Final Sonorous VIII a prueba

23 de Febrero de 2016 Sarte

Una lección de sabiduría tecnológica y respeto por la música

Número dos de la renovada gama de auriculares circumaurales de la japonesa Final, los Sonorous VIII fascinan ya de entrada por su estética marcadamente “vintage”, pero diferente, y la pureza de sus líneas. Una impresión que se convierte en profunda admiración cuando se descubre el carácter extraordinario de la calidez, la riqueza de matices, la dinámica y la presentación espacial con que reproducen cualquier género musical desde todo tipo de dispositivos.

Esto se debe a una ingeniería muy imaginativa basada en soluciones únicas y ejecutada con materiales de alta calidad. No nos equivocamos si decimos que los Sonorous VIII constituyen una invitación en toda regla a redescubrir en la intimidad –y donde nos plazca- grabaciones de las que ya creíamos saberlo todo.

 

Clásicos por fuera, revolucionarios por dentro

La explosión del audio portátil auspiciada por la combinación de dispositivos móviles de nueva generación e Internet ha tenido como efecto “colateral” un brutal relanzamiento del uso de auriculares. La expansión de los contenidos disponibles al ámbito del High End por cortesía de lo que ya se conoce comúnmente como “audio de alta resolución” (aunque el disco de vinilo, las cintas de carrete abierto, el SACD, el DVD Audio y el Blu-ray Disc son también “Hi-Res”), ha hecho que la mencionada “resurrección” haya generado una cantidad ingente de diseños que no sólo habría que calificar de exclusivos por motivos “emocionales”, sino por las absolutamente excepcionales prestaciones sonoras que ofrecen.

A nivel de ingeniería, hay una solución que gana por goleada: los modelos equipados con transductores electrodinámicos, idénticos -aunque en este caso capaces de reproducir todas las frecuencias del espectro de audio- a los empleados en las cajas acústicas de toda la vida. Hay algunas excepciones, caso de los diseños equipados con transductores planos de tipo isodinámico y electrostático, pero el dominio del sistema electrodinámico es abrumador.

Sin embargo, ya se sabe que lo importante en esta vida, en particular cuando se busca sobresalir de la manada, es saber macar diferencias. Y en el ámbito del audio, las diferencias se generan muy a menudo combinando pequeños refinamientos en puntos de relevancia variable. Los auriculares no son una excepción, y a pesar de ser un producto conceptualmente simple, materializar hasta el límite de sus posibilidades lo que se conoce como percepción binaural permite al diseñador exigente jugar con muchos parámetros.

Sobra decir que lo que a nosotros nos interesa es la calidad sonora pura y dura entendida en el tipo de producto que protagoniza este Blog, así como la búsqueda del máximo realismo sonoro en el contexto de la escucha de música en la intimidad. A modo de resumen, se podría decir que los elementos clave a considerar serían el transductor, el “recinto” que lo alberga y el sistema de carga empleado, así como la posición de las orejas con respecto al sistema de emisión sonora.

Todo ello sin descuidar aspectos de tipo práctico que en unos auriculares tienen un papel fundamental: ergonomía, ligereza… no hay que olvidar que un buen ajuste –aquí intervienen también la diadema y las almohadillas- implica sentirse a gusto con un producto que, de hecho, “se lleva puesto” y, por tanto, invita a realizar sesiones de escucha de larga duración. Pues bien: fiel a un espíritu purista y detallista entroncado en la tradición milenaria de búsqueda de la armonía consustancial al ADN de Japón, la veterana firma nipona Final ha creado con los Sonorous VIII unos auriculares circumaurales que aspiran a ofrecer lo máximo en calidad sonora sin compromiso aportando además un elevado grado de comodidad y portabilidad.

Estéticamente muy “japos”, son unos auriculares prodigiosos por el mimo con que han sido fabricados –a mano y, queremos insistir en ello, en Japón- y la originalidad de algunas de las soluciones que albergan en su interior. Con unos cascos que combinan ABS (un material sintético –de tipo plástico- que combina robustez y ligereza extremas) y acero inoxidable, los Sonorous VIII recuerdan poderosamente, aunque más estilizados, a las realizaciones niponas de finales de la década de los setenta/principios de los ochenta del siglo pasado.

