Cajas acústicas Sonus Faber Amati Homage

No cabe la menor duda de que Sonus Faber es una de las firmas realmente "intocables" en el competitivo mundo del audio High End. Envidiadas e imitadas hasta la saciedad, las exquisitas y refinadas cajas acústicas del constructor italiano poseen unas características únicas gracias al talento, la perseverancia, el perfeccionismo y el amor por la música de Franco Serblin, su indiscutible "alma mater" y uno de los hombres más queridos y respetados por los melómanos y audiófilos de todo el mundo.
La Amati Homage es el número dos de la selecta serie de realizaciones que, sin ningún tipo de compromiso, Franco Serblin dedica a los geniales maestros artesanos del norte de Italia que hace más de trescientos años consiguieron crear unos instrumentos musicales con una personalidad y una clase que aún no han sido igualadas.
Las líneas que siguen corresponden a la traducción íntegra (con la salvedad de las mediciones técnicas y los correspondientes comentarios, que no obstante sí se incluirán en nuestros "Cuadernos de Alta Fidelidad") de un extenso banco de pruebas realizado sobre las Amati por el prestigioso Michael Fremer que fue publicado en el pasado número de Junio de 1999 de la revista especializada estadounidense Stereophile.
Tras haberse labrado una gran reputación diseñando y construyendo monitores de inmejorable aspecto y elevado precio, el fabricante italiano Sonus Faber decidió irrumpir en el mercado de las pantallas acústicas de tipo columna. Primero vino un modelo de precio moderado, la Concerto Grand piano (355.000 pesetas la pareja), y ahora tenemos el modelo "definitivo" de la compañía: la Amati Homage (2.415.000 pesetas la pareja), un diseño visualmente impactante visual que se ha ganado a pulso lo que vale prácticamente con su aspecto y su tacto.
Con la Amati Homage ha llegado el momento de la verdad para Franco Serblin, el reputado diseñador jefe de Sonus Faber: una caja acústica de tipo columna de gran tamaño gran tamaño casi "full-range" (su respuesta en graves alcanza los 24 Hz) que ha sido pensada para estar libre de todo tipo de compromisos en términos de sonido, estructurales o estéticos. Pero aunque las Amati hayan recibido todos los conocimientos sobre construcción y sonido almacenados en la mente de Serblin, aún hay más: el modelo en cuestión es el segundo de tres "homenajes" dedicados a los legendarios fabricantes de violines establecidos en Cremona. El primero fue el modelo Guarneri (1.105.000 pesetas la pareja incluyendo los soportes), del que hablamos en Stereophile ya en 1993 y, más tarde, en Julio de 1994 a través de Martin Colloms. Independientemente de lo que Serblin esté planeando para las Stradivari, le recomendamos que tenga a mano su tarjeta Visa Oro.
Los fundamentos
El primer objetivo de Serblin era diseñar una estructura tan libre de resonancias como fuera posible para una pantalla de tres vías que fuese capaz de admitir frecuencias más bajas que cualquier otra que hubiera fabricado hasta el momento. La forma de laúd del recinto acústico está inspirada en un dibujo realizado por Stradivari (Sonus Faber tiene en su poder una patente internacional sobre el mismo). El aspecto en cuestión es drástico e impresiona bastante visto en un catálogo pero... ¿qué tiene que ver con el diseño de una pantalla acústica?
Pues, según parece, mucho. La magnificencia estética de las Amati también cumple una función. Su forma de laúd elimina las paredes paralelas, especialmente la trasera, y ayuda a controlar o eliminar las ondas estacionarias mientras que las paredes laterales curvadas aportan una gran rigidez estructural al conjunto. Según Serblin, la forma ahusada (es decir terminada en punta) facilita la transmisión de la onda posterior del altavoz a los puertos traseros (o sea las salidas bass reflex) y tiene como resultado una evacuación más limpia de la energía sobrante. Por ello, la forma de embudo tiene toda la lógica del mundo: hay muy poca superficie interna en la que la onda pueda rebotar.
