Marantz HD-CD1 a prueba

19 de Septiembre de 2016 Sarte

Una fusión perfecta de musicalidad y diseño 

Con un autor espiritual tan carismático como Ken Ishiwata, la renovada Serie MusicLink de Marantz acaba de completarse con una fuente digital a la altura de sus ambiciones y que ofrece sonido y diseño al mejor precio: el HD-CD1.

Una componente estética poderosamente seductora no impide a este reproductor de discos compactos albergar en su interior un magnífico compendio de las recetas tecnológicas que han permitido a Marantz marcar diferencias con su célebre “Porque la música importa”. Independientemente de si se combina con componentes de la gama a la que pertenece –que en principio es lo lógico- como con electrónicas de otras marcas, el HD-CD1 es un producto que consigue un equilibrio brillante entre forma, función y precio.

 

¿El lector “lifestyle” con mejor relación calidad/precio del mundo?

Si rebobinamos un poco, recordaremos que la nueva gama MusicLink empezó a perfilarse con la salida al mercado, en el año 2014, del amplificador de auriculares con DAC incorporado HD-DAC1, aunque en ese momento no se mencionó para nada el nombre de una serie que hizo furor en los años 90’ del siglo pasado. Fue con motivo de la comercialización del amplificador integrado con funcionalidad DAC incluida HD-AMP1, a principios de este año, cuando Marantz volvió a hablar de la Serie MusicLink y de la implicación personal de Ken Ishiwata en la misma.

Se trata esta última de una observación nada banal, puesto que constituye una firme garantía de excelencia en términos de sonido, ya que ello significa que, al igual que sus compañeros de gama, el nuevo MusicLink, de nombre HD-CD1, alberga en su interior algunas de las soluciones técnicas que han cimentado el prestigio de Marantz entre audiófilos y melómanos de todo el mundo. No en vano, el objetivo que hay detrás de la mencionada serie es, y citamos palabras textuales de Marantz, “Llevar al oyente toda la emoción y todos los detalles musicales contenidos en el sonido original del estudio junto a una apariencia elegante y un toque lujoso.”

Con las anteriores premisas, no nos extraña en absoluto que el HD-CD1 sea un producto bellísimo, extremadamente deseable, que además condensa lo mejor de Marantz en materia de lectura de discos compactos. Además, sus creadores insisten en recordar que combina más de 30 años de experiencia en la reproducción de discos compactos con los últimos desarrollos en tecnología digital de audio, a la vez que se puede utilizar como mecánica de transporte CD en equipos de los que también forme parte el antes citado HD-AMP1. Sobra decir que en el HD-CD1 se utilizan componentes seleccionados en todo el trayecto recorrido por la señal de audio, mientras que la mecánica de transporte empleada es un diseño de carga central capaz de reproducir tanto discos compactos estándar como archivos MP3, WMA y AAC grabados en CD-R/RW.

En el ámbito estético, hay que destacar el panel frontal de aluminio sólido, un chasis de doble capa para maximizar el aislamiento frente a vibraciones, y los inconfundibles –y elegantísimos- paneles laterales de madera de estilo retro. Volviendo a la parte electrónica, hay que destacar que en el HD-CD1 se utilizan los celebrados módulos HDAM de Marantz -HDAM-SA2 para ser exactos- para maximizar la gama dinámica y la extensión de la respuesta en frecuencia, así como para minimizar la distorsión. Más aún, la tecnología HDAM también se usa en la sección de auriculares, que no sólo incluye su propio amplificador dedicado, sino que se completa con tres ajustes de ganancia –baja, media y alta- con el fin de garantizar la plena compatibilidad con auriculares “difíciles”, es decir, aquellos con impedancia superior a 300 ohmios.

