Conexión entre amplificador y cajas acústicas: ¿qué opción elegir?

14 de Noviembre de 2019 ada

La dificultad que conlleva excitar cajas acústicas en el mundo real es probablemente uno de los mejores argumentos a favor del bicableado, la biamplificación y el funcionamiento en modo activo, que constituyen tres maneras alternativas de atacar cajas acústicas con etapas de potencia más allá de la simple conexión “+/-“ con dos cables. La posibilidad de materializar estas opciones dependerá de cómo hayan sido cableadas (y, en el fondo, diseñadas) las cajas acústicas de nuestro equipo.

Al principio de todo hemos dicho “dificultad”, una palabra que en absoluto hemos escogido al azar, porque si de verdad queremos escuchar nuestra música favorita sin limitaciones en un sistema de Alta Fidelidad (o Cine en Casa) hay que tener en cuenta que dicha música puede llegar a exigir mucho del amplificador –cambios bruscos de nivel, exigencias de energía instantánea- y éste de las cajas acústicas, por lo que la unión entre ambos elementos no es nada irrelevante.

 

Bicableado: una opción muy recomendable si está bien concebida

Aunque muchas cajas acústicas incluyen únicamente los terminales positivo y negativo básicos, el avance más significativo realizado al respecto en las últimas décadas fue incorporar dos pares de terminales de conexión a los modelos de dos vías, uno para el altavoz de medios/graves y su circuito de filtrado asociado y otro para el de agudos y su pertinente circuito de filtrado (lógicamente, aunque en la práctica no siempre sucede, las cajas acústicas de tres vías deberían incluir tres pares de terminales de conexión).

Cuando una caja acústica bicableable sale de fábrica, los dos terminales positivos y los dos terminales negativos que incorpora suelen estar unidos entre sí mediante puentes metálicos, para permitir la conexión convencional en monocableado. Pero los citados puentes pueden retirarse, por lo que es posible utilizar tiradas de cable separadas entre la etapa de potencia y cada caja. A su vez, esto significa que las señales más grandes (en términos de longitud de onda) y lentas (su frecuencia es más baja) que alimentan el transductor de medios/graves correrán un menor riesgo de interferir con las señales más pequeñas y rápidas (su frecuencia es más alta) que alimentan el tweeter (y viceversa).

 

Biamplificación: una mejora sensible para sistemas de High End exclusivos

Otra opción de conexionado altamente interesante es la biamplificación (y, por extensión, la triamplificación e incluso la cuadriamplificación), cuya popularidad ha experimentado un gran incremento como forma de mejorar un equipo ya existente. Aquí también tiene una importancia crucial el número de terminales de conexión de las cajas acústicas, ya que si no existieran diseños con dos, tres o incluso más juegos de terminales, el bicableado no sería posible y, por extensión, tampoco la biamplificación.

 

La realidad es que la biamplificación va un poco más lejos, al multiplicar por dos el número de etapas de potencia. En general, el propietario de un amplificador integrado mejora su equipo añadiéndole una etapa de potencia extra del mismo tipo, de modo que cada altavoz y su pertinente circuito de filtrado son excitados por su propio amplificador. El resultado suele ser una mejora significativa de la calidad sonora, lo que conduce a apoyar la idea de que las cargas representadas por las cajas acústicas son muy difíciles de atacar. No obstante, también es cierto que podría obtenerse una mejora similar si se invirtiera la misma cantidad de dinero en la compra de una etapa de potencia estereofónica (o dos monofónicas) de calidad superior.

 

El funcionamiento en modo activo: una opción poco corriente en Hi-Fi

Muy habitual en el ámbito profesional pero tradicionalmente poco utilizada en audio doméstico, el funcionamiento en modo activo no deja de ser la conclusión lógica, ya que en dicho modo cada transductor es excitado directamente por su propia etapa de potencia sin que intervengan los componentes y las resonancias del filtro divisor de frecuencias para debilitar el control ejercido por el amplificador sobre los altavoces de las cajas acústicas. En este caso, el papel del filtro divisor de frecuencias es desempeñado por un aparato electrónico conocido como filtro activo, que normalmente se ubica en el equipo justo entre el preamplificador y las etapas de potencia.

Aunque el funcionamiento en modo activo presenta unas ventajas evidentes en términos de prestaciones, su introducción en productos comerciales nunca ha sido, como decíamos anteriormente, masiva. Una de las razones que justifican esta realidad es que los segmentos más altos del mercado están dominados por compañías especializadas que basan su reputación precisamente en el dominio de una disciplina particular, léase amplificación o cajas acústicas/altavoces, pero raramente ambas. El desarrollo de cajas acústicas activas exige un conocimiento profundo de las citadas disciplinas, puesto que la amplificación, el filtrado y los sistemas de altavoces deben considerarse como un todo. No pocos de los diseños activos actualmente disponibles en el mercado incorporan los filtros divisores de frecuencias y los amplificadores en las propias cajas acústicas, o se materializan en la forma de conjuntos “todo en uno” en los que la secuencia de mejora ha sido previamente planificada por los creadores de los mismos. 

 

La complejidad de la conexión en sí justifica la importancia de los cables

Los cables de audio de distinto tipo con precios repartidos en una horquilla enorme (desde los modelos de base de In-Akustik hasta los diseños de élite de Transparent, Shunyata o Van den Hul) continúan siendo una obsesión entre los entusiastas del sonido absoluto de hoy en día. Y ello es así por al menos dos razones obvias.

La primera de ellas es que la industria del audio llegó hace bastantes años a la conclusión de que los cables de interconexión y conexión a cajas pueden tener un impacto significativo en la calidad sonora. Aunque este hecho es hoy generalmente aceptado, los mecanismos que lo explican no han sido comprendidos por completo, los efectos siguen siendo bastante impredecibles y los resultados pueden variar de manera drástica de un sistema a otro. Esto proporciona munición para un debate que continúa agitando las mentes de no pocos diseñadores, críticos, distribuidores especializados y usuarios finales. 

La verdad es que el afinado creciente de muchos instrumentos de medida capaces de sumergirse en las intimidades físicas de componentes individuales y circuitos –el concepto de “optimización de sinergias” SAM de Devialet es un magnífico ejemplo de ello- contribuye a que poco a poco toda esta mística acabe viendo la luz. Mientras tanto, lo único que garantizará unos resultados globalmente satisfactorios en la conexión amplificador/cajas continuará siendo el clásico “probar y escuchar”, que no por técnicamente tosco resulta menos efectivo, por cuanto anima al usuario a explorar las posibilidades sonoras de su equipo y, si se acaba dando en el clavo, incluso redescubrirlas pese a que ello pueda parecer imposible.

 

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