Al igual que en las demás cajas acústicas de alto nivel de Sonus Faber, las paredes laterales de las Amati están fabricadas con listones de madera, cada uno de ellos formado por 21 capas de grosor variable unidos con una cola polimérica de alta viscosidad. Entre cada listón hay una sólida capa de arce, en color negro, teñida con anilina. Los listones han sido curvados mediante calor y presión con un instrumento similar a los que se utilizan para construir los cascos de los barcos. Las partes superior e inferior del chasis son de arce macizo.
Todos los altavoces se sitúan delante de las esquinas del chasis, con el transductor de medios y el tweeter ligeramente retrasados con respecto a los altavoces de graves. El panel frontal es de MDF (aglomerado de densidad media) de casi 4 centímetros de espesor y está cubierto con una capa de cuero ligeramente rugosa al tacto. Además de tener un inmejorable aspecto, el cuero proporciona amortiguamiento natural para las ondas acústicas, de manera que no es solamente un material para unir visualmente los diferentes altavoces sino también un medio para romper y difractar los frentes de onda que inciden sobre la superficie de la pantalla. La pieza posterior perforada (para ubicar el puerto bass-reflex) está esculpida a partir de una sólida pieza de arce de los Balcanes tintada con anilina y una textura algo más rugosa que las paredes laterales. Estructuras de cobre y plomo estratégicamente situadas proporcionan un control adicional de las resonancias internas. Asimismo, cada altavoz tiene su propia cámara y aunque hay dos puertos para los woofers, las ondas traseras generadas por los mismos son enviadas a una cámara común, estando localizados dichos puertos a mitad de camino de la parte superior trasera de la caja. El altavoz de medios también tiene salida. Por su parte, el chasis tiene un rico acabado: pintura aplicada a mano y siete capas de un barniz especial consiguen un acabado profundo, lustroso y cristalino. Cada caja pesa 68 kilos, lo que da una contundente idea de su complejidad estructural.
El producto terminado es simplemente una de las pantallas acústicas con aspecto más impresionante que se haya construido jamás, hasta el punto de que la mayoría de sus competidores de gran tamaño existentes actualmente en el mercado resultan ridículos cuando son colocados al lado de las soberbias Amati.
¿Qué hay en el interior?
El objetivo de Serblin era diseñar una pantalla altamente eficiente con unos niveles de compresión de la gama dinámica especialmente bajos que fuese rápida y detallada a la vez que dinámica y capaz de restituir niveles de presión sonora elevados.
Los altavoces utilizados, en todos los casos diseños de baja compresión y elevada compliancia construidos por la prestigiosa firma Scan-Speak siguiendo estrictas especificaciones de Sonus Faber, consisten en primer lugar en dos woofers de 8" de diámetro (203 mm) con cono de papel y fibra de carbono, una combinación que les proporciona una gran rigidez y ligereza y que además ha sido diseñada de tal modo que consigue romper los modos resonantes; asimismo, cada transductor está amortiguado individualmente para minimizar la influencia de la energía vibracional sobrante en el sonido- susceptibles de colorear el sonido; en segundo lugar tenemos un altavoz de medios de 7" (178 mm), también de alta compliancia, con cono de papel y fibra de carbono con revestimiento multicapa que incorpora una tapeta de titanio de perfil hiperbólico para mejorar la dispersión de las frecuencias altas; y ya para finalizar, la Amati monta un tweeter de cúpula blanda multicapa de 28 mm sin ferrofluido protegido por una rejilla.
El filtro divisor de frecuencias efectúa los cortes en 200 Hz y 2´5 kHz, trabaja con pendientes de primer orden y presenta una impedancia en paralelo. A juzgar por las imágenes del mismo que nos ha suministrado el fabricante, la Sonus Faber utiliza condensadores e inductores de alta calidad. De hecho, el importador de la marca Sumiko- me contó que todos los componentes de los filtros internos cuestan alrededor de 800 dólares (unas 130.000 pesetas al cambio), cifra que se convierte en 6.000 dólares (es decir un millón redondo de pesetas) sólo en componentes del filtro para cada pareja de cajas cuando el producto se pone a la venta. El filtro en cuestión está ubicado en una caja dentro del recinto de la Amati y está recubierto de resina para controlar los efectos de las vibraciones. Asímismo, van den Hul suministra el cableado interno y WBT los grandes y consistentes terminales de conexión traseros.
