Cómo configurar un equipo Hi-Fi o de Alta Fidelidad: los pasos a seguir para no equivocarse

19 de Mayo de 2020 ada

Cierto que se trata de un tema recurrente, pero no por ello carente del máximo interés, por cuanto siempre figura en la orden del día de quienes desean comprar un sistema de Alta Fidelidad digno de tal nombre. De ahí que en el presente Blog propongamos una operativa tan lógica en lo conceptual como práctica en su ejecución para que quien desee configurar su primer equipo de audio de alta calidad lo haga con las máximas garantías, tanto si apuesta por una combinación básica como por una de referencia.

 

1-Decidir un presupuesto y distribuirlo adecuadamente

Aunque la parte “estética” de un equipo de referencia absoluta puede llegar a impresionar mucho, no es menos cierto que la filosofía que debe regir su concepción es exactamente la misma que la de uno de nivel básico, del mismo modo que un utilitario y un superdeportivo hacen esencialmente lo mismo… con la pertinente diferencia en prestaciones, claro, que puede ser tan grande como lo permita el presupuesto disponible.

Dicho lo anterior, la cuestión es cómo distribuir el presupuesto que finalmente decidamos asignar a la compra de nuestro sistema de Alta Fidelidad. Teniendo siempre en cuenta que lo que diremos a continuación admite una cierta flexibilidad que, en última instancia, dependerá de los gustos y posibilidades del usuario, podríamos decir que habría que dedicar un 30% a la fuente, un 30% al amplificador y un 40% a las cajas acústicas, a lo que habría que sumar un 10% del monto total para los diferentes cables.
Más de uno se preguntará si un 30% para la fuente –hay expertos que recomiendan incluso un 40%- es excesivo, a lo que les responderemos que todo lo que dicho componente sea incapaz de captar nunca lo podremos oír por muy buenos que sean el amplificador y las cajas acústicas que tengamos.

De ahí esa jerarquía a la que nos hemos referido en varias ocasiones y nunca viene de más recordar: primero fuente, segundo control+amplificación y tercero cajas acústicas… todo ello sin olvidar los distintos elementos de ajuste fino y, por supuesto, la fundamental sala de escucha, que en cualquier caso escapa de los objetivos del presente texto.

 

2-La fuente analógica por antonomasia: el conjunto giradiscos-brazo-cápsula

Aquí lo más importante es tener muy clara la misión de un giradiscos: constituir una plataforma perfectamente estable y aislada para garantizar una lectura sin interferencias de nuestros vinilos favoritos. ¿Qué hay que buscar para lograr este objetivo? Pues muy fácil: un producto diseñado y construido de tal modo que sea lo más neutro posible desde el punto de vista acústico –traducción: que esté libre de vibraciones y resonancias, para que el elemento encargado de captar la información contenida en el surco de cada disco –la aguja de la cápsula fonocaptora o cápsula- no se vea afectado por perturbaciones externas susceptibles de degradar el sonido.

Esto también implica que nuestro giradiscos esté soportado por pies fabricados en materiales que absorban las vibraciones, caso de cualquier compuesto del caucho. Tan importante como el giradiscos en sí es el conjunto formado por el brazo de lectura y la cápsula fonocaptora. En el caso del primero, hay que buscar fabricación de alta precisión por un lado y un abanico de ajustes decente (como mínimo de la fuerza de apoyo y el antideslizamiento o anti-skating) por otro, precisamente para garantizar el perfecto acomodamiento de la segunda, es decir la cápsula. En cuanto a la citada cápsula, puede ser de imán móvil (MM) o de bobina móvil (MC), con preferencia por la primera para los equipos de nivel básico y por la segunda para los de nivel superior, al requerir los modelos de bobina móvil una circuitería de tratamiento más compleja por ser su estructura física más elaborada y el nivel de la señal que entrega muy bajo (aunque hay cápsulas MC de salida alta que pueden conectarse a entradas de fono compatibles únicamente con modelos MM).

