Más conocidos como DAC’s, acrónimo de Digital-to-Analog Converter (es decir “Convertidor de Digital a Analógico”) a pesar de que el término es relativamente incorrecto (por incompleto) los procesadores digitales de audio están disfruntando una segunda juventud como consecuencia del auge del nuevo audio digital cuya expansión corre pareja a la de Internet.

Y esto sucede no sólo en el ámbito de la reproducción sonora más exigente, es decir lo que se conoce como audio High End, sino también en los sistemas de Alta Fidelidad básicos que tienen en los archivos de audio almacenados en ordenadores y/o procedentes de Internet su “fuente” principal.

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Pero los procesadores digitales de audio no constituyen, como producto, ninguna novedad por cuanto hicieron su aparición a finales de la década de los ochenta del siglo pasado como una “sofisticación” de los lectores de CD al decidir algunos fabricantes de High End especialmente relevantes (Wadia Digital, Krell, Esoteric) separar, en sus fuentes digitales de mayor nivel, la sección de transporte de la de tratamiento (procesado) de la señal digital.

Un tratamiento cuya parte final en el ámbito digital era precisamente la conversión al dominio analógico, función encargada a unos “chips” específicos llamados precisamente convertidores D/A, DAC’s en inglés. Este es el motivo por el que el término DAC es incorrecto para designar a unas electrónicas que por regla general no se limitan a realizar la mera conversión al dominio analógico de la señal de audio digital leída o procedente de una determinada fuente.

Así pues, ¿qué entendemos por procesador digital de audio? Pues a un aparato que recibe una serie de señales digitales procedentes de diferentes fuentes (una mecánica de transporte de disco óptico, un ordenador y, en el caso de los “streamers”, una señal procedente directamente de Internet) para seguidamente manipularlas –“procesarlas”- en el dominio digital y finalmente convertirlas en analógicas para enviarlas a un preamplificador o amplificador integrado (también en a una etapa de potencia en el caso de que incorporen un atenuador pasivo o una sección de preamplificación).

Por otro lado, entre las citadas “manipulaciones” figuran procesos como el remuestreo (aumento de la frecuencia de muestreo original con el fin de aumentar la resolución), la posibilidad de elegir entre curvas de respuesta en el filtro digital (otro de los subsistemas que figuran en todo procesador digital de audio) para adaptar el sonido a los gustos del usuario, el realce de los archivos que utilizan compresión con pérdidas y un largo etcétera.

Pero, por encima de todo, el elemento clave de todo procesador digital de audio empleado en aplicaciones de Alta Fidelidad y High End es el convertidor D/A que, tal y como su nombre sugiere, tiene por misión con verter el tren de datos digitales en las señales analógicas susceptibles de ser convertidas en música por amplificadores y cajas acústicas.

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Este procesado de datos –por lo general codificados en sistemas como el PCM y el DSD- a alta velocidad representa una tarea totalmente separada de la adquisición de datos, la corrección de errores y la sincronización llevadas a cabo por la sección de entrada; de ahí que en su momento ello constituyera un poderoso argumento para albergar la circuitería de conversión D/A en un chasis diferente.

Así, en los primeros reproductores de discos compactos, los convertidores D/A eran dispositivos de tipo multibit que trataban simultáneamente a los 16 bits que se utilizan en las palabras digitales de los CD. No obstante, al mismo tiempo se ponía a punto una técnica alternativa llamada sobremuestreo (“oversampling”) en la que se “pre-procesaba” el tren de datos digitales mediante una simple multiplicación, operación que permitía desplazar –antes de la conversión al dominio analógico- los artefactos (parásitos) digitales no deseados presentes en la circuitería de filtrado hasta mucho más allá de la gama audible.

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Desde estos albores del sonido digital se han ido desarrollando una extensa variedad de técnicas similares, entre las que destacan los convertidores de tipo “bitstream” o de bajo número de bits, que utilizan frecuencias de muestreo muy altas a fin de simplificar el proceso de conversión real y superar las dificultades con que en su momento se encontró la industria para fabricar convertidores multibit con unos niveles de precisión superiores.

Los convertidores D/A de hoy en día reflejan los considerables avances que han tenido lugar en los últimos treinta años en el campo del procesado digital de señal (DSP). Así, los convertidores más avanzados operan con resoluciones reales de 24 bits, cifra que asegura una excepcional gama dinámica subjetiva en la nunca finalizada búsqueda de la precisión/definición absoluta. A su vez, estos desarrollos son el reflejo del trabajo realizado en su momento para la puesta a punto de formatos como el Super Audio CD (SACD), el DVD Audio y el Blu-ray Disc, trabajo del que por supuesto se aprovechan los diferentes tipos de archivos de audio de alta resolución que se pueden descargar desde sitios especializados de Internet.

