Si hay ahora mismo un nombre genuinamente “japo” en el reñido mercado de los auriculares, no cabe la menor duda que tal honor corresponde a Final Audio Design, alias Final. Hay otras con igual lustre, pero con una propuesta más al gusto internacional en la inmensa mayoría de productos de sus catálogos. Por el contrario, la compañía fundada en 1974 por el ultraperfeccionista Kanemori Takai, encarna como pocas ese sentido de búsqueda de la armonía a través de la innovación técnica, de obsesión por la excelencia de los materiales y la artesanía… en definitiva, de pasión, en línea con la tradición del Imperio del Sol Naciente, por la calidad y las cosas bien hechas.

Un enfoque que podemos percibir no sólo en las realizaciones de élite de la marca, sino incluso en las que están al alcance de todos los bolsillos. El protagonista del presente Blog representa magníficamente lo dicho, aunque desde un segmento de precio que podría calificarse como High End asequible, al situarse su precio en la órbita de los 2.000 euros. Su nombre es DX6000 y es un producto especialmente relevante, al suponer el regreso de Final al mercado de los auriculares con transductores electrodinámicos, una categoría en la que ha estado ausente desde que descatalogó su aplaudida gama Sonorous. Esto quiere decir que estamos hablando del primero de una “dinastía”, la Serie DX para ser exactos, y, en consecuencia, que incorpora novedades sustanciales en su concepción y su ingeniería que nos han impresionado. Y, por supuesto, su sonido es un dechado de transparencia, vitalidad y precisión tonal.
Transductor electrodinámico: un clásico en evolución permanente
La enorme evolución experimentada por las soluciones técnicas disponibles para escuchar música en la intimidad, no debe hacernos olvidar que, inicialmente, el transductor electrodinámico era el rey absoluto de la ecuación. Decimos esto porque la excelsitud demostrada por los modelos equipados con altavoces “planar” o electrostáticos (con Audeze, Dan Clark Audio y Final ocupando una robusta posición de liderazgo) no debe hacernos olvidar que los diseños basados en el clásico transductor de cono siguen siendo capaces de igualarlos al máximo nivel.

Y, además, exhibiendo una fiabilidad extraordinaria con el añadido de un precio en consonancia con una complejidad formal inferior a la de sus competidores directos. Al fin y al cabo, el dispositivo en cuestión no deja de ser una versión en miniatura del presente en la inmensa mayoría de cajas acústicas existentes, y por lo tanto con una bobina móvil en un entrehierro y una membrana cónica (o en forma de cúpula) fijada a la misma.

Esto significa que, con los pertinentes factores de escala debidamente considerados, un altavoz electrodinámico se beneficia, independientemente de sea cual sea la aplicación a la que esté destinado, de más de un siglo de progresos continuados en la totalidad de sus elementos constitutivos: diafragma, motor magnético, suspensión interna, suspensión periférica y un largo etcétera de elementos relacionados con disciplinas tan relevantes como la ciencia de los materiales. En definitiva, solvencia garantizada al 100%.
DX6000: un regreso muy esperado que no defrauda
Y así llegamos al protagonismo de este Blog, fruto de la reconocida pasión por el progreso y el perfeccionismo de la prestigiosa firma nipona Final en el reñido mercado de los auriculares High End. De tipo circumaural y con cascos de aleación de aluminio y magnesio abiertos por su zona posterior, los DX6000 sobresalen por armonizar una filosofía de diseño totalmente novedosa y un transductor electrodinámico desarrollado partiendo de cero, con el ambicioso objetivo de proporcionar una experiencia de escucha comparable a la de una caja acústica de referencia.

Para el diafragma del citado transductor se ha escogido magnesio premium, un material que goza de gran renombre por su neutralidad acústica, su ligereza y su gran rigidez, características que permiten obtener un sonido muy ágil con una distorsión mínima. Pese a la complejidad del proceso y su elevado coste, la cúpula de magnesio ha sido tratada con un oxidante, al tiempo que se han incorporado otras estrategias de ingeniería cuidadosamente estudiadas, como por ejemplo el plegado de los bordes, siendo el resultado un balance ideal de dureza, resistencia a la flexión y durabilidad. En cuanto a la fabricación de este delicado elemento, al utilizarse un método de inyección monolítica ultrapreciso, los DX6000 incluyen por primera vez una revolucionaria estructura envolvente de espuma de silicona, sin adhesivos, en un transductor de gran diámetro.

Este rompedor concepto elimina el peso y el desequilibrio causados por los adhesivos, contribuyendo a un conjunto vibrante más ligero y a un movimiento pistónico perfecto del diafragma. Además, Final ha sido pionera en el uso de un devanado de aluminio ligero y con elevada resistencia en la bobina, que es conectado al diafragma mediante cableado aéreo. Sumando las ideas y tecnologías que se acaban de describir, se eliminan eficazmente la distorsión y los efectos negativos de la resonancia inversa, siendo la consecuencia una rápida respuesta a los transitorios y una respuesta en graves única, al reducirse la resonancia propia inferior, manteniéndose en paralelo una inusual sensación de apertura.

Por otro lado, a fin de mejorar la curva tonal y la fidelidad de la señal, los DX6000 usan un circuito de nuevo desarrollo que controla los incrementos excesivos en los agudos, un problema habitual en las estructuras vibratorias ligeras. Tradicionalmente, para corregirlo se ajustaban las bobinas o se añadía peso al diafragma, pero Final ha encontrado una respuesta más efectiva mediante la integración de una circuitería electrónica dedicada que trata la señal de audio, lográndose un control preciso de las frecuencias altas sin comprometer la ligereza del conjunto.
Una precisión tonal y una escena sonora a la altura de la reputación de Final
Pese a tener una sensibilidad más bien baja justificada por la sofisticación del transductor empleado, los 47 ohmios de impedancia de los DX6000 aseguran su compatibilidad con un amplio espectro de fuentes, reproductores portátiles potentes (hablamos de Astell&Kern) incluidos. Para nuestras pruebas, lo conectamos, con el pertinente adaptador, a un streamer RS250A de HiFi ROSE. Hay que reconocer que los Final deslumbran por el refinamiento de su estética y la calidad extrema de su fabricación, a la vez que sus muy bien repartidos 363 gramos de peso multiplican su confortabilidad.

En cuanto al sonido, obtenemos de inmediato una dinámica portentosa impolutamente “maridada” con una transparencia y una precisión tonal ejemplares. Nos impacta particularmente la vertiente espacial, siempre delicada, léase difícil, en unos auriculares, debido a la propia esencia del producto. Sin embargo, con los DX6000 la sensación de que la escucha supera los límites físicos de nuestra cabeza se hace patente desde el primer momento. Una percepción que no sólo aporta relajación extra, sino que invita a redescubrir grabaciones que por regla general se sienten más a gusto con una pareja de cajas acústicas, caso de una obra sinfónica interpretada por una formación orquestal de gran envergadura. En estas coordenadas, no nos cabe la menor duda de que Final acaba de establecer una nueva referencia en el disputado segmento de los auriculares High End razonablemente asequibles.