Boenicke W5 a prueba
Fecha 30 Noviembre 2020 Autor ada Tags Varios

A primera vista más de uno la confundiría, por la singularidad de su diseño y lo compacto de sus dimensiones, con una caja acústica multimedia, incluso “lifestyle”, con un punto elitista. Sin embargo, la Boenicke Audio W5 es mucho más que una muy atractiva caja acústica ultracompacta.

Es un producto elaboradísimo, fruto de la aplicación rigurosa de las ideas de un amante apasionado de la música y conocedor en profundidad de la ingeniería más compleja utilizada en audio, llamado Sven Boenicke. Un producto cuyo sonido no sólo fascina por su extraordinario realismo, sino que sorprende por la extensión y contundencia de su respuesta en graves.

 

Romper con lo que hace todo el mundo

Para hacer la revolución, léase innovar de verdad, hay que saber. Y también liberarse de los compromisos inherentes a una manera de hacer las cosas que a la postre aporta mejoras irrisorias pese a ser otra vez repetida por un sinnúmero de marcas. Esto comporta otra reflexión: tal “liberación” implica redefinir, incluso reinventar, conceptos de base y aplicarlos sin hacer ninguna concesión, lo que supone mucho tiempo y también muchos recursos, con el pertinente coste. En el caso de las cajas acústicas, nadie negará que llevamos décadas viendo cómo el mercado se inunda de recintos bass-reflex (con sus puertos llenos de espuma fonoabsorbente) en cuyo panel frontal se montan un tweeter de cúpula y uno o dos altavoces más, que son gestionados por un filtro divisor de frecuencias estándar.

Recintos terminados con más o menos gracia y, en el caso de las columnas, completados con puntas de desacoplo. Lo peor de todo es que en muchos casos muchos fabricantes, algunos incluso de renombre, compran todo a terceros, lo que significa que su conexión emocional con el producto terminado es nula o casi. Para Sven Boenicke, “alma mater” de la firma suiza Boenicke Audio, tal estado de cosas no aporta absolutamente nada a lo que realmente debería importar en una caja acústica: su capacidad para reproducir en nuestra casa una determinada grabación tal y como el compositor/intérprete lo concibió.

 

Compromiso absoluto con cada diseño apoyado por una ejecución única

Amante incondicional de la música, la persona que hace 20 años fundó Boenicke Audio resume la filosofía de su empresa con estas palabras: “Es posible que haya dedicado más tiempo en salas de conciertos grabando música que la mayoría de fabricantes de cajas acústicas. Allí donde voy, la sonoridad de los instrumentos reales está conmigo. En mi memoria, en mi cuerpo, y prometo que usted pueda oírla en nuestros productos.” Una declaración de principios que comporta utilizar lo mejor de lo mejor en todos los ámbitos -¡tiempo incluido!- dejando de lado los imperativos de tipo práctico y que la firma helvética lleva hasta sus últimas consecuencias en la forma de una selecta gama de cajas acústicas formada por cuatro modelos con tres versiones (Standard, SE y SE+) para cada uno, lo que en realidad nos lleva un total de doce referencias.

De ahí el uso de los icónicos, por elegantes y diáfanos, recintos de madera natural mecanizados por ordenador que constituyen una de las principales señas de identidad de Boenicke Audio, una elección que probablemente chocará a más de uno pero que para Sven Boenicke está más que clara: básicamente por las propiedades de dicho material, un material que, por ejemplo, colorea mucho menos el sonido que el aluminio, a lo que se añade el bajo nivel de amortiguamiento interno de la madera libre de adhesivos, que es precisamente la que utiliza la firma suiza. En este sentido, es importante saber que, por ejemplo, la adición de una tapeta de aluminio a un altavoz contribuye a evacuar mejor el calor sobrante del motor magnético, pero, por otro lado, añade mucha coloración al sonido en comparación con una de madera. Otra reflexión muy potente del fundador y diseñador jefe de Boenicke Audio es que un recinto absolutamente no resonante simple y llanamente no existe, ya que a la hora de la verdad siempre hay una cierta cantidad de energía acústica que es disipada por el propio recinto. Y en este sentido, la madera natural contribuye de manera sustancial a preservar la estructura armónica de la música.

 

Más que un monitor compacto, una pequeña revolución

Lo que acabamos de decir nos lleva de manera lógica al siguiente elemento de la particular operativa de Boenicke Audio en términos de ingeniería: los altavoces. Aquí, la filosofía de base consiste en utilizar transductores que satisfagan dos condiciones innegociables: en primer lugar, que su calidad sea la mayor posible y en segundo lugar que puedan trabajar a plena potencia sin necesidad de recurrir a un elevado número de elementos de corrección en el filtro divisor de frecuencias (pasivo). Y así llegamos a la diminuta y preciosa W5 Standard, que, como afirman sus creadores, bien podría definirse como una pequeña bestia gracias a un altavoz de graves lateral de 133 mm de diámetro sintonizado a 65 Hz, capaz de realizar desplazamientos máximos de 16 mm –una cifra espectacular en un transductor de este tamaño- y ofrecer de este modo una reproducción de las frecuencias bajas del espectro a priori difícil de creer para un recinto de sólo 2’8 litros de volumen.

El citado woofer se complementa con un altavoz de medios/agudos de amplia banda pasante acompañado por un resonador electromecánico paralelo exclusivo de Boenicke Audio, estando el conjunto filtrado por un circuito paso bajo de primer orden. Como es la norma en Boenicke Audio, dicho recinto está construido íntegramente en madera natural con ayuda de las técnicas de mecanización asistida por ordenador más avanzadas del momento (hablamos de Suiza, no lo olvidemos). Pero hay más, puesto que la W5 Standard también incluye una suspensión por muelles de alta precisión hecha a medida, que permite aislarla de manera efectiva de la superficie sobre la que descanse, mejorándose además la lucidez de los medios y la aireación global y, por supuesto, reduciéndose la tasa de distorsión. Gracias a ello y a un tweeter de ambiente montado en su panel posterior, la pequeña Boenicke exhibe un diagrama de radiación polar deslumbrante que desafía a sus muy compactas dimensiones y le permite crear escenas sonoras increíblemente convincentes. Y no perdamos de vista que todo lo dicho se afina todavía más en las dos “evoluciones” de la W5 Standard: la W5 SE y la W5 SE+.

 

Una transparencia, una naturalidad y una espacialidad deslumbrantes

El particular diseño de la W5 Standard –también de sus dos evoluciones- hace que su sensibilidad sea más bien baja, lo que por otro lado es sinónimo directo de muy baja distorsión. Esto nos obliga a elegir un amplificador bien dotado en términos de potencia de salida, motivo por el que optamos por el flamante MODEL 30 de Marantz (2x100 W continuos a 8 ohmios) acompañado por su fuente a juego, el reproductor digital con conectividad a redes SACD 30n. El cableado, Transparent Super de 5ª Generación en su totalidad.

Sí, la W5 Estándar no gusta sino que, como acabamos de adelantar, deslumbra. Deslumbra por una presencia que invita a pensar en un monitor de dimensiones mucho mayores y, con determinadas grabaciones, incluso en una columna, como consecuencia de la impetuosidad de su respuesta en graves. Pero, por encima de todo, la benjamina de la Boenicke Audio es una caja acústica tremendamente musical, en la que la calidad extrema de los altavoces por un lado y la perfecta integración entre los mismos por otra permite desgranar con precisión quirúrgica incluso grabaciones que desafían las muy compactas dimensiones del recinto empleado. Todo ello coronado por una presentación espacial amplia y detallada y una curva tonal exquisitamente neutra.