Con más de 40 años en la primera división del Cine en Casa, JBL Synthesis se ha labrado una reputación entre los entusiastas del espectáculo audiovisual doméstico, que sólo puede compararse con la de sus monitores de estudio y creaciones ya icónicas en la historia de la Alta Fidelidad como el atemporal Paragon o las ultrasofisticadas Project Everest DD67000. Pero asociar la división premium de la compañía fundada en 1946 por James B. Lansing a una mera propuesta en A/V High End es quedarse corto y no hacerle justicia.

¿Por qué? Pues porque estamos ante algo que va mucho más allá del término “Cine en Casa” en su interpretación coloquial. Es en estas coordenadas donde queremos situar el presente Blog, dedicado a comentar los aspectos más significativos de un proyecto que vio la luz hace más de 40 años, en 1983 para ser exactos. El motivo fue un encargo de la legendaria productora estadounidense Lucasfilm a JBL para que desarrollara el primer conjunto de cajas acústicas para A/V doméstico comercializado bajo licencia THX. Expresado con otras palabras, JBL Synthesis nace de la firme determinación de Hollywood por poner a punto un cine digno de tal nombre en espacios privados.
La élite audiovisual ¡y mediática! de JBL
Del mismo modo que en el mundo del automóvil es muy frecuente separar la división de alta gama de la marca principal, como por ejemplo Lexus y Toyota, la californiana JBL decidió hacer lo propio para segregar claramente sus sistemas de altavoces y electrónicas pensadas para los cines privados más ambiciosos. El momento llegó, como apuntábamos anteriormente, en 1983, aunque en términos estrictos de producto el verdadero punto de partida de JBL Synthesis se sitúa nueve años después, en 1992, con el lanzamiento al mercado del primer conjunto de Cine en Casa completo homologado THX.

Lógicamente, las particulares demandas de la reproducción a tamaño real de películas en el hogar comportan unos condicionantes técnicos en términos de nivel de presión sonora, dinámica, definición y espacialidad que sólo están al alcance de muy pocos. Es aquí donde entra en juego la experiencia única de JBL, concretamente la de su celebrada gama profesional, formada por modelos destinados bien a estudios de grabación, bien a salas cinematográficas comerciales, bien a sonorización profesional. Sin ir más lejos, a la firma de Northridge se debe la puesta en escena sonora de eventos tan emblemáticos como el festival Woodstock 1999, la Super Bowl, la ceremonia de los Grammy Awards o incluso la Copa del Mundo de Fútbol de 2002 en Seúl.
La clave: excelencia en cine y música “lista para disfrutar”
El que sin duda es uno elementos clave de la filosofía de JBL Synthesis es su capacidad para plantear conjuntos cinematográficos “llaves en mano” que integran cajas acústicas, procesadores, receptores y amplificadores concebidos para funcionar en perfecta armonía, con el fin de ofrecer una experiencia cinematográfica de calidad profesional en un entorno residencial. Sobra decir que un objetivo tan ambicioso es imposible de asumir si no está respaldado por una dilatada trayectoria en cine “profesional”, con lo que ello comporta en tecnologías patentadas en todos los ámbitos involucrados.

Para explicar esto con un poco de detalle, lo mejor es glosar la filosofía que hay detrás de la empresa estadounidense, ya que abarca varias disciplinas que interactúan entre sí. Así, lo primero que hay que destacar de JBL Synthesis, y que de hecho acabamos de señalar, es precisamente el enfoque en términos de ecosistema si lo prefieren, que propone. ¿Qué significa esto? Pues que, contrariamente a la compra de componentes separados, aquí se suministra una solución completa (cajas acústicas+electrónicas+calibración) y el pertinente enfoque en términos de estructuración de la gama disponible. Situado el texto en su contacto, veamos, a modo de resumen, lo que hay que saber de la firma estadounidense.

En primer lugar, insistimos, debemos tener claro que apostar por JBL Synthesis es hacerlo por un “universo” ideado para lograr una coherencia en la reproducción de las voces y de las prestaciones globales no sólo óptima, sino también evolutiva, desde pequeñas habitaciones hasta salas privadas de grandes dimensiones. El segundo aspecto a considerar, que de hecho complementa al anterior, es la calibración de cada conjunto para la estancia que lo alberga, a fin de garantizar unos resultados excepcionales en impacto dinámico, restitución precisa de las sutilezas armónicas e inmersividad desde cualquier punto (asiento) de la misma.
Una ingeniería fruto de 80 años de experiencia en lo más alto del audio
El enorme nivel de exigencia que comporta un “ethos” tan estricto, aunque flexible en lo formal, nos conduce directamente a otra cualidad esencial, al tiempo que previsible, de la empresa californiana: el empleo generalizado de una ingeniería avanzada y única (a menudo patentadas) a partes iguales, bien se trate de los altavoces de las cajas acústicas y la gestión de la difusión sonora de los mismos, bien de las electrónicas encargadas de atacarlas, entendiendo que la sinergia entre ambas categorías de productos es total.

