La importancia de la dinámica y la respuesta a los transitorios

8 de Mayo de 2020 ada

Ningún amante de la música, de cualquier tipo de música, puede negar que la belleza, la vida de dicha música, se debe a la sucesión de pasajes tranquilos y violentos. Sin estos contrastes, la música sería llana, carente de interés. En consecuencia, todo equipo de reproducción musical que se precie debe ser capaz de seguir, sin traicionarlo, este ritmo. Si dicho equipo transmite un pianísimo (ppp, el párrafo más suave) con normalidad, también debe ser capaz de restituir un fortísimo (ff, el párrafo más intenso) con toda su riqueza y su nivel de presión sonora.

Esto es lo que se conoce por dinámica. Esto significa que sin dinámica no hay restitución de la música a tamaño natural y, como consecuencia directa de ello, tampoco Alta Fidelidad digna de tal nombre.

 

Capacidad dinámica: nada fácil si queremos “sensación de directo”

Si nos fijamos en los compases de, por ejemplo, la partitura de una sonata para piano, veremos que el intérprete, al final de unos acordes muy potentes, va descendiendo de manera progresiva hasta una serie de notas que son interpretadas muy suavemente, como un suspiro (ppp). Hay una diferencia enorme entre este pianísimo y el ataque de uno de dichos acordes algunos compases más arriba. Allí, el pianista ataca con violencia las teclas, de modo que los martillos se desencadenan y en el momento de golpear las cuerdas crean un sonido muy potente. Su nivel medio es muy importante. Pero además existe una punta de potencia muy breve, denominada potencia de pico, en el instante preciso en que se forma el sonido.

Esta punta existe en todos los niveles, es decir, desde ppp hasta ff, es una parte integral del sonido y sin ella éste no tendría la misma naturaleza. Así pues, cada nota, cada acorde, está formado por una potencia media o continua y una de pico. Imaginemos que grabamos esta secuencia: ff y ppp. Si nuestro equipo es capaz de transmitir el nivel de pico más alto, entonces no tendremos problemas de dinámica. Oiremos, por tanto, perfectamente bien las variaciones.

 

No hay que confundir dinámica con nivel de volumen

Pero ¿y si la potencia sonora de nuestro equipo no permite alcanzar este nivel? Pues simplemente que nos “cargamos” el pico. Es precisamente aquí donde interviene realmente la noción fundamental de dinámica, que muy menudo se confunde con escucha a niveles de volumen excesivamente altos. En consecuencia, un buen equipo de Alta Fidelidad deberá ser capaz de transmitir en su totalidad la “vida” de cualquier música, es decir, del ppp al ff. Necesitará, por tanto, disponer de una gran reserva de potencia. Si no es posible, ¿qué haremos? Instintivamente, escucharemos la música a un nivel de volumen relativo excesivamente alto, lo que hará que nuestros ppp sean escuchados a un volumen superior al que les correspondería.

Y en los ataques, cuando se requieren elevadas potencias de pico, nuestro amplificador (y por lo tanto nuestras cajas acústicas) no podrá seguir la música. De todo ello resultará una desnivelación del conjunto y una saturación en las potencias altas, situación esta última que a su vez conllevará de modo permanente el peligro de destruir físicamente los altavoces de nuestras cajas acústicas.

 

Dinámica y mundo real: hablemos de números

Lógicamente, todo lo que acabamos de decir se puede expresar con números. Hemos hablado del volumen sonoro relativo, de ppp, de ff y de picos. Imaginemos por un momento una orquesta sinfónica. Tenemos en primer lugar una flauta en solitario que corresponde a un ppp, pero dos segundos más tarde la orquesta se desencadena. ¿Saben cuál es la diferencia de volumen entre nuestra flauta y el ruido intenso de toda la orquesta? Hay que multiplicar por 1.000.000 el nivel de la flauta para obtener el del conjunto de la orquesta. Para no utilizar números demasiado grandes en los cálculos se opta por trabajar en decibelios, una medida de tipo logarítmico. Así, una diferencia de 60 dB corresponde a ese millón al que nos acabamos de referir (10 multiplicado por el logaritmo en base 10 de 1.000.000). En acústica, todas las medidas de nivel son expresadas con respecto a una referencia, que a su vez corresponde al umbral medio de audibilidad a 1.000 Hz. En consecuencia, un nivel de 100 dB será la diferencia entre dicho umbral y el volumen sonoro de 100 dB.

En términos de potencia hablamos nada menos que de 10.000.000.000 (10 multiplicado por el logaritmo en base 10 de 10.000.000.000 son 100 dB). Coloquemos un micrófono conectado a los aparatos de medida a 1 metro del piano. Toquemos algunas notas de nuestra sonata. Los martillos que ejecutan los acordes ff dan en ese instante 115 dB de pico y 103 dB de valor medio. El último acorde ppp apenas indica 60 dB (valor medio). El volumen sonoro medio de la sonata es de 75 dB, cifra en general correcta para un piano. De todo lo dicho se deduce que existe una dinámica importante en nuestra sonata: de 60 a 115 dB, es decir 55 dB, valor que corresponde a una relación de 1 a 316.000. En consecuencia, nuestro sistema de reproducción musical será fiel sólo si es capaz de restituir el nivel de pico de 115 dB obtenido durante los ataques. Pero, insistimos en ello, estamos hablando de un valor instantáneo y por tanto ello no significa que vayamos a escuchar la música a unos niveles de presión sonora muy altos. Se trata sencillamente de reproducir un instrumento tal cual, es decir, con toda su riqueza y al nivel que le corresponde.

 

Dinámica y productos: muchos son los llamados pero pocos los elegidos

A tenor de las anteriores reflexiones, es fácil deducir que los productos capaces de resolver con elegancia el desafío que supone respetar la dinámica real de voces e instrumentos –y por tanto de una determinada composición musical- son más bien pocos y elitistas, lo que no significa que sea imposible encontrar realizaciones que por un precio moderado permitan disfrutar de una determinada interpretación con el nervio y la emotividad que la caracterizan en un buen directo.

Entre los fabricantes de cajas acústicas extraordinariamente dinámicas brillan con luz propia Wilson Audio y Sonus Faber, mientras que en el ámbito de las electrónicas de amplificación los nombres a retener son D’Agostino Master Audio Systems y Audio Research, sin dejar de lado, a una escala mucho más democrática, Marantz, Primare o PrimaLuna, esta última prodigiosa a la hora de poner la característica personalidad sonora de las válvulas de vacío al alcance de un amplio abanico de aficionados. Que podamos o no tener ese Olimpo de la reproducción sonora en nuestro hogar dependerá también de las dimensiones de nuestra sala –más superficie de sala implica siempre cajas acústicas más grandes y, por supuesto, más potencia de amplificación- y de si realmente queremos una réplica exacta de lo que supondría tener a los músicos delante nuestro o nos conformamos con una versión cuantitativamente menor y por lo tanto más asequible.
 

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