Y no hay que olvidar que hay en el mercado giradiscos muy competentes y asequibles (Pro-Ject) que incorporan no sólo un previo de fono, sino incluso un convertidor A/D (digital a analógico) para que el usuario puede digitalizar sus vinilos favoritos y escucharlos con el dispositivo que más le plazca.

Hablemos de producto
Giradiscos:
1. El punto de partida: Pro-Ject Elmental Phono USB y Pro-Ject T1 Carbon (DC)
2. La gama media: Pro-Ject Debut (DC), Pro-Ject X1 y EAT Perelude
3. La gama alta: Musical Fidelity Roundtable, Pro-Ject The Classic Evo y Pro-Ject RPM9 Carbon
4. El Olimpo: Brinkmann Spyder, EAT C-Sharp, Pro-Ject Signature 10 y Transrotor  ZET 1
Cápsulas:
1. El punto de partida: cualquier modelo de imán móvil de Ortofon y Sumiko
2. Las gamas media y alta: series Quintet y Cadenza de Ortofon
3. El Olimpo: series SPU y Exclusive de Ortofon, sin olvidar la élite de Sumiko y van den Hul

 

3-La fuente digital “clásica”: el reproductor de CD o SACD

El tiempo ha demostrado que en cierto modo un lector de discos ópticos es perfectamente asimilable a un giradiscos a pesar de que los discos de vinilo son mucho más sensibles que un CD o un SACD a las vibraciones externas. Dicho esto, ¿qué hay que buscar en un lector digital “clásico”? Para empezar, que la sección de conversión D/A esté equipada con un “chip” de última generación –tecnología de 24 bits/192 kHz como mínimo- fabricado por una marca de prestigio, algo que ahora mismo no resulta nada difícil.

Ahí van los nombres más significativos al respecto: AKM, Burr-Brown/Texas Instruments, Wolfson y ESS Technology, todo ello sin olvidar marcas con sistemas propios realmente únicos, caso de la japonesa Marantz. Más importante aún es la calidad de los circuitos analógicos, empezando por la fuente de alimentación y terminando por la circuitería de salida. Aquí, el uso de componentes de alta calidad y, si puede ser, discretos en vez de integrados, será bienvenido. Por lo demás, sobra decir que una buena mecánica de transporte asegurará una lectura más precisa y estable del “surco” digital y, por tanto, menos trabajo para el sistema de corrección de errores. Puesto que la mecánica de alta precisión es cara, cuanto más sofisticada sea (el no va más lo encontramos en los modelos de Esoteric) más elevado será el precio del producto.

Asimismo, cada vez más lectores clásicos ofrecen la posibilidad de utilizar su sección de conversión D/A para reproducir contenidos digitales externos. Es lo que se llama funcionalidad DAC e implica que nuestro lector de discos ópticos incluya entradas digitales en los formatos más utilizados, léase coaxial, óptico y USB.

Hablemos de producto
1. El punto de partida: Marantz CD5005 y CD6006
2. La gama media: Primare CD15 Prisma (con streamer)
3. La gama alta: Electrocompaniet EMC 1 MKIV, Marantz SA-KI Ruby, Primare CD35 y Primare CD35 Prisma (con streamer)
4. El Olimpo: Audio Research REF CD9 SE, Esoteric K-05Xs y Marantz SA-10

 

4-La fuente digital “moderna”: el reproductor de música en red “Hi-Res”

Estrella indiscutible del audio de alta calidad de última generación, el reproductor de música en red o “streamer”, es un producto del que hay que saber, a la hora de elegir el modelo que más se adapte a nuestras necesidades y/o posibilidades, que consta de dos subsistemas perfectamente diferenciados: por un lado el encargado de acceder a contenidos remotos –Internet- y, por otro, el que procesa dichos contenidos y los convierte en música.

