Es el presente Blog muy especial al estar protagonizado por un tipo de espacio que goza de gran predicamento en Japón desde la década de los 50’ del siglo pasado, pero que de un tiempo a esta parte ¡más de medio siglo después! se ha convertido en tendencia en Estados Unidos y Europa: los “Hi-Fi Bar”. Con el fin de situar el texto en su contexto, empezaremos diciendo que no nos cabe la más mínima duda de que muchos amantes del sonido de alta calidad que acudieron a la edición de 2023 del monumental certamen Integrated Systems Europe, más conocido por sus siglas ISE, quedaron gratamente sorprendidos, cuando no cautivados, por una propuesta integrada en el stand del McIntosh Group. Dicha propuesta se llamaba “FRANKIE’S” (en honor de Frank McIntosh, fundador de la marca de Binghamton y, a continuacion, “A HIFI BAR”.

Asimismo, unas bonitas chapas metálicas que se ofrecían a los asistentes puntualizaban, sobre el espacio en cuestión, “Powered by McIntosh & Sonus Faber”. ¿De qué se trataba”? Pues de un bar/coctelería de diseño (ver fotografía) en el que la música era la protagonista… pero no música de cualquier manera, con esa calidad sonora aceptada por la mayoría de mortales durante sus momentos de ocio/relax, sino en auténtica Alta Fidelidad. En definitiva, un espacio de entretenimiento donde la musicalidad habitual en los conjuntos High End domésticos tenía una importancia relevante y, por tanto, en el que fuentes, electrónicas y cajas acústicas eran fundamentales, incluso en lo visual, como se deduce de ese “Powered by McIntosh & Sonus Faber” que acabamos de apuntar. ¡Bienvenidos a lo que se conoce por “Hi-Fi Bar”, “Listening Bar”, “Bar de Alta Fidelidad” o “Audiophile Bar”, una (sanisima) idea que tuvo su origen en Japón hace sus buenas siete décadas y ahora es tendencia en Occidente, España incluida!
“Kissa”: el origen de todo
El origen de los “Hi-Fi Bars”, término acuñado en Estados Unidos, se remonta a los “kissa”, abreviatura de la palabra japonesa “kissaten”, cuya traducción literal es “tienda de té” pero que en país de origen se asimila a cafetería. En concreto, los bares en cuestión son una variante de los citados kissaten que desde los años 50’ del siglo pasado (aunque su origen exacto se remonta a la década de los 20’, motivado por los elevados precios de las grabaciones de la época y el ansia por escuchar la música que contenían… de ahí el recurso a locales públicos) salpican las callejuelas de Tokio y que con el paso de los años se extendieron a otras ciudades de Japón. Por lo demás, la idea de base es bien simple: hablar menos, escuchar más.

De ahí que estos espacios tan peculiares, por regla general pequeños e intimistas, se conozcan con el término “Listening Bars”, siendo una característica esencial la presencia, en un entorno de baja iluminación y con la compañía de café y un amplio surtido de bebidas, de equipos estereofónicos formados por componentes de Alta Fidelidad “residencial” (en vez de “pro”), la mayoría de ellos High End, acompañados por generosas colecciones de discos de vinilo y una cuidada selección de música por parte de los profesionales al mando. Y sin descuidar una decoración en la que la componente acústica sí importa. ¡En definitiva, un auténtico paraíso para los melómanos! De hecho, en Japón algunos locales fusionan el concepto de “Listening Bar” con el de “club audiófilo”, hasta el punto de que a los socios se les permite llevar sus propios discos y escucharlos en conjuntos a veces valorados en varios cientos de miles de euros.
“Hi-Fi Bar”: de la teoría a la práctica
En general, un “Hi-Fi Bar” vendría a ser el equivalente público de una sala de escucha privada porque, no lo perdamos de vista, en el fondo es un bar. Un bar “musical”, en el sentido de que la apreciación de las sutilezas de las piezas allí reproducidas es fundamental, a lo que hay que añadir una atmósfera que fomente su disfrute y la relajación por encima del “barullo” provocado por la presencia de múltiples conversaciones simultáneas y, por supuesto, del negocio puro y duro de, por ejemplo, una cafetería convencional o una discoteca. En este sentido, no hay que olvidar que el cliente de un “Bar de Alta Fidelidad” es “diferente”, posee una gran biblioteca musical y un sistema de audio en consonancia.