¡Pagas dos millones y medio y eso es lo que obtienes! Además, las pantallas son elevadas del suelo mediante cuatro sólidas y bellamente acabadas puntas de desacoplo que se unen a pesadas barras cruzadas atornilladas a la parte inferior de las Sonus Faber, lo que permite nivelar las mismas y ajustar el ángulo de inclinación de su panel frontal.
También se incluyen unas rejillas formadas por hebras de un tejido fibroso y elástico unido a dos placas de metal que se fijan en el panel frontal de la caja. Cuando se estiran, las fibras negras se alinean mágicamente, creando una cubierta de rejilla muy atractiva y transparente (visual y acústicamente).
Puesta a punto y escucha
Cuando vi esta belleza en el pasado CES ("Consumer Electronics Show"), pedí hacer un reportaje sobre ella una vez me hubiese mudado a mi nueva y mayor sala de audición. Stirling Trayle, de Sumiko, respondió: "¿Por qué no la examinas en tu sala actual?"
Trayle conocía mi sala, ya que había instalado allí las Concerto Grand piano, también de Sonus Faber, para mi reportaje de Mayo de 1998. Tras las dificultades que había tenido en esa misma sala con las considerablemente voluminosas Aerial Acoustics 8 dudaba un poco, pero la pasión venció a la razón. (¿Qué hay de nuevo en esto? Si él no pensaba que la sala era demasiado pequeña, ¿quién era yo para discutírselo?).
¡Qué emoción sentí al transportar escaleras abajo esas pantallas redondeadas, ahusadas, de 70 kilos cada una! Con la ayuda de un amigo, las situé exactamente donde habían estado hasta hacía poco mis cajas de referencia Audio Physic Virgo, dado que esta ubicación (alrededor de un cuarto de la longitud total de la sala, muy separadas y orientadas ligeramente hacia la posición de escucha) parecía obrar maravillas con todas las demás cajas acústicas que había tenido en la sala.
Después de unas pocas semanas, Trayle vino a visitarme. Él y un ayudante pasaron gran parte del día peleándose por determinar cuál era la mejor posición para las cajas escuchando una y otra vez la misma canción (Jennifer Warnes cantando el "Joan of Arc" de Leonard Cohen).
Cuando hubo terminado sus inacabables ajustes y reajustes ya no tenía ganas de volver a escuchar nunca jamás a Jenny cantando a Lenny (en primer lugar porque nunca me había gustado en exceso). Y las Amati sólo habían variado en unos pocos centímetros su posición inicial (que es donde yo las situé cuando las recibí). ¿Sonaban mejor? Quizá ligeramente.
¿Lo suficiente como para cambiar una sola palabra de este reportaje? No. ¿Pero se sentía mucho mejor el importador? Sí. Y eso cuenta mucho en este mundo. Si él era feliz porque las pantallas sonaban como debían en esa habitación, es del todo seguro que mis comentarios sobre el sonido tendrían también un fundamento sólido.
¡Oh, Dios mío!
La considerablemente alta sensibilidad de las Amati (92 dB/W/m) hace que probablemente puedan funcionar con un Fisher 500B o un Scott 299D. Pero tenía tres opciones sustancialmente mejores: un Conrad-Johnson Premier 12s, el Ayre V-1 y el KR Enterprise VT8000, tres amplificadores de potencia con sonidos muy diferentes que he tenido el placer de probar. Estuve la primera semana escuchando las Sonus Faber con el Conrad-Johnson puesto que al haberlo probado recientemente estaba más familiarizado con su sonido. No obstante, más adelante probé las Amati con los otros dos amplificadores.