Dichos cascos  constituyen la cámara de resonancia para un sofisticado altavoz electrodinámico de 50 mm de diámetro que combina un soporte de aluminio con un diafragma de titanio en el contexto del exclusivo esquema BAM. Es precisamente este esquema la componente “ingenieril” clave de los Sonorous VIII: BAM son las siglas de “Balancing Air Movement”. Se trata de un concepto desarrollado por Final que abarca el diseño de los diferentes elementos constructivos del subsistema acústico de los Sonorous VIII, desde la almohadilla hasta el casco, con el fin de controlar el movimiento del aire y evitar de ese modo las sobrecargas de presión que limitan la escucha de música con auriculares y que reducen de manera drástica lo que podríamos llamar su “confortabilidad emocional”.

El despiece del BAM permite ver una serie de astucias que, debidamente estudiadas, permiten “gestionar” el sonido con una precisión sin precedentes en un producto aparentemente muy simple. Nada más lejos de la realidad, porque el sistema creado por Final hace que el camino recorrido por el sonido desde la zona más alejada de la oreja del oyente hasta las almohadillas -diseñadas para que tengan una resilencia óptima- tenga el menor número de “altibajos” abruptos en términos de presión.  Con esta técnica se logra que la escucha gane en naturalidad y posea una aireación propia de los diseños abiertos de muy alta gama basados en transductores planos. Todo ello con el “plus” de una impedancia de 16 ohmios que permite a los Sonorous VIII ser excitados sin problemas, y además con niveles de presión sonora respetables, por prácticamente cualquier dispositivo portátil de última generación. Por otro lado, los 490 gramos de peso de los Final contribuyen a minimizar cualquier posible fatiga incluso en aplicaciones genuinamente portátiles.

 

Musicalidad y polivalencia excepcionales

Decidimos probar los Sonorous VIII con dos opciones a nivel de fuente: por un lado, y pensando en una aplicación más tradicional, conectándolos al amplificador de auriculares con funcionalidad USB-DAC incorporada Marantz HD-DAC1; por otro lado, y en este caso teniendo en mente un tipo de aplicación donde el parámetro movilidad tenga más relevancia, con un reproductor portátil de muy altas prestaciones, concretamente el modelo AK240 de Astell&Kern.


Como no podía ser de otro modo en unos auriculares circumaurales firmados por Final, los Sonorous VIII seducen poderosamente por el sentido el equilibrio que aportan al sonido. Son elegantes y educados, civilizados hasta la exasperación, con un equilibrio tonal que se mantiene intacto sea cual sea el volumen al que se desarrolla la escucha, que con el AK240 puede llegar a ser muy respetable y con el HD-DAC1 sencillamente apabullante. En segundo lugar, los graves son francamente logrados en profundidad y delineación, lo que junto a unos medios que rozan la perfección gracias a su total ausencia de distorsión, nos lleva a una respuesta en frecuencia subjetiva extraordinariamente amplia que jamás provoca fatiga auditiva y que posee una dinámica, una resolución y una focalización magníficas. Sobra decir que a esta virtualmente total ausencia de fatiga auditiva contribuye lo suyo la combinación formada por la diadema y las almohadillas, que se adaptan a nuestra cabeza como un guante. Que el tratamiento de medios y agudos en un trayecto de señal tan corto y delicado ha sido realizado a conciencia se nota de inmediato en la reproducción de voces y coros, muy limpias y sin apenas coloración en la zona alta de las mismas.
Con el HD-DCA1, el “turbo” que supone la entrada en juego de una electrónica de amplificación –y adaptación de impedancias- diseñada con criterios audiófilos hace que la extensión de la zona baja sea todavía mayor, a la vez que la pegada global puede incluso competir con la de los mejores diseños profesionales aunque con una calidez y una sensación de espaciosidad, de ausencia total de claustrofobia, muy superiores.
Comparar los Sonorous VIII con sus formidables hermanos mayores, los Sonorous X, puede parece un recurso fácil, pero aquí la característica honestidad del High End nipón más noble juega a nuestro favor: en el contexto del High End con mayúsculas, los Sonorous VIII no sólo poseen una relación calidad/precio fastuosa, sino que pueden rendir casi al máximo de sus posibilidades con un amplísimo abanico de equipos. En cualquier caso, quienes quieran el “diez sobre diez” con las máximas garantías verán colmadas sus aspiraciones incorporando una electrónica dedicada del calibre del Marantz HD-DAC1, prodigioso tanto a nivel analógico como digital.
 

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