Porque, tal y como afirma Danny Tailor, diseñador del “Listening Bar” Eavesdrop (Brooklyn, Nueva York) y propietario de la empresa consultora en audio House Under Magic, “Por definición, escucha significa prestar atención al sonido. En su forma clásica, el Kissa japonés convierte la música en el centro del negocio, haciendo que el resto, conversaciones entre presentes incluidas, sea secundario. La interpretación más contemporánea de esta filosofía es que la escucha presta atención a los detalles, aportando a la vez la capacidad de sumergirse en la experiencia”. Esto hace que también los asientos/sofás sean especiales, a fin de multiplicar la confortabilidad, mejorar la acústica del local, asociada a la experiencia sonora. En síntesis, igual que lo que hacemos con una cadena de Alta Fidelidad en la intimidad de nuestro hogar. El “ethos” de estos especialisimos locales, a menudo equipados con sistemas de altavoces hechos a medida, se refleja asimismo en el bautizado como “High Fidelity Vinyl Bar” Equipment Room, situado en el interior de un hotel en Austin, Texas, y fruto de la pasión compartida de sus dueños por Japón, desde el disco de vinilo y la Hi-Fi vintage hasta el sake.

Dispone de una cuidada colección de más de 1.200 LP’s formada en su mayoria mayoritaria por títulos de jazz, blues y soul, aderezada por elementos tan puristas como una puerta de entrada que aísla el sonido y un tratamiento acústico no invasivo en términos de decoración que, además, permita escuchar música y conversar. Hasta los menús correspondientes a los cócteles y la comida han sido concebidos a conciencia para rendir homenaje a la cultura kissa que lo ha inspirado.

En el enlace que sigue encontrarán una selección de “Hi-Fi Bars” de renombre internacional: https://huckberry.com/journal/posts/everything-you-need-to-know-about-listening-bars-and-our-favorite-11-to-visit-around-the-world .
También en España, por supuesto
Por fortuna, en nuestro país existe una propuesta cada vez más consistente en materia de “Bares de Alta Fidelidad” a la manera de lo que se puede encontrar en la órbita anglosajona, en Francia y ¡cómo no! en Japón. Por ejemplo, en Madrid tenemos el Tempo Audiophile Club, donde el disco de vinilo y las electrónicas de McIntosh gozan de un protagonismo destacado, por no decir estelar. También GOTA Wine, Los 33 (con cajas acústicas firmadas por JBL) y el restaurante japonés con coctelería Mateo Honten (de nuevo, con McIntosh).

En Barcelona están el Oblicuo Hi-Fi Bar (especializado en jazz y música electrónica), el Curtis Audiophile Cafe o la HIFI CAFETERÍA, mientras que en Valencia tenemos Hifi Club, con una oferta musical harto ecléctica. Hay componentes comunes a la inmensa mayoria estos espacios, amén de la apuesta por la calidad sonora extrema vía componentes de audio High End: iluminación tenue, integración de mobiliario de corrección/tratamiento acústico en la decoración y la alternancia de escucha musical a la manera audiófila con DJ’s.
McIntosh, JBL y Sonus Faber: la “vía real” para los “Hi-Fi Bars”
La propuesta de Sarte Audio para poner a punto el concepto “Kissa” en nuestro país se concentra en tres compañias legendarias: las estadounidenses McIntosh (electrónicas a válvulas y transistores, fuentes digitales y analógicas), JBL (cajas acústicas High End y para monitorización) y la italiana Sonus Faber (con una extensa gama de refinados sistemas de altavoces para Alta Fidelidad y e instalaciones personalizadas).

Tres firmas miticas a las que se podrían añadir otras muchas en función de las características de cada local y que son cumplimentadas por la cualidad que sin duda marca la diferencia: la experiencia única adquirida por nuestra empresa en el diseño de locales, a veces de gran complejidad, donde la búsqueda de la perfección sonora es la estrella indiscutible. Y sin perder de vista que en un “Hi-Fi Bar” deben confluir de manera armoniosa condicionantes físicos propios de los locales comerciales y profesionales (normas de seguridad incluidas) con los requeridos en la puesta a punto de una sala de escucha doméstica dedicada.