La Amati es la pantalla acústica de grandes dimensiones más fácil de atacar que haya visto nunca, hasta el punto de tener la sensación de que mis grabaciones favoritas hubiesen estado sonando con trabas durante todos estos años y de repente fueran libres para moverse sin obstáculos, física y emocionalmente. La sensación de escuchar las Amati fue similar a mi primera experiencia con cajas acústicas electrostáticas, pero con una diferencia: esta vez la experiencia no vino seguida por el sonido distintivo de lo que realmente estaba moviendo el aire, o la "fantasmal" sensación de transparencia en el sentido literal del término.
Escuchando las Amati aprendí que "rápido" no tiene que significar "fuerte", así como "lento" no es lo mismo que "suave". Las Amati eran rápidas como el rayo. Esto se tradujo no en transitorios vigorosos o gestos grandiosos destinados a desconcertar al oyente sino en ataques microdinámicos sutiles y explosivos que consiguieron que esas diminutas y casi siempre ocultas graduaciones del sonido escondidas en la base de la escala de decibelios subiesen repentinamente a la superficie para hacer su presencia tan obvia que me sorprendió no haberlas percibido anteriormente. Esto mismo lo percibí a través de los tweeters de otras pantallas que tuve la oportunidad de probar (como por ejemplo las Alón Circes), pero nunca de un modo tan convincente desde la octava inferior a la superior.
Si quieren que les sea sincero, estoy verdaderamente harto de la canción "Guantanamera". "Yo no soy un hombre sincero". Aún así, saqué de mi estantería el "Reunion at Carnegie Hall, 1963" de los propios Weavers (Analogue Productions APF005) para obtener una impresión inmediata de las habilidades de las Amati en términos de recreación de escenas sonoras, transparencia y capacidad de focalización. Lo cierto es que esta vez me sentí sorprendido y cautivado por la hiperfamiliar interpretación de Pete Seeger, que sonó mucho más viva, tanto física como emocionalmente, de lo que yo podía recordar. Las Amati revelaron unas extremadamente diminutas modulaciones de volumen muy diminutas, sutilísimos matices de amplitud que hasta entonces jamás había podido escuchar.
Lo que acabo de decir podría sonar como algo insignificante, pero no os engañéis: dado que las Amati hicieron todo esto igual de bien desde la octava más baja hasta la más alta, el efecto inmediato fue la creación de la imagen acústica más seductoramente fluida, vítal, sutil y creíble que jamás haya oído a partir de una caja acústica, tanto con el LP de los Weavers como con cualquier otro disco de vinilo o CD escuchado.
Las Amati resultaron igualmente satisfactorias en el extremo superior de la escala dinámica. Eran capaces de retratar todas las graduaciones presentes en dicha escala partiendo de un nivel de volumen relativo muy bajo, lo que significa que no necesitaban funcionar a niveles de volumen muy altos para sonar con vitalidad. De hecho, transpiraban música con facilidad tanto a niveles de volumen niveles bajos como altos. En ningún momento sonaron obstruidas ni enjauladas con el nivel de volumen bajo ni "estrujadas" o comprimidas cuando el nivel de volumen era alto.
¿Podrían las Amati con la música rock? Sí. Puse el "London Calling" de The Clash (con prensado de origen británico) y la canción del mismo nombre adquirió de inmediato la intensidad y el impacto que se necesitan para comunicar su significado. El bajo de Paul Simonon era profundo, focalizado y convincente tanto a nivel tonal como de textura. Nunca sobrecargaba la habitación ni tampoco sonaba como si un bajo "de una sola nota" procediera de las pantallas. El bajo del tema "Jimmy Jazz", que es de los que penetran profundamente, no se veía afectado en ningún momento por excesos de ninguna clase; de hecho, era lo más claro y esbelto que jamás había oído, hasta el punto de que el ruido distante del gentío tras el cuerpo principal de la canción se ubicaba en un estrato diferente claramente audible a lo largo de la misma. ¿Percibí un mayor impacto del bajo en esta melodía? Sí, pero no una mayor resolución, autoridad tonal o sutileza de los dedos al acariciar las cuerdas del bajo eléctrico. Efectivamente, las Amati podían con la música rock y hacerlo a unos niveles de volumen tan altos como quisieran sin sensación aparente de esfuerzo.