En lo que concierne al segundo subsistema, los criterios de valoración a la hora de tomar una decisión de compra son exactamente los mismos que los de una fuente digital tradicional. Por el contrario, en lo que respecta al acceso a Internet, hay que asegurarse de que el modelo elegido esté equipado con circuitos de última generación, ya que ello constituye la mejor garantía de que la conexión –tanto por cable como inalámbrica- a nuestros servicios de música online sea lo más rápida y robusta posible.

Hablemos de producto
1. El punto de partida: Marantz NA6006 y Pro-Ject Stream Box S2
2. La gama media: Marantz ND8006
3. La gama alta: Esoteric N-05 y Primare CD35 Prisma (con lector de CD)
4. El Olimpo: Esoteric N-03T y Esoteric N-01XD

 

5-Control y músculo: el amplificador integrado o conjunto previo/etapa

Bien: ya tenemos nuestra señal musical en perfecto estado de revista. Ahora toca gestionarla/procesarla por un lado y, por otro, dotarla con la “fuerza” suficiente para que pueda atacar cómodamente los altavoces de nuestras cajas acústicas y, a su vez, éstas puedan generar las ondas sonoras que nos permitirán oír nuestra música favorita con el nivel de intensidad requerido… todo ello, por supuesto, con una distorsión lo más baja posible. De estas dos tareas se encargan dos componentes muy concretos: el preamplificador en el primer caso y la etapa de potencia en el segundo. Dos componentes que en los equipos de mayor nivel se materializan en dos productos separados y que en los de nivel básico y medio se concentran en un único aparato –con lo que ello comporta en ahorro de costes al utilizarse un mismo chasis y una misma fuente de alimentación- que responde al nombre de amplificador integrado.

Dicho lo anterior, ¿qué hay que buscar? Para no complicar las cosas, nos concentraremos en un amplificador integrado, ya que el paso a conjunto previo/etapa es más de tipo cuantitativo –presupuesto por un lado y complejidad/sofisticación técnica por otro- que conceptual. En lo que a posibilidades de gestión se refiere, deberemos basar nuestra elección en la fuente/fuentes que tengamos/queramos tener. Por lo tanto, si de entrada decidimos que el giradiscos no es lo nuestro, podremos prescindir de la circuitería pertinente y buscar un amplificador equipado sólo con entradas de línea. Tampoco estará de más tener una buena conectividad inalámbrica, léase Wi-Fi y Bluetooth (mejor aptX HD si es posible). Y si tenemos una parte de nuestra colección de música almacenada en un ordenador, también nos podrá interesar una buena funcionalidad DAC (ver al respecto lo comentado sobre las fuentes digitales).

De hecho, hay incluso amplificadores integrados que incorporan un reproductor de música en red, por lo que en este caso podríamos concentrar en un único producto la electrónica de control/amplificación y la fuente digital “moderna”. Si nos interesa el disco de vinilo, habrá que buscar un amplificador con la pertinente entrada –fono- y comprobar que la misma admita el tipo de cápsula –MM o MC- que estemos dispuestos a comprar.
Pasemos ahora a la potencia: ¿cuánta necesitamos? Todo dependerá de si nos gusta escuchar música a niveles de volumen elevados, de las cajas acústicas que tengamos y, por supuesto, de las dimensiones de nuestra sala. Como regla general, mejor ir sobrados que justos, porque nada hay peor para el sonido que un amplificador poco potente funcionando al límite, ya que en ese caso la distorsión y, en el caso más desfavorable, la posible destrucción de los altavoces –sobre todo el de agudos- están aseguradas.

