componente audio hifi
La importancia de comprender las especificaciones de los componentes de audio
Fecha 6 Mayo 2024 Autor ada Tags Teoría y Tecnología

Pese a que la palabra “Hi-Fi” (High Fidelity o Alta Fidelidad, que podría traducirse “fiel al original”) es prácticamente sinónimo de audio de alta calidad, su significado ha ido cambiando a lo largo de los años. ¿Por qué? Pues porque, originariamente, cuando se intentaba decidir si un determinado producto era “Hi-Fi” o no, los audiófilos hacían referencia a las prestaciones especificadas en el correspondiente catálogo. Medidas como la gama dinámica, la respuesta en frecuencia, la relación señal/ruido o la distorsión armónica total (THD) ofrecían una base cómoda para comprobar el diseño y la calidad básicos de cada realización. Sin embargo, a medida que los aficionados puristas empezaron a escuchar el sonido en vez de limitarse a leer catálogos y revistas, se hizo evidente que las medidas objetivas eran sólo una parte de la historia.

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Así fue cómo el término “Hi-Fi” evolucionó gradualmente y empezó a referirse a creaciones que, por supuesto, exhibían unas buenas especificaciones, aunque también incluían componentes “premium”, circuitos avanzados, fuentes de alimentación de alta calidad y otras características que no siempre llevaban a mediciones particularmente vistosas, pero mejoraban ostensiblemente el sonido. Este enfoque constituyó un progreso de la máxima relevancia con respecto al uso de especificaciones puras y duras, por cuanto confirmó que el objetivo primordial del audio era reproducir música y no satisfacer únicamente pruebas de laboratorio. De ahí que, desde hace ya un buen par de décadas, “Hi-Fi” implica restituir de manera precisa la totalidad lo que está grabado en un determinado soporte (que puede ser físico o no), sin añadir ruido y distorsión o quitar información.

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Dicho esto, no se puede negar que es necesario un “patrón”, sin pretender “sentar cátedra”, que permita al comprador de un determinado componente de audio tener la certeza de que va por el buen camino, sin que ello constituya un impedimento en la sesión de escucha que determinará su decisión final. De ahí que sea importante conocer lo que hay detrás de ciertos parámetros clave que en algunos casos son comunes a varios aparatos, siendo la curva de respuesta tonal el ejemplo “clásico” al respecto, al especificarse en fuentes y en electrónicas de control y amplificación, cajas acústicas y auriculares.

 

Respuesta en frecuencia

Abreviatura de “respuesta en el dominio de la frecuencia”, especifica el nivel de salida en función de la frecuencia. Es un término comúnmente usado cuando el objetivo buscado es una salida uniforme en el espectro a transcribir. Por regla general, la señal de entrada utilizada a la hora de medirla es un barrido de tonos continuo, es decir, con una única frecuencia a la vez. Cuando se muestran en forma numérica, los tonos que pueden ser grabados o reproducidos se expresan en un rango de Hercios (Hz) o ciclos por segundo, de manera que cuanto mayor sea la magnitud del mismo, mejor será el dispositivo afectado. Las fluctuaciones presentes en esta amplitud de salida son expresadas en +/- unidades en decibelios (dB), de modo que cuanto menor sea, mejor.

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Gama dinámica

Es la diferencia entre los sonidos extremos débiles e intensos que un determinado componente o software de audio es capaz de restituir. Suele medirse a una frecuencia específica, siendo el sonido más débil generalmente determinado por la cantidad de ruido presente y el más intenso por la mayor señal de salida posible sin distorsión. Se da en decibelios (dB), y a superior cifra, mejor.

 

Relación señal/ruido

Indica la cantidad de ruido presente con respecto a la señal de salida. Se obtiene comparando el voltaje de salida (medido con una entrada especificado) con el correspondiente al ruido (medido con el valor de entrada situado en cero). Se indica en decibelios (dB), y cuanto mayor sea, mejor.

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Distorsión armónica total

También conocida por sus siglas en inglés THD (“Total Harmonic Distortion”), refleja la proporción de ruido añadido y elementos de distorsión armónica comparada con la señal original. Aquí vale la pena dedicar unas líneas a explicar el concepto de armónico, vinculado al hecho de que el grueso de sonidos consiste de un tono fundamental, que es su onda de base, y sus armónicos, cuyas frecuencias son múltiplos de aquél. Si queremos hacernos una idea de la importancia de este parámetro, baste con saber que el timbre de un instrumento es definido principalmente por su gama de tonos fundamentales y la distribución espectral de sus correspondientes armónicos, denominados. Esta es una de las razones clave por las que los legendarios violines Stradivarius poseen un sonido tan característico (y sublime), ya que son capaces de generar armónicos superiores a los de los modelos convencionales.

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Frecuencia de muestreo

Mientras que las ondas analógicas cambian infinitamente en tiempo y magnitud, las digitales son discretas en el tiempo y aquella varía en cantidades específicas. En audio digital, las señales analógicas continuamente variables son convertidas en digitales que varían de manera precisa mediante el “muestreo” de las primeras en intervalos de tiempo concretos y la “cuantificación” del valor de cada muestra en valores específicos. No obstante, lo digital que es muy cómodo en términos de grabación y transmisión, debe ser reconvertido de nuevo en analógico a fin de que sea audible. Esto nos lleva a un concepto muy popular (y crucial) en la actual era del audio de alta resolución o “Hi-Res”: la frecuencia más alta que se puede grabar o restituir con un equipo digital es la mitad de la de muestreo elegida, refiriéndose ésta a la del esquema de codificación digital PCM, ya que el “resucitado” DSD (base del Super Audio Compact Disc SACD) se basa en una filosofía completamente diferente pese a que se pueden establecer equivalencias.

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Una búsqueda en permanente evolución

Si el objetivo de la Alta Fidelidad es devolver la música a la vida sin aditivos, el resultado a obtener debería ser una fiel recreación de la interpretación original. ¿Pero qué sucede si se demuestra que la grabación en sí/el soporte que la alberga difiere de la citada interpretación? A grandes rasgos, esta sería la justificación última de la existencia del denominado audio High End y, en consecuencia, del hecho de que todavía son muchos los amantes de la música que siguen prefiriendo el sonido “analógico” del disco de vinilo (que puede tener una curva tonal objetiva de 8 a 50.000 Hz) al del universo “numérico”, “Hi-Res” incluida. Ya que, en su opinión, refleja mejor, a pesar de su imperfección, la esencia de un concierto en directo. De ahí la necesidad de “armonizar” parámetros objetivos y escucha a la hora de tomar las siempre críticas decisiones de compra.

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