Podría evaluar las prestaciones de las Amati desde la octava inferior hasta la superior, ensalzar sus virtudes sonoras una a una y seguir hablando sobre su habilidad para desprender a raudales riqueza armónica y resolver los finos niveles de detalle interno de cada composición musical. Pero lo que es realmente especial de esta caja acústica es su inequívoco toque de distinción y su equilibrio tonal, espacial, dinámico y, lo que es más importante, emocional sin igual. Por supuesto, estas son cosas que usted no puede medir.
Invité al propietario de mi tienda de vinos local, para una audición. Es un entusiasta de la música clásica y he estado invitándole durante los tres últimos años. Esta vez insistí. Pidió escuchar el Concierto para Violín en Mi Menor de Mendelssohn y le puse la grabación de Heifetz/Munch/BSO (RCA LSC-2314). Cuando Heifetz llegaba a los registros más altos, mi amigo gemía de placer hasta el punto de que apuntó involuntariamente al lugar en el que en teoría "estaba" el violinista.
La reproducción de las cuerdas proporcionada por las Amati era precisamente exquisita: punzante pero en ningún caso dura o estidente incluso en las grabaciones más reveladoras.
Sabía lo que mi amigo estaba sintiendo. Yo me había estado quedando cada día hasta las dos o tres de la madrugada, desde que las Sonus Faber llegaron a mi casa, haciendo lo mismo: señalando con el dedo en el aire y haciendo ruidos. Sentados ante ellas, incluso los oyentes más experimentados son confrontados a una presentación sonora casi sobrecogedora, no de impresionabilidad física o fuerza bruta (he oído cajas acústicas con más "pegada", impacto y visceralidad, pero no con una capacidad de comunicación emocional tan pura y sobrecogedora). Esta pantalla "canta", en el mejor sentido de la palabra cuando se aplica a un componente de audio.
Usted puede tener sus propias cajas acústicas "analíticas" y coloreadas de tipo monitor de estudio (no necesito citar nombres). Las Amati transmitían el significado de la música la intensa y siempre espiritual verdad de la música, de cualquier música- con mayor claridad que cualquier otra pantalla que jamás haya escuchado. Si lo que digo suena como una exageración de charlatán, pues que así sea.
Si necesita una descripción más prosaica del sonido de las Sonus Faber, le diré que el balance tonal de las Amati es muy rico: sutil, etéreo, exuberante y particularmente puro en la parte alta del espectro; cálido y con una elevada resolución en la zona media; brillante, compacto y libre de las influencias del recinto acústico en la gama media/baja; y delicado aunque con cuerpo y agilidad en el extremo grave. Las Amati combinan el cuerpo en los graves que caracteriza a las cajas acústicas de grandes dimensiones con la habilidad en la restitución de las frecuencias bajas propia de las de tipo compacto.
La integración de los diferentes transductores utilizados ha sido magistralmente lograda no sólo en términos de respuesta en frecuencia sino también de dinámica y de textura, hasta el punto de que las Sonus Faber presentaban una excepcional sensación de "unicidad", de homogeneidad en todos sus componentes constitutivos (altavoces, recinto acústico, filtro divisor de frecuencias). Independientemente de lo que demuestren las mediciones llevadas a cabo por John Atkinson, mis pruebas de audición dejaron muy claro que estaba delante de un sistema coherente, soberbiamente combinado y con una coloración muy baja.
Las Amati proyectaron un sonido exuberante y bien estructurado, presentando una escena acústica amplia y profunda con unos límites espaciales claramente definidos en las tres dimensiones. Probablemente, en una sala más amplia la escena sonora se desarrollaría todavía más que en mi propia sala, pero los resultados que obtuve estaban impresionantemente bien proporcionados, al igual que las imágenes en el interior de aquélla. Estas imponentes cajas acústicas se comportaron realmente bien en mi pequeña sala de audición, no revelando nunca su posición ni siquiera en la ubicación de escucha en la que me vi forzado a escucharlas.