Por otro lado, si tenemos unas cajas acústicas con una sensibilidad baja necesitaremos más potencia para conseguir el mismo nivel de Z –léase nivel de presión sonora, expresada en decibelios y que es lo que realmente percibimos- que con otras de sensibilidad más elevada. Y también parece lógico pensar que cuanto más grande sea nuestra sala más potencia necesitaremos para “sonorizarla” debidamente. Recapitulemos: no hay una potencia mínima ni, por supuesto, máxima recomendable, aunque como punto de partida 40-50 vatios continuos por canal a 8 ohmios nos parecen razonables. La decisión final dependerá de –insistimos- las cajas y la sala.

Hablemos de producto
1. El punto de partida: Marantz PM5005, Marantz PM6006 y Pro-Jec MaiA
2. La gama media: Marantz PM7000N (con streamer) y Musical Fidelity M3si
3. La gama alta: Copland CTA 408, Mrantz Pm-KI Ruby, Musical Fidelity M6 500i, PrimaLuna EVO 400 y Primare I35 Prisma (con streamer)
4. El Olimpo: Audio Research VSi75, D’Agostino Momentum, Devialet 220 Pro, Esoteric F-07, Marantz SA-10

 

6-El eslabón final: las cajas acústicas… ¡todo un mundo!

En las primeras décadas de existencia de lo que conocemos como Alta Fidelidad se recomendaba asignar a su compra el 50% del presupuesto disponible y la verdad es que muchos consumidores siguen haciéndolo. No es que estemos radicalmente en contra de tal práctica, pero por otro lado consideramos más racional aplicar lo que hemos comentado en el punto 1. ¿Qué es lo que tenemos que buscar en este componente que a la postre será el encargado de convertir en ondas sonoras lo captado por la fuente y procesado+”magnificado” por el amplificador integrado o conjunto previo/etapa? En primer lugar habrá que decidir si queremos un monitor de estantería/montaje sobre soportes o un modelo de suelo, es decir una columna.

Dado que la inmensa mayoría de modelos disponibles en el mercado utilizan altavoces electrodinámicos, en el primer caso ganamos en facilidad de ubicación, mientras que en el segundo tendremos más graves al disponer de un volumen de caja mayor (también la posibilidad de montar más altavoces). Otro dato al que debemos prestar atención es el número de vías: ¿qué es mejor, 2, 2’5 ó 3? Aquí lo importante es que los altavoces sean de calidad, por lo que un diseño de 2 vías bien ejecutado siempre será mejor que uno de 3 vías hecho con poca gracia. Idealmente, una configuración de 3 vías es superior, al utilizarse en la misma un altavoz dedicado para cada una de las gamas de frecuencias de audio fundamentales, es decir graves, medios y agudos. Por su parte, la opción 2’5 vías -1 altavoz de agudos, uno de medios/graves y uno de graves que extiende la respuesta a baja frecuencia del anterior- suele utilizarse en columnas asequibles para tener unos buenos bajos, ahorrándose el coste adicional de un diseño de 3 vías “puro”.

Aún así, nos gustaría decir que hay alguna que otra marca –como por ejemplo la británica Wharfedale- que comercializan monitores de 3 vías dignos de tal nombre. Otro aspecto a considerar en toda caja acústica es lo que se denomina “sistema de carga de graves”, siendo las opciones más habituales el recinto hermético, el recinto con puerto bass-reflex y el sistema activo/pasivo. En el primer caso se gana en control y extensión de la respuesta en graves, aunque se pierde en sensibilidad; en el segundo hay control y extensión pero se gana en sensibilidad, aunque hay que cuidar la posición en el caso de que el puerto bass-reflex esté situado en la parte posterior de la caja; y en el tercero se tienen las ventajas de los otros dos, pero al utilizarse un altavoz en vez de un puerto bass-reflex, el precio a pagar es más alto y a menudo se penaliza la sensibilidad al tener el altavoz de graves activo que “empujar” al pasivo. Evidentemente, hay sistemas de más de 3 vías… técnicamente, las que queramos, pero su tratamiento no entra en los objetivos del presente Blog.


