Desde que vio la luz en 1982, Musical Fidelity siempre se ha distinguido por ser una de las poquísimas marcas del High End británico más genuino preocupadas por maridar en sus amplificadores la dulzura y el carácter líquido del “sonido inglés” con el nervio y la dinámica “americanos”. Expresado con otras palabras, era una empresa cuyas creaciones se situaban a medio camino entre las de, por citar dos nombres emblemáticos del audio, Krell y QUAD. La adquisición en 2018 de Musical Fidelity por la austriaca Audio Tuning, propietario asimismo de la icónica Pro-Ject, número uno mundial en giradiscos, supuso un auténtico revulsivo para la firma fundada por Anthony Michaelson.

¿Por qué? Muy fácil: porque le permitió beneficiarse de una estructura industrial y unas economías de escala situadas simple y llanamente “en otro nivel”. Ejemplifica a la perfección lo que acabamos de decir el protagonista del presente Blog: el amplificador integrado estereofónico con DAC M6xi, perteneciente a una de las gamas “intermedias”, pero indiscutiblemente High End, de Musical Fidelity, la Serie M6, al tiempo que sustituto del M6si, probado en este mismo espacio hace casi seis años. Resulta innegable que la espera ha valido la pena, porque el resultado es una máquina de hacer música que aúna calidad extrema con cantidad a borbotones, manteniendo la comodidad del formato integrado y un precio hipercompetitivo a tener de las prestaciones y funcionalidades que ofrece.
La importancia de sobredimensionar la etapa de salida y la fuente de alimentación
El éxito de la “Hi-Res” digital ha hecho que hasta a los amplificadores más “mainstream” se les exija algo que durante décadas había sido, en mayor o menor medida, patrimonio exclusivo de los componentes de audio de excepción o High End: una capacidad de análisis de microinformaciones, léase resolución, extrema, y una dinámica “pro”. Y es que no en vano los contenidos musicales técnicamente mejor dotados del momento hacen gala de unas características en ambos parámetros perfectamente comparables a las que se manejan en los estudios de grabación.

¿Cómo resolver con éxito este reto cuando es trasladado a la escucha en Alta Fidelidad en el hogar? Básicamente combinando dos ideas que deben ser trasladadas de manera rigurosa a los dos subsistemas clave de todo amplificador, prioritariamente de tipo integrado, al ser su asequibilidad mucho mayor: por un lado, una sección de entrada con circuitería de bajo ruido, y, por otro, una etapa de salida ejecutada con dispositivos de potencia (en principio transistores, aunque también válvulas de vacío) sobredimensionados, estando el conjunto “energizado” por una fuente de alimentación, que, de nuevo, debe aunar silencio extremo y músculo en abundancia.

Esto implica, a su vez, el empleo de componentes que cumplan las expectativas reseñadas, a fin de lograr algo que se le pediría a un buen automóvil: ir sobrado de caballos para responder de manera rápida y relajada a cualquier demanda inesperada o, sencillamente, a una exigencia puntual del conductor. Pues bien: Musical Fidelity domina con maestría este difícil arte que se convierte en un “más difícil todavía” cuando se añade el parámetro precio a la ecuación.
M6xi: excelencia garantizada a todos los niveles… ¡y con una potencia colosal!
Sustituto, como apuntábamos al principio, del celebrado (en realidad, un auténtico superventas dentro de su categoría) M6si y presentado por quienes lo han hecho posible como “un amplificador con alma audiófila dotado de un realismo y un nivel de implicación emocional extraordinarios”, el M6xi sobresale por el monumental concentrado de soluciones de ingeniería que alberga en su interior. No exageramos al usar el término “descomunal” porque hablamos de un repertorio de subsistemas que abarca desde una circuitería con arquitectura doble monofónica inspirada en la de la legendaria etapa de potencia Musical Fidelity Titan hasta una sección DAC con conectividad ampliada (USB-C hasta 24 bits/192 kHz, HDMI y RS232), sin olvidar un preamplificador con diseño de bajo ruido y entrada de fono compatible con cápsulas de imán móvil (MM) y bobina móvil (MC).

Equipado con fuentes de alimentación 100% analógicas, el M6xi suministra, en línea con nuestra anterior reflexión, una potencia de salida descomunal para un aparato de su clase y precio (de hecho, hasta para muchos conjuntos previo/etapa formados por elementos separados), concretamente de 2x230 vatios continuos sobre 8 ohmios que se convierten en 2x390 vatios continuos sobre 4 ohmios. Unos registros que impresionan y cuya guinda la ponen el potencial para suministrar picos de 760 vatios por canal a 2 ohmios y una espectacular entrega de corriente (45 amperios de pico a pico). Esto significa que el Musical Fidelity está en condiciones de atacar cómodamente cajas acústicas particularmente exigentes/difíciles, bien porque su sensibilidad es muy baja, bien porque su impedancia mínima está por debajo de 2 ohmios, bien porque nos gustan los decibelios en abundancia y la sala de la que disponemos tiene unas dimensiones ya generosas (léase 30-35 metros cuadrados).

A subrayar igualmente una placa de circuito impreso (PCB) concebida para reducir posibles desequilibrios en la señal eléctrica, así como el empleo generalizado de componentes rigurosamente seleccionados, entre ellos un atenuador de volumen Burr-Brown en escalera, para preservar la pureza de la señal musical. El M6xi se completa con una cuidada construcción metálica, una ejecución interna impoluta (¡nada que ver con los Musical Fidelity de los primeros años!) y una rica conectividad analógica en la que brilla con luz propia la presencia de un juego de entradas balanceadas y una entrada dedicada a facilitar la inserción en sistemas de Cine en Casa.
Un festival de poderío y elegante discreción
El Musical Fidelity invita a comprobar los contrastes dinámicos presentes en registros sonoros complejos. De ahí que lo probemos en compañía de las exigentes columnas Elysian 4R de la británica Wharfedale, un reproductor de música en red HiFi ROSE RS451 (vía enlace balanceado) y un giradiscos Pro-Ject RPM 5 Carbon con cápsula fonocaptora Ortofon MC X30, todo ello interconectado con In-Akustik. Es incuestionable que el M6xi apabulla desde el primer instante por la robustez de su salida de potencia, una virtud que lo faculta para generar escenas sonoras magníficamente proporcionadas (también en profundidad) que, en conjunción con una agilidad sensacional, aportan realismo con mayúsculas a la restitución de todo tipo de interpretaciones musicales.

En paralelo, la precisión tonal está a la altura de lo cabe esperar de una electrónica con “ethos” High End, sobresaliendo en especial el “mix” de calidez, contundencia y control (¡magnífico en la lectura de vinilos) de la zona baja del espectro, a nuestro parecer muy superior a la de muchos conjuntos previo/etapa con una concepción menos meditada y depurada. En estas coordenadas, está más que claro que Musical Fidelity ha demostrado de nuevo que se mueve en una categoría de exigencia superior, a la vez que con realizaciones como esta pone un valiosísimo grano de arena a favor de la democratización del audio High End.