Musical Fidelity Nu-Vista 800 a prueba

11 de Noviembre de 2019 ada

Sus creadores no dudan en definirlo como un “superamplificador” y lo cierto es que su comportamiento en la sala de escucha lo corrobora sin el más mínimo atisbo de duda. Con un diseño industrial que permite adivinar su carácter opulento y una topología circuital cuya singular arquitectura le permite marcar diferencias, el Musical Fidelity Nu-Vista es una electrónica diferente del resto que, sin embargo, brilla a la hora de buscar el objetivo común en todo componente de audio de alta calidad: reproducir música en el hogar con la máxima fidelidad a la grabación original.

Una fidelidad que en este caso lo es en el sentido literal del término, al combinar, y además con prácticamente cualquier tipo de caja acústica disponible ahora mismo en el mercado, lo cualitativo con lo cuantitativo, esto último a una escala que supera de largo a muchas etapas de potencia con ínfulas de excepcionalidad.

 

Buscando el combinado perfecto de músculo y sensibilidad

Esta aparentemente simple, casi cándida, declaración de intenciones es el “leitmotiv”, la razón de ser, de innumerables preamplificadores, amplificadores integrados y etapas de potencia de audio, ya sean para estéreo o para multicanal. Porque, aunque de entrada no lo parezca, reproducir, y además en tiempo real, una composición musical comporta una elevada complejidad, al ser muchos los factores implicados. En primer lugar, tenemos instrumentos con diferentes “personalidades” tonales interactuando entre sí con intensidades distintas.

Unas intensidades que a menudo cambian bruscamente en la forma de lo que denominamos contrastes dinámicos, que a su vez pueden ser a pequeña/micro y a gran/macro escala. Por otro lado, todo lo dicho tiene lugar en el contexto de un espacio físico cuyas características pueden llegar a influir de manera sustancial en el sonido final. Si además queremos que toda esta concatenación de factores no sólo sea armoniosa, sino que se preserve intacta a medida que aumenta el nivel de volumen, se intuye fácilmente que la herramienta necesaria para llevarla a buen puerto deberá exhibir un elevado nivel de exigencia. Dicha herramienta es el conjunto formado por el preamplificador, que se encarga de procesar la señal de la fuente, y la etapa de potencia, cuya misión es dotar de la suficiente magnitud a la citada señal para que pueda excitar los altavoces de las cajas acústicas de nuestro equipo, responsables últimos de la conversión de la misma en las ondas sonoras que percibiremos en forma de música.

 

¿Puede un amplificador integrado superar a conjunto previo/etapa?

La tarea que acabamos de describir puede realizarse también con un grado de ambición menor a nivel cuantitativo “empaquetando” el preamplificador y la etapa de potencia en un único chasis, siendo el producto resultante lo que se conoce amplificador integrado.

Llegados a este punto, la pregunta que se harán no pocos aficionados al sonido de alta calidad es si un amplificador integrado puede igualar a un conjunto previo-etapa. La respuesta, por supuesto, es afirmativa, por cuanto en el fondo todo es cuestión de utilizar los recursos apropiados y ejecutarlos en una configuración bien diseñada. Al fin y al cabo, la elección de un amplificador integrado en vez de un conjunto previo/etapa no siempre está motivada por el precio, ya que el carácter práctico inherente al uso de un único chasis en vez de dos –o incluso más- no tiene por qué comportar la renuncia al más mínimo sacrificio en términos de calidad sonora. Aún así, lograr que esa componente cuantitativa a la que antes nos referíamos esté a la altura no es tan fácil, en especial si se van a utilizar cajas acústicas “difíciles” –sensibilidad y/o impedancia baja- y nuestra sala tiene unas dimensiones respetables (del orden de 30 o más metros cuadrados).

 

Nu-Vista 800: una genuina y refinadísima “bestia”

Máxima expresión del saber hacer de Musical Fidelity en materia de amplificadores integrados, el Nu-Vista 800 es una imponente electrónica que también constituye una demostración de la validez de un enfoque de diseño basado en el uso de una topología circuital que es exclusiva de la veterana firma británica: la combinación de dispositivos de estado sólido y nuvistores.

¿Y qué son los nuvistores? Se trata de unas válvulas de vacío de pequeñas dimensiones que fueron concebidas –por la firma estadounidense RCA en 1959- para resolver los numerosos puntos débiles de las válvulas de vacío convencionales. Así, los citados dispositivos combinan muy alta fiabilidad, baja microfonía, bajo ruido, elevada consistencia entre lote, un consumo de energía relativamente bajo y unas prestaciones técnicas soberbias, lo que no les impidió ser olvidados como consecuencia del advenimiento del transistor. Pues bien: en el Nu-Vista 800 se combinan nuvistores con lo último en dispositivos de estado sólo en miniatura –Tecnología de Montaje en Superficie o SMD- y técnicas de diseño avanzadas para obtener registros espectaculares en parámetros tan relevantes para el sonido como la distorsión, el ancho de banda, el ruido y la linealidad de la curva de respuesta en frecuencia.

Unos parámetros que se complementan con el que sin duda es uno de los rasgos identitarios más marcados de las amplificaciones de referencia de Musical Fidelity: una potencia de salida “de verdad” acompañada por una dinámica y una capacidad de entrega de corriente brutales, como consecuencia de la inestabilidad incondicional de la topología circuital empleada. Por otro lado, el empleo de una configuración completamente doble monofónica incrementa la separación entre canales, mejorando por tanto la presentación espacial del sonido al dotar a la escena sonora resultante de unas proporciones más precisas.

 

El sonido: realismo y delicadeza monumentales

Los 330 vatios continuos por canal sobre 8 ohmios y la generosa capacidad de entrega de corriente del Nu-Vista 800 dan realmente para mucho a la hora de elegir las cajas acústicas asociadas, por lo que optamos por las novísimas Olympica Nova V de Sonus Faber. Como fuente analógica utilizamos un giradiscos Brinkmann Spyder con cápsula Ortofon Cadenza Back y como fuente digital el sensacional SA-10 de Marantz, todo ello cableado con Transparent Ultra de 5ª Generación. En efecto, el Musical Fidelity tiene la fuerza de un toro, hasta el punto de comportarse como un conjunto previo/etapa de precio sustancialmente superior… puede sonar a tópico, a frase hecha, pero es la pura verdad. 

Además, se nota que el aparato ha sido fruto de un exhaustivo trabajo de ingeniería por cuanto su nivel de silencio es impresionante y por tanto su capacidad para reproducir con autoridad los más variados y exigentes contrastes dinámicos es poco menos que espectacular. Sin ir más lejos, en la escucha de grabaciones –da igual el género musical del que se trate- en las que la componente “muscular” lleva la voz cantante, el Nu-Vista 800 tiene todo lo que hay que tener para que todo se reproduzca con la debida separación instrumental, la dinámica adecuada (mucha) y la transparencia que ello conlleva. Por lo demás, nos gusta  sobremanera comprobar que el Musical Fidelity posee un gran sentido del equilibrio con composiciones de jazz y música clásica, lo que lo sitúa definitivamente en la liga de las electrónicas de auténtica referencia pese a ser su precio una fracción del de los conjuntos previo/etapa más opulentos del momento.

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