaje adosado a una pared) de 2 vías y 2 altavoces en configuración bass-reflex (con puerto frontal, lo que simplifica todavía más la instalación en lugares potencialmente conflictivos en términos de sonido). Ya el transductor de agudos nos sorprende por incorporar una cúpula de aleación de aluminio de 25 mm de diámetro propulsada por un motor de alta potencia con imán de neodimio, todo ello dentro del contexto de la tecnología “WideBand” de Tannoy, que permite reproducir frecuencias situadas mucho más allá del límite superior audible (corte a -6 dB en 53.000 Hz) y por tanto va como anillo al dedo para reproducir si fatiga los contenidos digitales de alta resolución más exigentes del momento. Misma sensación de optimización de recursos encontramos en el altavoz de medios/graves, de nuevo un diseño de la propia Tannoy que en este caso monta un cono de pasta de papel tratada de 130 mm de diámetro excitado por un motor que le permite realizar desplazamientos respetables manteniendo en todo momento el control. El punto de corte a -6 dB se sitúa en 45 Hz, lo que nos lleva a una caja capaz de reproducir prácticamente sin pérdidas frecuencias del orden de 55-60 Hz… un registro prodigioso para un monitor realmente compacto. La gestión de estos transductores se lleva a cabo por un filtro (acústico de Linkwitz-Riley de 4º orden para sr exqactos) que, de nuevo, también sorprende por una sofisticación posible en un producto tan asequible por cortesía de la aplicación de esa economía de escala que sólo empresas como Tannoy se pueden permitir. Pues bien, en el citado filtro encontramos componentes de grado audiófilo -sí, de grado audiófilo- combinados con lo que la firma británica denomina “Differential Materials Technology” (DMT), una solución aplicada al amortiguamiento en los condensadores de la sección de alta frecuencia y que sencillamente obra milagros en el sonido al facilitar la perfecta integración de los dos altavoces de la Mercury V1i. A ello hay que añadir el uso de cables de alta calidad (nada menos que de plata de alta pureza) –todo suma- y, para rizar el rizo, de un recinto cuya estructura de refuerzos se ha modificado con respecto a la versión anterior para que la mejore no sólo la rigidez del conjunto sino para que la neutralidad acústica del mismo sea todavía superior. Cierto que la sensibilidad es un poco baja, pero es el precio a pagar por una curva de impedancia muy estable (valor nominal de 8 ohmios) y una tasa de distorsión francamente baja. Vale la pena.

 

Un sonido magníficamente articulado y con una presentación global que enamora

 

Nos pareció idóneo combinar la Mercury V1i –montada en un par de soportes de unos 60 cm de altura- con los flamantes, muy musicales y también excelsos en relación calidad/precio (a la vez que, como las Tannoy, versiones mejoradas de diseños de gran éxito comercial) modelos PM5004 (amplificador integrado estereofónico) y CD5004 (lector de CD) de Marantz, cableado todo ello por van den Hul.
De las Mercury V1i me gustó especialmente el carácter dulce y rico de su zona alta, que con grabaciones con una buena toma de sonido (y eso que en esta ocasión nos limitamos al CD) es prácticamente perfecta pese a una especialidad limitada.

El carácter marcadamente (imponente para una caja tan asequible) neutro pero musicalmente vital del altavoz de medios/graves y graves y la imponente –en términos subjetivos, por lo menos hasta 55 Hz sin pérdidas- extensión en la zona baja del espectro procurada por la espléndida implementación del puerto réflex frontal se encargan de que la presentación global del sonido proporcionada por las compactas Tannoy sea irreprochable en términos tímbricos y también dinámicos, aunque esta segunda característica depende sustancialmente de la electrónica de ataque (desde luego, con el Marantz PM5004 todo cuadra divinamente). Las voces, magníficamente delineadas, convencen tanto en solitario como en grupo mientras que los instrumentos de cuerda y viento se restituyen sin apenas atisbos de artificialidad potencialmente molesta. En suma, y manteniendo las lógicas distancias con respecto a lo que es posible lograr en términos de calidad absoluta, la verdad es que seguimos alucinados con lo que Tannoy ha demostrado ser capaz de obtener de una cajita –que, sobra decirlo, también se encontrará muy a gusto en configuraciones multicanal- en la que, después de cuatro generaciones, ha sido capaz de incorporar nuevas sutilezas de ingeniería que la sitúan en una galaxia aparte si consideramos lo que ofrece por el precio que nos piden por ella. Más info>>
 

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