No obstante, aunque que la tecnología que hay detrás de la conversión D/A afecta sin ninguna duda al resultado final, es la implementación específica de la misma quien desempeña el papel más significativo. Y al igual que sucede en todo componente de Alta Fidelidad que se precie, las fuentes de alimentación y los esquemas de conexión a masa juegan un papel muy importante a la hora de obtener el no va más en calidad sonora. Por otro lado, más de uno se preguntará si hay algún interés en remuestrear por cuanto se trata de una opción que contemplan no pocos “DAC’s” disponibles en el mercado. Una comparación simple sería la de un texto escrito sin acentos: una vez superada la primera línea sería fácil leerlo ya que no esperaríamos la presencia de ningún acento. Es evidente que completo resultaría más placentero, pero si una inteligencia artificial lo acentúa no podrá evitarse que de cuando en cuando se equivoque y el texto acabará siendo claramente más penoso que sin esta operación.

En este sentido, es útil saber que cuanto mayor es la frecuencia de muestreo más elevada es la temperatura de funcionamiento del “chip” de conversión D/A utilizado, lo que comporta dispersiones en sus características; de hecho, sus prestaciones disminuyen y es en los alrededores de 50 kHz que alcanzan su valor óptimo.

Estas reflexiones técnicas permiten intuir que las propuestas cualitativas que podremos encontrar en los diferentes procesadores digitales de audio disponibles en el mercado presentarán variaciones drásticas en función de los refinamientos –y el nivel de los mismos- incorporados en cada modelo. De hecho, existen ya en el mercado “chips” de conversión D/A con una resolución de 32 bits reales y esquemas de procesado que manipulan la señal digital con una resolución de hasta ¡¡¡36 bits!!! A un nivel menos sofisticado pero altamente importante desde el punto de vista práctico, otro aspecto que hay que considerar de los procesadores digitales de audio es el de la conectividad.

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En el momento de la verdad, todo dependerá de los dispositivos, es decir las fuentes digitales, que se vayan a aprovechar de nuestro “DAC”, pero nunca vendrá de más que se disponga de tomas que acepten los formatos de audio digital más populares. Dichas tomas son las siguientes: coaxial no balanceada S/PDIF (con conector RCA, pero también BNC), coaxial balanceada “profesional” AES/EBU, óptica EIAJ-TosLink, USB-A, USB-B (a veces también es posible encontrar las versiones compactas del conector USB) y también (aunque la verdad es que en los componentes de sólo audio no suele utilizarse mucho) HDMI.

En el caso de las salidas, lo más habitual es encontrarlas sólo de tipo analógico, que a su vez pueden ser balanceadas (conectores RCA) y no balanceadas (conectores XLR), aunque hay algunos procesadores digitales de audio que incluyen salidas digitales.

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Ya para finalizar, señalemos que algunos “DAC’s”, por regla general encuadrados en el ámbito del High End, también incluyen tomas para señal de sincronismo externo (señal de reloj), un refinamiento que incide directamente en la calidad sonora. Esto nos lleva a recordar que el reloj de sincronismo –conocido como “master clock”- es otro de los elementos diferenciadores verdaderamente relevantes entre procesadores digitales de audio por cuanto es que encargado de “dirigir” la cadencia de los datos digitales, es decir de asegurar que la gestión de los mismos se lleve a cabo con la máxima precisión. Procesadores digitales de audio los hay ahora mismo para todos los gustos tanto en Alta Fidelidad como en High End, desde modelos tan asequibles como Pro-Ject DAC Box DS hasta otros tan elitistas como el Audio Research Reference DAC o el actual no más del mercado mundial en su categoría, el modelo monofónico Grandioso D1 de la japonesa.

Entre estos modelos (alguno de ellos puede además realizar funciones de “streamer”) encontramos maravillas como el Electrocompaniet ECD-2, el Esoteric D-07X, el Audio Research DAC 8, el Marantz NA-11S1, el Primare DAC30 o los modelos 321, 151 y 121 de Wadia. Como rasgo común, todos ellos son compatibles con señales de 24 bits, aunque las frecuencias de muestreo admitidas pueden variar en función del tipo de conector utilizado.