Pocas electrónicas dejaron más huella entre los amantes de la reproducción musical con mayúsculas como el amplificador integrado estereofónico A1 de Musical Fidelity. Hablamos de un producto que vio la luz en 1985 y que, definitivamente, era diferente de los demás debido a un diseño de inspiración genuinamente audiófila que recurría a la reconocida solvencia sonora del funcionamiento en Clase A pura. El objetivo era muy ambicioso: ofrecer musicalidad extrema por un precio decididamente al alcance de todos los públicos.

Ahora, con la veterana firma británica protegida por el paraguas de la potente estructura industrial de Pro-Ject Audio Systems, el A1 vuelve completamente repensado con unas prestaciones mejoradas en lo cualitativo y lo cuantitativo y una fiabilidad a prueba de balas, demostrando una vez más que el audio High End no tiene por qué ser necesariamente una especie de coto para privilegiados. Un reto complejo el asumido por los ingenieros de Musical Fidelity, cierto, pero no es menos cierto que con el nuevo A1 se demuestra que un componente de audio verdaderamente bien concebido puede, 38 años después, continuar no sólo fascinando con su sonido, sino incluso deslumbrar con una estética que continúa siendo rompedora.
Clase A: la amplificación más musical, aunque con sus peajes
Musical Fidelity fue uno de los abanderados de la Clase A pura en amplificación aplicada a los diseños “solid state”, es decir, basados en dispositivos tales como transistores bipolares o transistores de efecto de campo y no en válvulas de vacío. Y la verdad es que no le fue nada mal, porque sus realizaciones gozaron de una gran reputación a causa de su excepcional musicalidad y, muy importante, una relación calidad/precio sin igual. ¿Qué tiene el citado modo de funcionamiento que no tengan la Clase AB o la Clase D?

La explicación implica recurrir a términos técnicos que escapan del objetivo del presente Blog, aunque a grandes rasgos el concepto de base es que, para funcionar adecuadamente, los dispositivos de amplificación (sean del tipo que sean) necesitan ser debidamente “preparados” (polarizados). Pues bien, en la Clase A pura los transistores siempre están consumiendo potencia, debido precisamente a las particularidades de dicha “preparación”, llevándose el proceso de amplificación a cabo sin apenas distorsión. Las conclusiones de esta situación son obvias: mucha disipación térmica, y por tanto la obligación de sobredimensionar los circuitos de alimentación y salida y, al no haber distorsión, gran calidad musical (calidez, dulzura...).

Como resultado de lo que acabamos de decir, la Clase A es la más querida por los audiófilos aunque muy cara de aplicar a grandes potencias de salida, pese a que algunos fabricantes de élite, caso de D’Agostino Master Audio Systems, han conseguido poner a punto esquemas altamente imaginativos que autorizan trabajar con elevadas potencias en Clase A sin que las dimensiones de los aparatos (¡y el precio final!) se descontrolen. Dicho esto, la idea de disfrutar una musicalidad casi mágica por un precio democrático parece de lo más atractiva, y esto es exactamente lo que logró Musical Fidelity con su modelo A1 original. Ahora, en pleno 2023, nos propone una versión corregida y ampliada del mismo manteniendo intactas su concepción de base y su singularísima estética.
Un salto cuántico con respecto al A1 original
“El regreso de un verdadero clásico de la Hi-Fi”. Así presenta Musical Fidelity su renovado A1, y la verdad es que la vuelta de tuerca que la marca británica ha dado al diseño de base ha sido espectacular, sobre todo si se tiene en cuenta que, insistimos en ello, se han mantenido todas las especificaciones y circuitos, amén del aspecto físico, del mismo. Por lo tanto, tenemos en primer lugar una topología circuital simétrica ejecutada con dispositivos discretos, que entrega 25 vatios en Clase A pura sobre 8 ohmios, con añadido de una suave transición a funcionamiento en Clase B si en un momento dado se necesite una mayor entrega de corriente, ampliándose de paso el rango de cajas acústicas compatibles.

Crucial a la hora de lograr lo que se acaba de decir es la fuente de alimentación, que en el nuevo A1 utiliza, previo filtrado de la señal procedente de la red eléctrica, un transformador con “raíles doble monofónicos separados”. Esta configuración, mucho más eficiente que la del modelo original, facilita el uso de líneas independientes en cada canal, con lo que ello conlleva en términos de manejo de potencia e imagen estereofónica. Un “efecto colateral” de esa mayor eficiencia y, muy importante, del uso de componentes activos y pasivos actualizados, es una reducción del ruido de fondo y de la disipación térmica, parámetro este último que tiene una importancia crítica en el funcionamiento en Clase A pura. También la sección de preamplificación ha sido objeto de modificaciones sustanciales, caso de la incorporación de un potenciómetro de volumen de la serie RK de la prestigiosa ALPS o líneas de alimentación reguladas a fin de minimizar el ruido, pese a que, por el contrario, la circuitería de preamplificación propiamente dicha es exactamente la misma que la el diseño original de 1985 (basada en un preamplificador JFET de bajo ruido TL071).

En el ámbito de la conectividad, destaca la presencia de una etapa de fono ejecutada con elementos discretos de muy bajo ruido compatible con cápsulas MM y MC, que, además, adapta automáticamente la impedancia de carga de las segundas. Al igual que en el A1 original, la evacuación de las calorías sobrantes tiene lugar a través de una especie de “parrilla” que ocupa la totalidad del panel superior y confiere al Musical Fidelity su inconfundible aspecto. A los entusiastas de la Alta Fidelidad les gustará saber que entre las actualizaciones introducidas en el nuevo A1 hay que destacar también condensadores de polipropileno en la totalidad del trayecto recorrido por la señal de audio y, a modo de norma general, la sustitución de partes críticas (activas y pasivas) por otras equivalentes de última generación.
Un sonido sencillamente divino
Probamos el A1 en compañía de un giradiscos Pro-Ject Debut PRO S, un reproductor de música en red Audiolab 7000N Play y una pareja de cajas acústicas Mission 700, estando el cableado a cargo de Pro-Ject en fono e In-Akustik en el resto. En línea con lo que corresponde a la evaluación de una electrónica que funciona en Clase A pura, ponemos en marcha el equipo un buen par de horas antes de escucharlo.

Llegados a esta punto, el sonido nos parece absolutamente delicioso por su calidez y transparencia, cualidades ambas complementadas por el plus de dinámica aportado por las sutiles y contundentes incorporaciones técnicas por los ingenieros de Musical Fidelity al subsistema de alimentación y a los dispositivos de amplificación críticos. El aparato se calienta, por supuesto, siendo en cualquier caso la sensación de fiabilidad extrema, y además con el añadido de una característica muy propia de los diseños en Clase A bien ejecutados: a medida que pasa el tiempo, la presentación sonora global se vuelve más “redonda”, con un grave y un extremo grave que en la reproducción de vinilos casi tocan el cielo y unos agudos líquidos que rezuman humanidad por los cuatro costados. Poco más se puede pedir en musicalidad al alcance de todos los públicos, hasta el punto de que el A1 supera su propia leyenda.