Convertida en la fuente de audio de alto nivel (con permiso del giradiscos) preferida por el grueso de melómanos y audiófilos, el reproductor de música en red se beneficia de décadas de avances continuados en el ámbito de la electrónica analógica y digital. Gracias a ello, la necesidad de tener un recinto separado y con su propia fuente de alimentación ha dejado de ser imperativo, salvo en las realizaciones más exclusivas, hasta el punto de que con un diseño apropiado es totalmente viable montar el citado reproductor en el interior de un amplificador integrado o un preamplificador (y además tanto estereofónico como multicanal en los dos casos) sin sacrificar musicalidad.

Es en estas coordenadas que la legendaria McIntosh, uno de los iconos más reconocidos y reconocibles del sonido con mayúsculas, propone el producto que protagoniza este Blog: el CS7500, un centro de control estereofónico con streamer incorporado que aúna magistralmente lo último en tecnología con el inconfundible y aristocrático “look” de la marca estadounidense, con la finalidad de ofrecer una restitución sonora orientada a satisfacer a los más exigentes. Una electrónica que, en línea con la que ha sido la filosofía de la compañía de Binghamton desde su fundación en 1949, está hecha a mano en Estados Unidos y aspira a mantener unas prestaciones sobresalientes durante largos años. Expresado con otras palabras, High End sin paliativos en cada una de sus facetas que, además de garantizar una entrada por todo lo alto en el universo del sonido digital en alta resolución, maximiza el potencial sonoro de las fuentes digitales “clásicas” y, por supuesto, de cualquier lector de vinilos.
Streamer integrado o el arte de “incrustar” la “Hi-Res” en un entorno ya existente
En principio, añadir un reproductor de música en red a una electrónica “convencional” como podría ser un amplificador integrado o un preamplificador no comporta grandes problemas. Cuestión (en el bien entendido de tener espacio para la pertinente conectividad) de insertar la circuitería requerida y enlazarla con la fuente de alimentación ya existente. No obstante, si queremos hacer las cosas bien de verdad, es imprescindible lograr una separación física máxima, total a ser posible, y aplicar en la electrónica extra una concepción en la que el ruido se reduzca a su mínima expresión.

Esto implica no sólo cuidar minuciosamente la elección de “ingredientes” (placas circuitales incluidas) y topologías, sino también asegurarse de que no habrá interferencias por parte de los subsistemas circundantes. En este sentido, hay que saber que un streamer no ubicado en un recinto separado consta de dos bloques fundamentales: en primer lugar, el responsable de acceder a contenidos remotos de Internet, y en segundo lugar el responsable de convertir los pertinentes flujos de datos al dominio analógico, es decir, el DAC.

Debemos tener en cuenta que puede darse el caso de que el segundo de los bloques mencionados ya esté presente en nuestro amplificador o preamplificador, de modo que sólo necesitaremos el primero. Ahí la clave estará en la estrategia adoptada por el correspondiente fabricante. Por lo demás, parece lógico que la alimentación proceda del aparato principal, aunque si se dispone de refinamientos específicos para nuestro streamer, mejor que mejor.
Un centro de control High End en sintonía con las exigencias de la “Hi-Res” digital
De entrada, bien está saber que el CS7500 es un McIntosh y por tanto está ejecutado (su arquitectura es 100% “solid state”) con elementos rigurosamente seleccionados y que la excelsitud de su calidad de fabricación se da por supuesta. ¡No en vano la firma neoyorquina tiene una reputación que proteger! En línea con lo previsible en un producto destinado a ser el centro neurálgico de un sistema de excepción, alberga una generosa conectividad. En el ámbito analógico, hay 6 entradas (2 de Línea balanceadas, 3 de Línea no balanceadas y 1 de Fono MM/MC con 6 opciones de ganancia). En el ámbito digital, se dispone de 7 entradas (entre ellas una HDMI con ARC para conexión a un televisor) con soporte para audio “Hi-Res” y aceptando la de tipo USB archivos PCM hasta 32 bits/384 kHz y DSD hasta DSD512.

De la restitución precisa de contenidos digitales se encarga un subsistema en cuyo corazón figura un “chip” de conversión D/A de 8 canales y aritmética de 32 bits en configuración “Quad Balanced”, que, entre otras ventajas, expande de manera sustancial la gama dinámica minimizando la distorsión. En cuanto a las salidas, el McIntosh encontramos tomas preamplificadas balanceadas y no balanceadas, así como tomas para subwoofer duplicadas asimismo con conectores XLR y RCA. En paralelo, al ser un streamer de última generación, está equipado de serie con Qobuz Connect, Spotify Connect (con Spotify Lossless) y TIDAL Connect (TIDAL Max incluido), a fin de acceder directamente a contenidos musicales desde cada servicio, evitando de este modo el smartphone o aparado portátil inteligente utilizado y posibles compresiones de la señal de audio.

Adicionalmente, la música que tengamos almacenada en nuestros dispositivos móviles puede ser escuchada vía Apple AirPlay, Bluetooth o Google Cast, lográndose que nuestro particular portafolio de streaming esté concentrado en una plataforma libre de costuras. En el caso concreto de Bluetooth, apuntemos que los resultados obtenidos son realzados mediante el uso de tecnologías avanzadas orientadas específicamente a tal efecto, maximizándose de este modo la compatibilidad con Advanced Audio Coding (AAC) de alta velocidad de transferencia binaria, Qualcomm aptX HD y Qualcomm aptX Adaptive.

Por su parte, la doble homologación Roon Ready y Roon Tested asegura el máximo nivel de calidad en el streaming de música desde redes, así como una configuración simple y un uso diario fácil y confortable. El CS7500 se completa con un chasis construido con materiales premium, un amplificador de auriculares dedicado con la efectiva tecnología de simulación espacial Headphone Crossfeed Director y un panel frontal que armoniza el tradicional color negro con dos de los icónicos vúmetros analógicos con retroiluminación azul de McIntosh.
Un sonido pulcro y emotivo tanto en analógico como en digital
Para probar el CS7500 lo hemos asociado a dos de las atemporales etapas de potencia estereofónicas a válvulas McIntosh MC275 (¡ya en su sexta generación!) puenteadas en mono, un giradiscos Pro-Ject RPM 10 Carbon con cápsula de bobina móvil Ortofon MC Cadenza Blue y una pareja de columnas Sonus Faber Amati G5, estando la totalidad del conjunto cableado con Transparent Super de 6ª Generación. Empezando con varios párrafos elegidos de música “desmaterializada”, que en buena medida es la principal particularidad funcional del McIntosh, sobresale el “mix” de analiticidad/definición, dinámica, naturalidad/calidez e incluso presentación espacial con que son restituidas las composiciones musicales procedentes de los servicios “Hi-Res” online antes mencionados.

El acceso es inmediato y el ruido de fondo es verdaderamente bajo, con lo que ello implica en términos de maximización de la transparencia. No se puede negar al respecto que la respuesta en frecuencia de 15-100.000 Hz, +0 dB, -3 dB anunciada por el fabricante aporta su grano de arena. Quizá menos vistosa en agilidad dinámica pero igual de cálida en términos de “firma” sonora es la escucha de vinilos, algo que, no obstante, ya nos esperábamos de una electrónica como la evaluada. Estamos, en síntesis, ante una brillante creación que gobernará con una autoridad y una fiabilidad extremas cualquier sistema de Alta Fidelidad sin compromiso.