¿La nueva frontera del Cine en Casa?
Desde hace unos meses, parece que el mundo del Cine en Casa ha experimentado una importante sacudida como consecuencia de un nombre que ahora mismo está en boca de un número creciente de aficionados al sonido multicanal de altos vuelos: Dolby Atmos. Como su nombre indica, estamos ante una propuesta de los estadounidenses Dolby Labs, la compañía fundada hace ya varias décadas por el recientemente desaparecido Ray Dolby y a la que tanto debe la industria cinematográfica y, a la postre, también la de la electrónica de consumo. Porque sin Dolby el realismo sonoro que hoy disfrutamos cuando visionamos nuestras películas y conciertos favoritos posiblemente no existiría.
¿Pero es el Dolby Atmos lo suficientemente importante/interesante como para merecer nuestra atención hasta el punto de dedicarle nuestro Blog de esta semana? Creemos sinceramente, en especial después de experimentar con los primeros productos que incorporan el sistema en cuestión (ver nuestro Blog de la semana pasada dedicado al receptor de A/V Marantz SR7009), que sí, porque estamos ante un concepto que rompe drásticamente, para mejorarlo, con la idea de sonido envolvente multicanal al uso. De hecho, está unánimemente aceptado que los algoritmos de audio multicanal de “alta definición/alta resolución” más populares del momento, es decir, el Dolby TrueHD y el DTS-HD Master Audio, ofrecen ya una calidad sonora perfectamente comparable a la de la mejor Alta Fidelidad estereofónica, lo que significa que las mejoras en términos de experiencia sonora tenían que llegar más por la vertiente de la espacialidad que por la de los parámetros de excelencia en audio “clásicos”. Y, en efecto, ahí es donde aparece la extraordinaria capacidad de fascinación del Dolby Atmos, cuyos aspectos clave intentaremos explicar del modo más ameno posible en las líneas que siguen.
Más “procesado paralelo” que “postprocesado”
Creemos que para entender el Dolby Atmos lo primero que hay que tener muy claro es que no es una codificación como el Dolby TrueHD, el Dolby Digital Plus o cualquier algoritmo similar desarrollado por Dolby. De ahí la obsesión de sus creadores en hablar de sonido “multi-dimensión” o “multidimensional”.

Hemos utilizado el término “procesado paralelo”. ¿Por qué? Pues porque el Dolby Atmos no pretende sustituir, por ejemplo, a la codificación Dolby TrueHD que encontramos en prácticamente cualquier disco Blu-ray existente en el mercado, sino complementarla. ¿Y cómo la complementa? Pues ahí está la gracia del tema: trabajando con “objetos de audio” en vez de canales. ¿Y qué es un objeto de audio? Pues, por ejemplo, el golpeteo de las alas de un dragón que atraviesa el espacio de la sala. Más de uno pensará: ¡Hombre, esto ya lo da el True HD con un equipo de, por ejemplo, 7.1 ó 7.2 canales debidamente configurado e instalado! De acuerdo, lo puede dar, pero con una precisión inferior a la que experimentaríamos en la realidad. También podríamos alegar que con un postprocesado de 7, 9 o incluso más canales y cajas acústicas frontales de altura el realismo dimensional se podría afinar todavía más.