Ya para finalizar, hay que tener en cuenta parámetros como la sensibilidad y la impedancia, fundamentales en la interrelación con el amplificador. En el primer caso, más sensibilidad de cajas implica, como decíamos en el punto 5, menos vatios de amplificación para lograr una misma intensidad sonora, aunque a menudo las cajas con sensibilidad baja presentan una distorsión menor. Más crítica es la impedancia, a la que en principio deberemos exigir un valor mínimo superior a 3 ohmios, ya que en caso contrario es posible que en un momento dado se le exija a nuestro amplificador que entregue en su salida una corriente superior a la que su fuente de alimentación es capaz de manejar. De ahí la necesidad imperativa de escuchar siempre las cajas que queramos adquirir en compañía del pertinente amplificador (nuevo o que ya tengamos).

Hablemos de producto
Cajas acústicas de estantería:
1. El punto de partida: Wharfedale D320 y Wharfedale Diamond 11.1
2. La gama media: Definitive Technology D7, Sonus Faber Sonetto I, Wharfedale EVO 4.2, Wharfedale Linton y MartinLogan XT35
3. La gama alta: JBL L100 Classic y Sonus Faber Olympica Nova I
4. El Olimpo: Sonus Faber Electa Amator III y Sonus Faber Guarneri Tradition
Cajas acústicas de suelo:
1. El punto de partida: Wharfedale Diamond 11.3
2. La gama media: Wharfedale EVO 4.3
3. La gama alta: Sonus Faber Sonetto V
4. El Olimpo: JBL S4700, MartinLogan Impression ESL 11A, Sonus Faber Olympica Nova III y Sonus Faber Amati Tradition

 

7. Los “otros” componentes... cables, sala, soportes… ¡importantísimos!

Son los responsables del ajuste fino, aunque en realidad también componentes de pleno derecho porque, si falla estrepitosamente, todo lo que acabamos de comentar se va al garete. En lo que concierne a los cables, por ejemplo, su importancia en la calidad sonora está más que demostrada, hasta el punto de que la inversión a realizar en su compra no debe desdeñarse. Un 5% del precio total del equipo podría ser un buen punto de partida, mucho mejor si además se pueden probar varias opciones. Aunque todos los cables son importantes, quizá el más crítico en términos de sonido es el de conexión a cajas, aunque sin desdeñar a los de interconexión analógica entre componentes, interconexión digital –cada vez más relevante en la actual era de la alta resolución- y, por supuesto, de alimentación.


Continuando con el ajuste fino, es fundamental aislar mecánicamente los componentes del equipo, tanto entre sí como de la sala, con el fin de impedir que vibraciones de origen mecánico y/o acústico influyan en el sonido. El caso más drástico lo encontramos en las fuentes, sobre todo en los giradiscos, componente este último en el que un mal aislamiento de la base que lo soporta puede arruinar por completo el sonido, como consecuencia de un fenómeno en “bucle” llamado Efecto Larsen, en el que una vibración de tipo acústico, por ejemplo un tono bajo intenso procedente de las cajas acústicas, penetra por vía aérea en el plato y es captado por la cápsula, que al amplificarlo puede incluso llegar a destruir los altavoces.

En menor medida, las vibraciones externas pueden influir en las características de componentes tales como condensadores o resistencias, por lo que montar los distintos productos que constituyen nuestro equipo en un mueble dedicado –soportes de suelo en el caso de las cajas acústicas de estantería y pies terminados en punta en de sus homólogas de suelo- es una muy buena idea.
Si hemos hecho bien todos los pasos anteriores, todavía no estamos a cubierto de que todo se desmorone por culpa de una sala repleta de superficies lisas y por tanto reflectantes que acaben convirtiendo el sonido de nuestro amado equipo en una olla de grillos. Pero esto ya merece un Blog dedicado aunque, a las malas, nos podemos evitar disgustos innecesarios si confiamos en el saber hacer de un distribuidor experto.
 

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