Musical Fidelity M8xi a prueba

5 de Agosto de 2020 ada

Nada menos que 550 vatios continuos por canal sobre 8 ohmios es lo que nos ofrece el flamante M8xi de Musical Fidelity, una electrónica integrada –y además con una práctica funcionalidad DAC- que sublima la obsesión por la “Fidelidad Musical” de uno de los grandes nombre del audio High End europeo. 550 vatios “de verdad”, y por tanto con los dos canales excitados, que gracias a una opulenta fuente de alimentación de alta corriente se convierten en 870 vatios continuos por canal sobre 4 ohmios.

Esto permite al M8xi exhibir unas prestaciones que ya querrían para sí muchos sistemas formados por preamplificador y etapa de potencia separada. Pero hay más, mucho más, porque esta soberbia exhibición de músculo viene acompañada por una concepción circuital muy elaborada y una cuidadísima selección de los componentes empleados que tienen su fiel traducción en un sonido extremadamente refinado y que brilla a partes iguales en lo cuantitativo y en lo cualitativo.

 

Una formidable materialización del concepto “powerhouse” en audio

Es una expresión muy común en la prensa especializada anglosajona cuando se analizan amplificadores que impresionan particularmente por su poderío, léase por su capacidad de lidiar con todo tipo de cajas acústicas a cualquier nivel de volumen, manteniendo a la vez la distorsión bajo mínimos. Y es que en gran medida un amplificador se puede asimilar a una central de energía –la traducción más usada de “powehouse” es no obstante “central eléctrica”- por cuanto su cometido es suministrar potencia y la potencia eléctrica se mide en vatios (W), que se obtienen multiplicando la tensión o voltaje por la corriente. De hecho, se trata de la misma relación que se aplica a los electrodomésticos en general, lo que significa que una bombilla de 60 W conectada a una red eléctrica de 230 voltios (V) drena una corriente de 0’26 amperios (A), mientras que una estufa eléctrica de 1.000 W drena una corriente superior a 4 A. Así las cosas, cuantos más vatios sea capaz de entregar un amplificador, más presión sonora deberá ser capaz de proporcionar el equipo del que forme parte, al menos en un mundo ideal en el que la práctica respete a la teoría.

No obstante, la experiencia sugiere que la relación entre potencia de amplificación e intensidad sonora es en realidad mucho más compleja, probablemente porque la carga que presenta una caja acústica es difícil de definir de manera precisa en las condiciones dinámicas inherentes a toda señal musical. Es importante señalar esto último porque en general las medidas de la potencia de salida de los amplificadores se realizan con ayuda de “cargas tontas” de comportamiento muy predecible (simples resistencias) y señales sinusoidales sencillas (tonos de una sola frecuencia). Mientras se monitoriza la distorsión armónica, el nivel de volumen (tensión eléctrica) del amplificador aumenta de manera continua, registrándose el correspondiente voltaje cuando se alcanza un nivel de distorsión previamente especificado. Conociendo la resistencia y el voltaje es posible calcular la corriente, y a partir de ahí la potencia, una potencia en cierto modo “orientativa” pero útil a la hora de tomar una determinada decisión de compra, en especial si el fabricante la da para dos cargas diferentes (4 y 8 ohmios, pero a veces también 2 ohmios), por cuanto a partir de dichos valores se puede deducir fácilmente si nuestro amplificador es capaz de entregar corrientes elevadas.

 

M8xi: una electrónica sin complejos que se atreve con todo

Lo anterior nos conduce al protagonista del presente Blog, el amplificador –“superamplificador”, en palabras del fabricante- integrado estereofónico con funcionalidad DAC M8xi de la británica Musical Fidelity, una elegante, imponente y robusta electrónica que sus creadores definen sin complejos como un conjunto formado por un preamplificador y dos etapas de potencia monofónicas separados en un único chasis.