Pero no, tampoco va por ahí la cuestión porque en el fondo estamos hablando de información contenida en una serie de canales que es gestionada de un modo más o menos complejo pero sin aportar mejoras sustanciales. Lo que hace el Atmos es, de entrada, aportar información desde una zona hasta ahora “olvidada” en los sistemas de sonido envolvente: el techo de la sala en la que estemos. Pero lo verdaderamente notable, sobresaliente nos atreveríamos a decir, es el cómo de tal aportación. Y ahí es donde entra en juego una creación extremadamente compleja desde el punto de vista técnico que ha costado lo suyo trasladar al ámbito doméstico. Llegados a este punto, volvemos de nuevo a los objetos de audio, sin duda, la clave conceptual del Atmos, porque lo que hace el sistema creado por Dolby es identificar, con todos sus parámetros físicos relevantes –calidad e intensidad sonora, posición en el espacio de la sala, movimiento- hasta un total de 128 de los citados objetos. Esto significa que, tanto si hablamos de un cine comercial como de uno doméstico, tenemos a nuestro alcance la posibilidad de ubicar, proporcionalmente a las dimensiones de la sala pertinente, los “objetos de audio” contenidos en una determinada grabación Atmos codificada a su vez en Dolby TrueHD o Dolby Digital Plus (las dos opciones contempladas por el momento) y hacerlo con una precisión sin precedentes. Esto nos lleva a otra de las particularidades más relevantes del Dolby Atmos: la necesidad de tener un “chip” DSP únicamente para él solito. Porque, claro, el algoritmo del Atmos es tan sofisticado que permite calcular en tiempo real la posición de un determinado objeto de audio y decidir a cuál o cuáles de las cajas acústicas situadas encima de nuestras cabezas –“overhead”- la va a “enviar” para que sea reproducida tal y como lo concibió el creador de la mezcla original.

Lógicamente, para que esto pueda ser posible, la codificación Atmos necesita de ciertas “ayudas” u orientaciones que se materializan en una serie de metadatos (“metadata”) incrustados en la misma. Dichos metadatos son precisamente el “combustible” que alimenta al “chip” (puede utilizarse más de uno… a más potencia, más velocidad y más precisión) dedicado al Atmos, que, de este modo, pude realizar los cálculos en función de las características de la sala que tengamos y el número de cajas acústicas “overhead” que dispongamos. En este sentido, es importante saber que Dolby también ha diseñado las especificaciones para un tipo de caja acústica encargada de llevar a cabo el “efecto Atmos” sin necesidad de montar cajas acústicas en el techo. Se trata de pequeños recintos con los altavoces orientados hacia el techo. Diferentes fabricantes de cajas acústicas han anunciado su interés en esta tecnología pero, hasta la fecha, hay que destacar que los resultados son mas bien pobres.
El concepto de “multi-dimensión”
Lo que acabamos de decir permite entender perfectamente el concepto “multi-dimensión” asociado al Dolby Atmos y por qué complementa al sonido envolvente “multicanal” estándar. Al procesarse el tiempo real y de manera simultánea las características de varios objetos de audio –repetimos: hasta 128, que además se mezclan de uno en uno con un modelado tridimensional en el estudio… ¡un trabajo formidable!- se puede decir con autoridad que realmente el sonido procede de múltiples dimensiones.
Esto nos lleva a otro concepto del Dolby Atmos: la escalabilidad, léase “flexibilidad de configuración”, que en el cine permite jugar con un máximo, por ahora, de 24 cajas acústicas para sonido multicanal “estándar” y otras 10 para el Atmos propiamente dicho (“overhead”). Para los sistemas domésticos, y a fin de que el usuario de a pie no se confunda, se ha definido también una nomenclatura “Atmos” que, en nuestra opinión, está muy bien pensada: “XY.Z”, siendo XY la configuración de sonido envolvente “estándar” -5.1, 5.2, 7.1, 7.2, 9.1, 9.2 y lo que venga- y Z el “plus” de cajas correspondientes al Dolby Atmos propiamente dicho. Puesto que el mínimo de cajas acústicas requeridas para el nuevo sistema es de 2, esto significa que las configuraciones Atmos “básicas” son 5.1.2 ó 5.2.2, lo que nos lleva a un mínimo de 7 canales de amplificación. Luego tendríamos 7.1.2 ó 7.2.2, lo que nos lleva a 9 canales que se convierten en 11 si optamos por 4 cajas Atmos (“overhead” o específicas para el Dolby Atmos) y así sucesivamente. En fin, está claro que la nueva propuesta de Dolby seduce, y ello a pesar de que el software para aparatos de gran consumo se ha afinado del todo hace unas pocas semanas y el software disponible es por el momento casi nulo. Pero ya les adelantamos que Dolby ha previsto una remasterización masiva de muchas grabaciones con el nuevo sistema que, insistimos, impresiona de verdad.
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