Puestos a subrayar los aspectos más relevantes, el primero es sin duda el más “genuinamente JBL”: el uso de transductores con cámara de compresión nacidos de los legendarios monitores de estudio de la compañía, que son los responsables últimos de la precisión, la capacidad de análisis y la garra que caracterizan al “sonido JBL Synthesis”. A ellos habría que añadir astucias tan efectivas como las guías de onda HDI (“High Definition Imaging”), cuyo cometido es asegurar una dispersión de las ondas sonoras fluida y controlada que amplía la zona de escucha ideal. El tercer elemento lo encontraríamos en la denominada Gestión del Campo Sonoro (“Soundfield Management”), siendo uno de sus objetivos primordiales la obtención de unos graves potentes y naturales con una variación mínima de un asiento a otro.

En el ámbito de la amplificación, se utilizan indistintamente circuitos configurados en las Clases G y D, donde la primera es una variante que armoniza la naturalidad de la Clase A con la eficiencia de la Clase AB a fin de disponer de potencias de salida considerables. Por su parte, el crítico procesado multicanal es confiado a electrónicas dotadas con la tecnología más avanzada disponible que además cuentan con la escalabilidad requerida (número de canales, sin ir más lejos) para satisfacer las demandas de unos equipos que la inmensa mayoría de veces están hechas a medida.
Una generosa gama estudiada para disponer de la máxima flexibilidad
Teniendo claro lo anterior, ha llegado la hora de dar unas pinceladas a los productos que posibilitan la materialización de la filosofía JBL Synthesis, siempre dentro del contexto de un aspecto diferencial de la compañía estadounidense: los responsables de llevar a cabo cada proyecto (tiendas, integradores) son cuidadosamente seleccionados en función de su experiencia en audio de alta gama. Unos profesionales que representan el no va más en concepción y ejecución de salas cinematográficas, que además se benefician de una formación continuada y del apoyo de los ingenieros de JBL. A continuación, esbozamos algunos modelos particularmente significativos del catálogo actualmente disponible por cuanto permiten hacerse una idea de su potencial:
- Amplificadores: Hablamos fundamentalmente de etapas de potencia. El buque insignia es la estilizada SDA-8300. Entrega 8x300 W RMS a 8 ohmios, 8x300 W RMS a 4 ohmios u 8x150 RMS a 2 ohmios que se convierten 4x600 W RMS funcionando en modo puenteado, al tiempo que dispone de una conexión digital para el sofisticado ecualizador de salas SDEC de JBL

- Procesadores de A/V: Auténtico centro neurálgico de JBL Synthesis, constituyen la herramienta definitiva (descodificación de audio multicanal clásico y 3D, conectividad en sonido, imagen y acceso a redes) para adaptar su “personalidad” única a las especificidades de cada estancia. Lo corroboran la joya de la corona en la materia, el SDP-75, configurable en 16, 24 ó 32 canales y que incluye el célebre “Trinnov Optimizer”, y el más asequible, aunque igualmente extraordinario, SDP-58, con 16 canales y calibración Dirac Live.

- Receptores de A/V: Es el compromiso entre quienes busca excelencia con mayúsculas y la comodidad del formato integrado para “motorizar” salas más pequeñas y un menor número de cajas acústicas. Se plasma en el fabuloso modelo de 7.2 canales SDR-38, una vibrante fusión de alma audiófila (amplificación en Clase G con 100 W RMS por canal), polivalencia en audio y vídeo (compatibilidad 4K HDR y Auro-3D, por ejemplo) y conectividad a redes.

- Cajas acústicas: La componente más “JBL” de los JBL Synthesis la encontramos en la gama de altavoces SCL, acrónimo de “Synthesis Custom Loudspeakers”, pensados para ser bien invisibles, bien discretamente visibles a fin de no romper la estética de la sala y, por supuesto, exhibiendo unos registros comparables a las de un modelo de suelo. Aquí tenemos desde referencias para los canales frontales y de efectos (desde las fabulosas cajas acústicas SCL-1 y SCL-2 hasta prácticos modelos empotrables como el SCL-8) hasta subwoofers (SSW-1, SSW-2, SSW-3 y SSW-4). En todos ellos, hay que resaltar la polivalencia en términos de montaje, que puede ser tanto empotrado como detrás de una pantalla acústicamente transparente.

Un referente inapelable
Lo podemos comprobar año tras año en la sala que brilla con luz propia en el potente certamen ISE (“Integrated Systems Europe”): JBL Synthesis es mucho más que “otro” jugador en el universo de las cajas acústicas de referencia, puesto que proporciona un enfoque global con materialización a la carta dirigida a los entusiastas de la música y el cine que piden el no va más en realismo, y, por supuesto, una fiabilidad extrema en un entorno doméstico/residencial. En definitiva, estamos ante el indiscutible número uno actualmente existente a escala planetaria dentro de su especialidad.