Esto significa en primer lugar que el M8xi utiliza una topología circuital rigurosamente doble monofónica, y por tanto con su propio transformador de alimentación y su propio disipador térmico, este último realzado en su cometido por la construcción enteramente metálica del chasis, que a su vez hace también de disipador térmico. Por su parte, la sección de preamplificación también incluye su propia fuente de alimentación dedicada y está situada cerca de los conectores de entrada con trayectos de señal ultracortos para minimizar posibles degradaciones de la señal de audio. Esta concepción tan elegante en lo formal como efectiva en lo funcional asegura que las señales correspondientes a los dos canales tengan una impedancia extremadamente baja en el momento en que llegan a la sección de amplificación de potencia, un detalle de diseño muy significativo con consecuencias directas en la presentación sonora final. Vale la pena entretenerse en los detalles de la sección de amplificación de potencia del M8xi, dado que es la responsable directa de la condición de “superamplificador” del Musical Fidelity, una condición que le permite formar parte del selecto grupo en el que figuran amplificadores como el A1000 (comercializado en 1990 y considerado como el primer “superamplificador” de la marca británica), el NuVista 800 o el Tri-Vista 300. Así las cosas, lo mínimo que puede se decir de la citada sección es que ha sido concebida para superar los mayores desafíos en capacidad dinámica, al incorporar nada menos que 12 transistores bipolares por canal que permiten entregar corrientes de pico del orden de 105 amperios, tensiones de 190 voltios de pico a pico y potencias de pico de nada menos que 1.600 vatios sobre 2 ohmios.

En definitiva, el M8xi está en condiciones de atacar con holgura prácticamente todo lo que se le ponga por delante en materia de cajas acústicas, una cualidad tradicionalmente asociada a combinaciones previo/etapa de precio muy superior. A todo lo dicho, el Musical Fidelity suma una práctica funcionalidad DAC con entradas y salidas en los formatos coaxial y óptico más una entrada USB-B asíncrona que facilitan la conexión de un amplio espectro de fuentes digitales con codificación máxima de 24 bits/192 kHz. Otro aspecto del Musical Fidelity que nos ha impresionado profundamente es la contundencia de las especificaciones técnicas suministradas por el fabricante, destacando especialmente las correspondientes a respuesta en frecuencia (10-100.000 Hz, +0 dB, -1 dB) y la tasa de distorsión armónica total más ruido (inferior al 0’004% en modo balanceado).

 

Un genuino “muscle car” de la Alta Fidelidad

Buscar unas cajas acústicas para probar el M8xi es el trabajo más fácil del mundo por la sencilla razón de que el Musical Fidelity puede prácticamente con todas, lo que nos lleva a una opción muy interesante: elegir un sistema de altavoces “no apto para todos los amplis” para llevarlo hasta el límite. De ahí la elección de las Sonetto VIII de Sonus Faber, siendo las fuentes del sistema un reproductor de SACD Marantz SA-10 y nuestro habitual ordenador portátil Apple Mac Pro, utilizándose para las conexiones los  nuevos, sofisticados y sorprendentes Micro Air de la alemana In-Akustik.

El M8xi demuestra de inmediato su condición de “superamplificador” de Musical Fidelity en la forma de una capacidad de análisis y una transparencia fenomenales, apoyadas por la descomunal fuerza que constituye una de las señas de identidad de  las realizaciones de élite de la firma británica. Así, la sensación de capacidad ilimitada para lidiar con las exigencias de las Sonetto VIII deja paso a una espectacular faceta quirúrgica en la que todo es luz, color, vitalidad; en suma, música en su dimensión más hedonista y a la vez respetuosa. A nivel de dinámica, nos encontramos con un purasangre que es capaz de resucitar a un muerto si se le “provoca” con el material adecuado. A modo de síntesis, no exageramos si decimos que la suma de curva de respuesta en frecuencia subjetiva perfecta, dinámica prácticamente ilimitada y fatiga auditiva nula es una presentación espacial del sonido pletórica de realismo que confirma la verdadera esencia del M8xi. Y tal esencia no es otra que la sensación de estar ante una etapa de potencia muy de alto nivel aderezada con una sección de preamplificación de alto nivel y un DAC “gratuito”

 

 

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