JBL 4367 a prueba

8 de Abril de 2020 ada

El modelo superior de la gama de monitores de estudio de JBL hace honor a una tradición única en sistemas de altavoces para aplicaciones profesionales de altos vuelos. Equipada con transductores extraordinariamente avanzados, robustos y fiables fabricados por la más icónica de las firmas californianas especializadas en cajas acústicas, la 4367 impacta por la pegada sobrenatural de sus graves y el realismo de su presentación espacial a niveles de presión sonora indiscutiblemente asimilables a los de una interpretación en directo.

Unas cualidades que se complementan con la legendaria transparencia y la no menos legendaria calidad constructiva de JBL para ofrecernos una manera distinta de enfocar la reproducción sonora de alto nivel en el hogar.

 

Sentir la emoción de la música

El concepto de Alta Fidelidad no es nada ambiguo en su definición y aspiraciones cuando de reproducir música se refiere. Lo que se busca es tener en casa, con el máximo realismo posible, lo que sentimos durante la escucha en vivo de esa misma música. Hablamos de precisión tonal, léase amplitud de la curva de respuesta en frecuencia –idealmente plana entre 20 y 20.000 Hz- y capacidad de restitución de los contrastes dinámicos a gran y pequeña escala, pero también de presentación espacial, de información de ambiente, todo ello a niveles de presión sonora lo más similares posible a los de dicha escucha en vivo. Cierto es que no todos los amantes de la Alta Fidelidad exigen la última de las características mencionadas, pero los que sí lo exigen, entre otras cosas porque se lo pueden permitir tanto por la envergadura de su equipo como por las dimensiones de la sala que lo alberga, tienen un número relativamente limitado de opciones donde elegir.

Unas opciones que en el caso de las cajas acústicas se podrían dividir en tres grandes grupos: los representantes del High End a la manera clásica, los sistemas de alto rendimiento y las realizaciones que en cierto modo constituyen un híbrido de unos y otros. A este último grupo pertenecen los sistemas de altavoces utilizados en monitorización profesional, un tipo de producto poco habitual en el audio de excepción doméstico pero que además de tener sus adeptos ofrece una restitución sonora cuya frescura impresiona. Desde luego, si hay un especialista bregado en la materia, y además desde hace décadas, es la californiana JBL, que desde su fundación en 1946 ha figurado en la élite de la reproducción sonora para aplicaciones domésticas y profesionales.

 

JBL 4367: una conexión única entre el mejor audio “pro” y el High End

Desde siempre, JBL ha logrado marcar diferencias en sus sistemas de altavoces para monitorización “de estudio” gracias al uso de transductores altamente sofisticados originarios de la marca, transductores que bien en su versión “pro” original, bien ligeramente modificados, también han sido empleados en realizaciones más genuinamente High End en el sentido tradicional del término. Hay, sin embargo, modelos que en realidad son diseños para estudio de grabación directamente adaptados para la escucha doméstica, como es el caso del que protagoniza el presente Blog: la columna 4367. Como afirman sus creadores, estamos ante una poderosa caja acústica de inspiración profesional que utiliza una configuración bass-reflex –con dos puertos frontales para controlar mejor la extensión y pegada de la respuesta en graves- de dos vías y dos altavoces.

Conectando con lo que decíamos anteriormente, esos dos altavoces han sido desarrollados por JBL, en concreto un imponente woofer de 380 mm con cono de pulpa pura revestido de Aquaplas, chasis de fundición y un transductor de medios/graves con carga por bocina exponencial. De nombre 2216Nd, el woofer incorpora una doble bobina móvil de 75 mm “Differential Drive” exclusiva de JBL y un potente motor magnético con imán de neodimio que le permiten exhibir un comportamiento excepcional en la reproducción de las frecuencias bajas y medias/bajas del espectro, situándose el punto de corte inferior a -6 dB de la curva de respuesta en frecuencia en 30 Hz. Por su parte, las frecuencias medias/altas y altas del espectro son reproducidas por el denominado D2430K, un sofisticado transductor con doble diafragma, dos bobinas móviles y dos motores de neodimio con cámara de compresión que se completa con la innovadora bocina con guía de ondas “High Definition Imaging” (HDMI) exclusiva de JBL. Como corresponde a una caja acústica de esta categoría, la circuitería que gestiona el sistema de altavoces descrito está ejecutada con componentes de la máxima calidad y utiliza una placa de circuito impreso separada para cada transductor a la vez que contempla el siempre útil bicableado.

Pero hay más, ya que como es habitual en los monitores de estudio de JBL, el comportamiento de la citada circuitería puede ser modificado por el usuario desde los dos controles situados en la parte inferior de los “labios” de la bocina de medios/agudos. El primero de dichos controles se llama HF y permite ajustar entre -1 dB y +1 dB el nivel de las frecuencias comprendidas entre 600 y 9.000 Hz, mientras que el segundo, de nombre UHF, proporciona un ajuste similar entre 4.000 Hz y más allá de 20.000 Hz. Todo ello nos lleva a una característica “colateral” de lo más interesante: la elevada polivalencia música/cine de la 4367, que se completa con un elegante recinto muy robusto con refuerzos internos terminado en chapas de madera auténtica muy al estilo de JBL.

 

La escucha: graves demoledores y presencia sonora espectacular

Pese a una sensibilidad de 94 dB/W/m, una impedancia nominal de 6 ohmios y una potencia de amplificación mínima de 25 vatios continuos que sobre el papel la convierten en una caja acústica relativamente cómoda de atacar, la 4367 se siente más a gusto con electrónicas contundentes. Es por ello que para escucharlas recurrimos a las demoledoras Progression Mono de D’Agostino Master Audio System, confiando la parte de control a un preamplificador de línea a válvulas Reference 6 de Audio Research y utilizando como fuente el exquisito reproductor digital SA-10 de Marantz, con conexiones confiadas a los formidables Transparent Reference de 5ª Generación.

Con una configuración electroacústica que proporciona una flexibilidad de ubicación máxima, la 4367 es una de esas cajas acústicas que muestran su poderío de inmediato, con unos graves sencillamente demenciales que ponen en valor las grabaciones más atrevidas, desafiantes si lo prefieren. Y si decimos demenciales es porque en la zona inferior del espectro de la JBL no sólo hay extensión, sino un control tan extraordinariamente férreo que la pegada que obtenemos es literalmente visceral. A ello se suma la sensación de transparencia y espacialidad –parámetro este último que si requiere algo de ajuste durante el posicionamiento de las cajas en la sala- aportada por la imponente bocina de medios/graves, una sensación que se plasma en la presencia casi física de los intérpretes en la sala por cuanto se mantiene intacta sea cual sea el nivel de volumen al que se lleve a cabo la escucha. Conectando con nuestras reflexiones iniciales, no cabe la menor duda de que la JBL 4367 nos propone una manera “distinta” de entender la reproducción musical doméstica a tamaño real… y logra convencer.

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