Por su parte, la sección de conversión D/A está basada en el reputado “chip” CS4398 de Cirrus Logic, un diseño de 24 bits/192 kHz bien conocido por su musicalidad que se puede encontrar en muchas fuentes digitales de altos vuelos. A ello hay que añadir un reloj maestro basado en cristal de cuarzo, concebido para minimizar el ruido de fase, y un condensador de baja impedancia, diseñado también para minimizar el ruido. Todo ello con el fin de garantizar que los datos digitales sean convertidos en un sonido lo más rico, dinámico y transparente posible.
Es importante insistir en el esfuerzo realizado por los diseñadores del HD-CD1 para reducir el ruido, sin duda uno de los enemigos declarados del sonido con mayúsculas. Por este motivo, en el interior del aparato encontramos una fuente de alimentación de alta corriente con condensadores de almacenamiento de gran capacidad y diodos de barrera Shottky para asegurar la perfecta reproducción de los contrastes dinámicos de todo tipo contenidos en la música. En lo que respecta a la conectividad, se dispone de una dotación clásica: así, además de las preceptivas salidas analógicas de alta calidad, que le permiten ser utilizado con cualquier amplificador, el HD-CD1 incluye salidas digitales en los formatos coaxial y óptico, lo que significa que, como señalábamos anteriormente, puede ser utilizado como mecánica de transporte CD para ser conectado directamente a la entrada digital del HD-AMP1 y aprovecharse del “chip” de conversión D/A ESS Sabre de este último. En definitiva, se podría decir que el HD-CD1 no aporta ninguna novedad especial, más que nada porque se aprovecha de la experiencia de Marantz para trasladar soluciones técnicas muy efectivas al formato MusicLink y completar de este modo la cuadratura de un “círculo” que vio la luz hace casi tres años.

 

Un sonido inequívocamente Marantz

Por lógica, evaluamos el HD-CD1 en compañía de su amplificador integrado a juego, es decir el HD-AMP1, a su vez lo suficientemente potente para gobernar con autoridad una pareja de cajas acústicas Sonus Faber Principia 5. Todo ello cableado con Van en Hul, modelo digital incluido para probar el HD-CD1 como mecánica de transporte.

Con apenas un par de piezas bien conocidas escuchadas a conciencia, salta a la vista que se han conseguido unos resultados inapelables actuando inteligentemente sobre la mecánica y equipando la sección electrónica con un cóctel bien afinado de soluciones genuinamente Marantz (sobre todo los módulos HDAM y el diseño de la fuente de alimentación, pero también el reloj de sincronismo). Y es que con el HD-CD1, la simple percepción de los agudos de cualquier instrumento “difícil”, caso del violín o el clavicémbalo, desvela de inmediato que estamos ante un producto esencialmente musical. El Marantz borda la restitución de las frecuencias altas, a la vez que descarga de estrés la crítica gama media, con lo que se obtiene una sensación de relajada fluidez en el sonido que no puede sino contribuir a mejorar la sensación de espacio, de presencia. Todo ello se complementa con unos graves que poseen un marcado carácter “analógico” gracias a la estructura suspendida de la mecánica de transporte y, por supuesto, al dominio que los ingenieros de la marca nipona tienen del CS4398, un convertidor D/A presente en varios de sus diseños. Por su parte, la presentación espacial del sonido y la dinámica se pueden comparar perfectamente con las de los lectores más elaborados de Marantz, gracias al trabajo realizado sobre la fuente de alimentación, mientras que la sección de auriculares nos parece fantástica (casi comparable a la del HD-DAC1).
Ya puestos, a continuación decidimos, más que nada porque el fabricante lo recomienda cuando el HD-CD1 tiene al HD-AMP1 como amplificador asociado, utilizar el primero como mecánica de transporte para aprovechar el potencial del DAC del segundo, técnicamente superior. El resultado, interesante por cuanto se consigue mejorar  perceptiblemente la calidez de las zonas media y alta y “abrir” un poco más la escena sonora, por lo que vale la pena, aunque también sirve para corroborar que el HD-CD1 como lector independiente está más que bien resuelto. La verdad es que estamos ante una fuente digital perfecta para audiófilos que aman la belleza estética y las dimensiones compactas o para consumidores exigentes que buscan calidad a todos los niveles –pero con predominio del diseño- por un precio razonable.

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