
El fuerte compromiso de Musical Fidelity con la búsqueda del máximo realismo en la restitución de la música va más allá de esta reinvención en profundidad, al cuidar incluso la vinculación emocional con algunas de sus realizaciones más emblemáticas. Sucedió en 2023 con el mítico amplificador integrado estereofónico con funcionamiento en Clase A pura A1 y ha vuelto a suceder en julio de 2025 con la puesta al día de otro clásico: el también amplificador integrado estéreo B1, comercializado en 1990 y bautizado ahora con el nombre B1xi. El resultado es una electrónica que gana por goleada a su predecesor a escala global, empezando por la potencia de salida y la capacidad de entrega de corriente, que verdaderamente importan en la reproducción sonora en Alta Fidelidad, preservando a la vez su legendaria relación calidad/precio.
Clase AB: alta musicalidad y elevada fiabilidad al alcance de todos
Cuando hace poco más de dos años publicamos un Blog sobre la espectacular actualización del legendario modelo A1 de Musical Fidelity, dedicamos un pequeño apartado a comentar las bondades de la tecnología a la que debía su nombre: la configuración de su etapa de amplificación en la eternamente deseada Clase A. Pues bien: en el protagonista de este Blog la solución utilizada en la citada etapa se llama Clase AB. ¿Cuál es la diferencia? En esencia, de tipo técnico, aunque con repercusiones claras en términos de musicalidad, y, muy importante, de fatiga de los componentes y por tanto longevidad de los mismos.

Muy utilizada en aplicaciones de Hi-Fi, la Clase AB tiene como característica principal situar lo que se conoce como “punto de trabajo” de los dispositivos encargados de llevar a cabo la amplificación (transistores, válvulas de vacío) a medio camino entre el correspondiente a las clases A y B, de tal modo que, dependiendo de la amplitud de la señal de entrada, nuestro amplificador trabaja con una u otra. Profundizando un poco en el aspecto técnico y concentrándolo en los modelos “solid state”, la diferencia entre un amplificador en Clase A y uno en Clase AB es simplemente la manera en que los transistores son polarizados (léase “preparados” para funcionar). En el primer caso, los citados dispositivos son polarizados de tal forma que durante la totalidad del ciclo de la señal entrante trabajan en su zona lineal, mientras que en el segundo una parte de dicha señal los corta. Esto significa que en un amplificador configurado en Clase A la salida es una reproducción fiel de la entrada, al tiempo que en uno de Clase AB una cierta distorsión es, por lo menos sobre el papel, inevitable.
B1xi: potencia y corriente en abundancia… ¡y a precio democrático!
Antes de entrar en materia, hay que decir que el protagonista de este Blog es el primer modelo de una gama destinada a acercar la Alta Fidelidad con mayúsculas a un repertorio de usuarios lo más amplio posible. Su nombre es B1xi, su arquitectura es 100% de estado sólido y en lo conceptual es muy similar a su aclamado predecesor de la década de los 90’. Ejecutado al 100% con elementos premium, este amplificador integrado estereofónico de estilizada apariencia, con sección DAC y conectividad Bluetooth, sobresale de inmediato por el combinado de parámetros técnicos y versatilidad que ofrece. Así, su etapa de salida está configurada en Clase AB, utilizándose en la misma transistores discretos de alta corriente que le permiten excitar con holgura cajas acústicas de baja impedancia, siendo la salida continua disponible por canal de 60 vatios a 8 ohmios o 100 vatios a 4 ohmios… ¡de hecho, puede entregar picos de 140 vatios por canal sobre cargas de 2 ohmios!

Unos registros que son posibles por cortesía de una generosa fuente de alimentación lineal organizada en torno a un robusto transformador toroidal y condensadores de grado audiófilo en línea con la mejor tradición de Musical Fidelity. También la sección de preamplificación ha sido objeto de un especial esmero en su planteamiento y ejecución, hasta el punto de incluir su propio subsistema de alimentación, sin duda una rareza en las realizaciones de su categoría y no digamos ya de su precio. Esta estrategia garantiza un nivel de ruido ultrabajo y una excelente separación entre canales, pudiendo equiparse a conjuntos previo/etapa. Por su parte, el control de volumen es confiado a un potenciómetro analógico gobernado por un motor que, al contrario que muchos de sus equivalentes digitales modernos (que comprometen la fidelidad debido a pérdidas en la resolución), preserva la pureza del contenido tratado. Tampoco los amantes del vinilo quedarán defraudados por lo que les ofrece el B1xi, puesto que en su interior hay una etapa de fono de alta ganancia (compatible con cápsulas de imán móvil/MM) y, en consonancia con el resto del conjunto, un ruido de fondo excepcionalmente bajo.

En el ámbito digital, el Musical Fidelity monta placas de circuito impreso separadas físicamente de sus homólogas analógicas, y con su propia fuente de alimentación lineal, para las funcionalidades clásica (entradas coaxial y óptica compatibles hasta 24 bits/192 kHz) y HDMI ARC/Bluetooth (5.1). En lo que respecta al convertidor D/A utilizado, se ha optado por el soberbio ESS9018 de la estadounidense ESS Technology, cuyas características han sido maximizadas mediante el minucioso ajuste al que ha sido sometido la sección DAC. El B1xi es completado por una construcción mecánica sin compromiso (panel frontal de aluminio, chasis y controles enteramente metálicos) que es rematada por un efectivo blindaje para que las señales de radiofrecuencia no interfieran en las delicadas etapas analógicas y la restitución en su conjunto se libre de compresiones dinámicas.
Poderío bien administrado con un respeto extremo por la precisión tonal
Probamos el B1xi junto a un giradiscos Pro-Ject Debut EVO 2 con cápsula de imán móvil Pick it MM EVO de la misma marca, un reproductor de música en red WiiM Pro Plus y una pareja de cajas acústicas de suelo Wharfedale EVO5.3, estando el cableado a cargo de Pro-Ject en fono e In-Akustik para el resto. Salta a la vista de inmediato que las lustrosas cifras de la potencia de salida no van de farol, porque el Musical Fidelity “empuja” las EVO5.3 con auténtica furia, y, muy importante, sin perder resolución en lo tonal ni capacidad de discriminación en lo espacial.

Como consecuencia de ello, la curva de respuesta en frecuencia subjetiva mantiene una linealidad extrema sean cuales sean los contenidos reproducidos, al tiempo que la precisión tonal está más en sintonía con lo que cabe esperar de un amplificador en Clase A que de uno en Clase AB. Y por si esto fuera poco, la opulencia (para el caso que nos ocupa) del subsistema de alimentación obra milagros en el campo de dinámica, rabiosamente “live” y sin el menor atisbo de compresión a cualquier nivel de volumen. A la vista de esta experiencia de escucha, resulta innegable que, al igual que con el A1, Musical Fidelity “lo ha vuelto a hacer”, y además al alcance de un amplísimo número de aficionados a la Alta Fidelidad digna de tal nombre.