Alta resolución exquisita, exclusiva… ¡y de bolsillo!

Desde hace unos tres años (al menos en lo que concierne a nuestro país), el sonido de muy alta calidad nacido al albur de Internet ha entrado –y además de manera masiva- a formar parte de los equipos de muchos aficionados para los que hasta hace muy poco hablar de audio de muy alto nivel implicaba siempre la presencia de soportes físicos, ya fuesen “analógicos” (LP) o digitales (CD, SACD, DVD Audio y Blu-ray Disc). Productos como nuestro emblemático reproductor de música en red Marantz NA-11S1 demuestran de forma inapelable una tendencia que está cambiando para siempre nuestro disfrute de la música grabada: el auge de lo digital sin las ataduras de un medio físico pero a la vez capaz acceder a unos contenidos con una calidad sonora excepcional. Sin duda, estamos ante la que será la fuente de audio dominante en los equipos de High End de la presente década. Pero quedaba una pequeña revolución por hacer: la expansión del potencial de ese sonido “de alta resolución” al ámbito de los componentes portátiles, auténtica punta de lanza del audio de gran consumo de nuestros días pero que también, como cualquier otra que exista o haya podido existir, busca recibir su carta de nobleza. Y esa carta de nobleza se llama Astell&Kern AK120.
Distinguido, irresistiblemente deseable y con unas prestaciones de aúpa

Lo conocimos a fondo en el pasado salón High End de Munich (mayo de este año) con motivo de una presentación a puerta cerrada de los increíbles auriculares de la compañía japonesa Final Audio y se ha convertido en nuestra propuesta para disfrutar del mejor sonido digital del momento a partir de un dispositivo portátil que combina estética ultra-refinada y prestaciones de altísimo nivel a partes iguales. Su nombre es Astell&Kern, a su vez la marca de prestigio de iRiver, una potente firma surcoreana que apostó desde el primer momento (en aquel entonces con reproductores de MP3) por el audio de Internet.

Lo de “prestigio” no es un término vacío de significado porque tanto el modelo de base de la marca, el AK100, como el AK120 , son absolutamente deseables como consecuencia de una estética que combina genialmente minimalismo total en sus líneas –con una continuidad absoluta sólo interrumpida por unos pocos controles- con materiales de primera calidad en todos y cada uno de sus componentes (empezando por la pantalla de visualización táctil de 2’4 pulgadas de diagonal). Pero concentrémonos en el AK120, un aparato exhibe un nivel de “deseabilidad” a la altura de cualquier producto de Apple. No, no exageramos: todo en él está supercuidado, hasta el punto de que incluso la funda de cuero que lo acompaña parece firmada por uno de los grandes nombres de la industria del lujo.

Está claro que, en sintonía con los tiempos que corren y la pasión por lo identitario, Astell&Kern quiere marcar diferencias no sólo en prestaciones –alucinantes; de ellas hablaremos más adelante- sino también en sensación de exclusividad, un concepto que se palpa –nunca mejor dicho- con la estilizada “protección” –una estructura de ranuras que da continuidad al tacto- del botón de volumen situado en uno de los laterales.
Hasta ahora, el AK120 bien podría asimilarse a uno de los juguetes tecnológicos portátiles al uso que arrasan entre los jóvenes. Cierto, lo entendemos, pero ya se sabe que el diseño es ahora mismo –por lo menos con este tipo de dispositivos- fundamental para llamar la atención en un mundo donde lo físico tiene cada vez más relevancia. Y sin embargo, lo que realmente impacta del Astell&Kern es el increíble rigor puesto en su concepción y el cuidado inconfundiblemente purista puesto en su ingeniería. De hecho, parece que el aparato haya sido diseñado por algún perfeccionista del mundo del audio profesional para escuchar su música favorita en cualquier sitio con una calidad sonora sino idéntica sí comparable a la que acostumbra a exigir en su trabajo.
Dicho esto, del AK120 hay que destacar que a la compatibilidad con los archivos con calidad “casi” de estudio (concepto MQS/”Mastering Quality Sound”, una versión con compresión sin pérdidas del que se utiliza en los estudios de grabación, alias “Studio Mastering Quality Sound”) se suma la de los archivos DSD, es decir el formato de codificación digital monobit utilizado en los discos SACD (el aparato acepta registros codificados en los formatos .dff y .dsf).
Sobra decir que para que todo esto funcione se requiere disponer de la “artillería” adecuada en lo que a electrónica se refiere, una electrónica que por un lado se plasma en una eficiente gestión por microprocesador (“chip” Telechips 9201) y por otro en la presencia de una circuitería de conversión D/A que incluye nada menos que un “chip” de 24 bits/192 kHz Wolfson WM8740 (todo un referente entre los puristas del audio que se puede encontrar en algunas de las mejores fuentes digitales disponibles en el mercado) para cada canal, lo que permite al AK120 exhibir unas especificaciones técnicas sin parangón (a quienes les interesen les recomendamos que echen un vistazo a la impecablemente diseñada página web de Astell&Kern) entre los productos no sólo de su clase –esto ya lo dábamos por sentado- sino también de tipo convencional (lectores de SACD incluidos… ¡lo nunca visto!). Otro aspecto interesante del AK120 es su excepcional capacidad de almacenamiento, con un total de 192 GB distribuidos entre 64 GB de la memoria flash interna y las dos tarjetas microSD de 64 GB cada una que pueden introducirse en las ranuras especialmente dispuestas para ello. No hace falta hacer muchos números para ver que esto da para llevar encima una más que respetable colección de música con un nivel técnico con el que hace apenas unos años no se podía ni soñar. Y, ya puestos, la guinda: el AK120 también puede ser utilizado como procesador digital externo (para PC, fuentes digitales convencionales) tanto a través de su puerto USB como de su entrada digital óptica, a la vez que incorpora un ecualizador de 5 bandas que se puede ajustar (con una precisión que permite realmente personalizar el sonido) en la pantalla táctil.




En compañía del complemento definitivo
La tentación de probar el AK120 en cualquiera de los equipos que ahora mismo tenemos instalados en nuestras salas (una maniobra de facilísima ejecución) era muy apetitosa, pero preferimos situar el texto en su contexto y pensar en el uso que en principio se debería dar a un producto de esta clase: el disfrute de música con la más alta calidad técnica en el lugar que nos apetezca. Así que, ni cortos ni perezosos, conectamos al Astell&Kern los que en nuestra opinión –y no somos los únicos que lo decimos- son ahora mismo los mejores auriculares del intra-aurales del mundo: los Final Audio Piano Forte IX, quintaesencia del perfeccionismo, el refinamiento y el sentido de la armonía nipones aplicados a un tipo de producto tremendamente banalizado en casi todos sus aspectos. En cuanto al software, utilizamos contenidos de diferentes resoluciones almacenados en un ordenador portátil Apple Mac Pro. Y, sí, el AK120 maravilla… ¡y cómo! Es rápido (por supuesto), con una dinámica brutal (contábamos con ello; el audio digital es esencialmente dinámico, y de última generación todavía más) y, la revelación, posee una tímbrica deliciosa. Los graves, increíbles gracias al particularísimo –en realidad único- diseño del “recinto” de los Poiano Forte IX, son además amplios y contundentes pero sin esa pegada seca que caracteriza a muchos diseños pensados en clave de audio digital. Los agudos y los medios, aterciopelados pero sin artificios, se podrían comparar en cierto modo a los de un giradiscos. Puede sonar pretencioso decirlo a nuestra alturas, pero la escucha del Astell&Kern fue una experiencia con mayúsculas, casi una catarsis.
