Mundo vinilo: la importancia crítica de los ajustes finos y un buen mantenimiento

18 de Junio de 2020 ada

Nunca nos cansaremos de decir que en la imperfección del disco de vinilo y los componentes encargados de reproducirlo radica buena parte de su magia. Una magia que, por encima de todo, lo es en términos de sonido, sobre todo en términos de resolución y riqueza armónica y de ese parámetro incuantificable que se denomina fluidez o carácter líquido que, a la postre, se traduce en lo que conocemos como calidez.

Además, y contrariamente a lo que sucede en el ámbito digital, en el mundo analógico hay una serie de estrategias que permiten, a menudo con una inversión mínima, incrementar las prestaciones sonoras de la fuente que tengamos, teniendo en cuenta, a la vez, que la presencia de contacto físico, mecánico, implica la existencia de un desgaste y, en definitiva, de pérdida de prestaciones. Pues bien: las líneas que siguen están dedicadas a reseñar tales estrategias y a los productos encaminados a llevarlas a buen puerto.

 

¿Qué hay que tener claro sobre la lectura de discos de vinilo?

Lo hemos dicho en muchas ocasiones, pero vale la pena insistir en ello: para sacar todo el jugo de un disco de vinilo es fundamental que el sistema encargado de leerlo, es decir, el conjunto formado por giradiscos, brazo y cápsula, sea lo más neutro posible desde el punto de vista mecanoacústico. Por un lado, esto significa que la construcción de dicho conjunto haya sido realizada con materiales que absorben todo tipo de vibraciones y resonancias estructurales.

Por otro, que el conjunto en sí esté aislado de su entorno para evitar que vibraciones o interferencias externas –por ejemplo la onda de aire generada por un woofer a niveles de volumen elevados- acaben siendo captadas por la cápsula y por lo tanto añadidas a la música, con lo que ello conlleva en términos de coloración y distorsión. Mientras que la construcción de un determinado sistema giradiscos-brazo-cápsula se “da por buena” a cuenta de la competencia profesional de quienes lo han hecho posible y en principio no podemos hacer nada para modificarla, al óptimo comportamiento de dicho sistema sí podemos aportar nuestro pequeño grano de arena, actuando –en el caso de que ello sea posible- sobre ciertos ajustes críticos y, en paralelo cuidando una serie de detalles encaminados a preparar nuestros preciados vinilos.

 

Calentando motores: los ajustes a realizar antes de escuchar el primer disco

De entrada, supondremos que nuestro giradiscos descansa sobre una superficie sólida completamente desconectada de su entorno, léase que, como comentábamos anteriormente, no pueda transmitir posibles vibraciones susceptibles de ser captadas por la cápsula.

Esto implica tener nuestra fuente de lectura analógica montada en el estante de un mueble dedicado. Si no es así, las espléndidas bases Ground it Carbon, Ground it E y Ground it deluxe de Pro-Ject resolverán el problema con una efectividad apabullante, hasta el punto de aislar nuestro lector de vinilos de su entorno para que pueda concentrarse en su misión. Sobra decir que tal “plataforma” deberá ser perfectamente plana, lo que podremos comprobar con un accesorio tan simple como un nivelador de burbuja como el Ortofon Libelle o el Pro-Ject Level it. Por otro lado, si nuestro sistema de lectura de vinilos se suministra de fábrica con la cápsula montada y ajustada, lo mejor es no tocar nada en lo que a ajustes relacionados con la fuerza de apoyo de la aguja se refiere. Pero si, como suele ser el caso, compramos un giradiscos con su propio brazo y queremos montar en este último una cápsula de nuestra elección, hay un accesorio que nos irá como anillo al dedo: una báscula para medir la fuerza de apoyo, que bien puede ser mecánica pura como la Stylus Pressure Gauge/Scale de Ortofon o electrónica como la DS-3 de la propia Ortofon o la Measure it E de Pro-Ject.

Puede suceder también que tengamos que montar el brazo de lectura en la base dispuesta para ello en el giradiscos, para lo cual hay que respetar una serie de distancias encaminadas a minimizar los errores de lectura cometidos por la cápsula fonocaptora. Aquí la solución pasa por contar con los servicios de una plantilla de montaje lo más versátil posible, caso de la imaginativa y versátil Align it de Pro-Ject o la Cartridge alignment tool de Ortofon. Con la cápsula ya montada, si el brazo utilizado permite ajustar al azimut un sencillo espejo colocado sobre el plato bastará para comprobar si el cuerpo de la cápsula es perfectamente paralelo a aquél, garantizándose de este modo que la aguja de la cápsula lea el surco de manera perfectamente simétrica y, por tanto, sin favorecer un lado del mismo –léase un canal de audio- sobre el otro.

Otro accesorio a menudo infravalorado y que debería utilizarse incluso cuando se dispone de control electrónico de la velocidad de rotación es el disco estroboscópico, por cuanto permite comprobar que dicha velocidad es exactamente la que debe ser. En este sentido, el SB-2 Stroboscope de Ortofon nos parece perfecto por la elegancia con que desempeña su función. Otro accesorio que merece la máxima atención si nuestro giradiscos no lo incluye de fábrica es algo tan sencillo –y barato- como una esterilla fonoabsorbente que cubra la parte superior del plato, porque sin ninguna duda contribuirá a incrementar la neutralidad tonal del mismo. Valgan nuestras recomendaciones al respecto para los modelos Cork & Rubber it, Cork it y Leather it de Pro-Ject, que juegan con distintos materiales para llevar a cabo el objetivo mencionado. La guinda a lo que acabamos de decir la pondrá un prensador de discos dedicado –si nuestro giradiscos no lo incluye ya de fábrica- por cuando garantiza una lectura más “tranquila” y precisa, al suavizar posibles alabeos de los discos.

¿Opciones? El Pro-Ject Clamp it, el Ortofon Record clamp (que además incluye un nivelador de burbuja en su parte superior, con lo que se matan dos pájaros de un tiro) y el EAT LP Clamp Massive son más que recomendables.

 

Un disco y una aguja limpios suena mejor

Cierto es que la mejor manera de no limpiar es no ensuciar, pero cada uno es como es y además hay muchos discos de ocasión que dejan mucho que desear. Así que lo mejor es curarse en salud y, si se dispone de una buena colección de vinilos, lo mejor es hacerse con una máquina limpiadiscos de cierta sofisticación como la VC-S2 ALU o la VC-E de Pro-Ject o la sencillísima Spin Clean de la misma marca. Igual de crítica es la limpieza de la aguja de la cápsula fonocaptora, hasta el punto de que la incrustación de polvo y residuos puede afectar seriamente a la curva de respuesta en frecuencia.

Aquí bastará con el práctico cepillo multihebra dedicado de Ortofon o su equivalente de Pro-Ject, de nombre Clean it, accesorios que, por otro lado, agradecerán el paso de un cepillo como el Record brush de Ortofon o el Pro-Ject Brush it por la superficie de cada disco –ya con el plato girando- antes de escucharlo. Se trata, en definitiva, de seguir una serie de recomendaciones dictadas por la lógica del sentido común que al alargar la vida de nuestros vinilos favoritos harán lo propio con los elementos más críticos que constituyen el componente encargado de reproducirlos.

 

 

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