He leído artículos que quitan importancia a la escena y a la imagen sonora por ser "vicios" propios de los fanáticos de la Alta Fidelidad" y que por tanto están desconectados de la experiencia musical real. ¿De verdad? La otra noche estaba yo en la fila 24 de la sección de orquesta del Avery Fisher Hall escuchando y viendo a la Filarmónica de Nueva York interpretando un Concierto para Violoncelo de Saint-Saëns y Los Planetas de Holst. Créanme: podía oir/ver todas las secciones de la orquesta y por tanto podía distinguir perfectamente de qué posición venía el solo de trompa, así como la situación de los demás solistas. Como destacó más tarde el nada audiófilo amigo que me había invitado al concierto: "Lo que en casa no puedes obtener es la posición exacta de todos los instrumentos". Por supuesto que se puede. Las Amati lo hacen, al igual que otras muchas otras pantallas acústicas de muy alta calidad. Pero lo que las Sonus Faber conseguían materializar especialmente bien (con buenas grabaciones) además de esto era el convincente equilibrio entre la posición, la capacidad de focalización individual de cada instrumento sin realces excesivos y la presentación de toda la orquesta en el contexto espacial de la sala. Resumiendo, el equilibrio que pude percibir en el Avery Fisher Hall.
¿Fallos?
Encontrar fallos a las Amati no es tarea fácil. Sus ataques en la zona del extremo grave eran, quizás, ligeramente suaves pero eso podría ser debido a la configuración de mi sala. Y el carácter ligerísimamente apagado, casi imperceptible, de la zona media/baja fue definitivamente debido a mi sala. Pensé que había percibido cierta pérdida de vitalidad en el extremo agudo, pero cuando puse discos realmente comprometidos, las Sonus Faber consiguieron que mis oídos sangraran, sin duda una buena señal.
Realmente, estoy intentando encontrar fallos a esta caja acústica. Una caja acústica que cautivó mi corazón con su precisión armónica y su bajo nivel de coloración, su dinámica sin límites, su distorsión ultrabaja, su coherencia espacial y su extraordinaria habilidad para comunicar el contenido y significado emocional de la música con una vitalidad y claridad que, en mi opinión, no tiene rival. Si las Amati tienen fallos o puntos débiles, yo no los he podido encontrar. No he escuchado todas y cada una de las cajas acústicas electrodinámicas del mundo, ni siquiera la mayoría de ellas, pero puedo afirmar sin el menor atisbo de duda que las Amati es la mejor de ellas o, por lo menos, uno de las mejores.
Conclusión
El objetivo de Franco Serblin era crear una caja acústica de gama completa que fuese rápida, detallada y dinámica y no sufriera compresión en ninguna parte de la banda audible. Con las Amati Homage consiguió todo esto y mucho más. Independientemente de cuánta ciencia empleemos en el diseño de pantallas acústicas, éste seguirá siendo, al igual que la fabricación de instrumentos musicales, un arte. No hay ninguna receta infalible para diseñar con éxito una caja acústica pero Serblin es uno de nuestros mejores artesanos. En una trayectoria profesional plagada de grandes éxitos, las Amati son, con mucho, el mayor de ellos. El amor puede ser ciego, pero no por ello hay que actuar siempre con precaución. Mi consejo es que vaya a escuchar estas pantallas. Elevarán su espíritu con su belleza física y la gracia de su sonido. Siento que cuesten tanto pero las Amati son de esas cajas acústicas caras cuya calidad y prestaciones valen realmente cada peseta que cuestan. De hecho por 3.300.000.- pts* están probablemente infravaloradas.
* El PVP Rec en España es de 2.600.000.- pts I.I. (par). El precio indicado en el artículo es en Estados Unidos a falta de impuestos.